‘Baby driver’: el musical de acción

‘Baby driver’: el musical de acción

La Gualdra 305 / Cine

A lo largo de toda su carrera, el director británico Edgar Wright ha revitalizado diferentes géneros clásicos en el cine, los cuales, con las dosis correctas de humor, sátira y un estilo visual único, le han hecho acreedor de un lugar privilegiado en la industria cinematográfica actual.

Dichos acercamientos van desde el cine de zombies (Shaun of the dead), de acción (Hot fuzz), hasta de ciencia ficción (The world’s end) pasando por las películas de súper héroes o adaptaciones de novela gráfica (Scott Pilgrim vs. The world).

Con Baby driver, su más reciente cinta, Wright abandona la sátira y evita los pastiches para hacer un profunda homenaje al cine heist de atracos y persecuciones de la década de los 70’s.

Baby (Ansel Engort) es un conductor que se encarga de llevar a delincuentes y ladrones, quienes realizan grandes robos en bancos y sitios públicos, para posteriormente salir de ahí gracias a las habilidades de Baby tras el volante. Dichos robos son organizados por Doc (Kevin Spacey) un magnate corrupto a quien Baby debe dinero, razón por la cual accede a conducir en cada atraco, en un intento por saldar dicha deuda.

En el momento de la acción, Baby sólo necesita escuchar la canción adecuada para dejarse llevar por ella en una especie de trance al conducir y así lograr perder a cada patrulla de policía.

Baby padece tinnitus, una enfermedad que le crea un zumbido en el oído como resultado de un accidente automovilístico en su infancia, razón por la cual, al tratar de disminuirlo, escucha música prácticamente todo el tiempo.

Dicha afición por la música después la comparte con Debora (Lilly James), la mesera del café a donde Baby suele ir, y al enamorarse de ella, la principal razón por la que desea abandonar la vida criminal.

A través de los ojos y oídos del protagonista, Wright arma un interesante experimento audiovisual en el que, al celebrar los principios más básicos del sonido en relación con la imagen, de modo enérgico le da ritmo y forma a cada fotograma que aparece en pantalla.

Como una especie de videoclip musical de larga duración, cada corte y encuadre funciona al servicio del ritmo y la melodía en cuestión, y que dan como resultado originales y muy creativas secuencias de persecución, que fluyen casi como si se tratara de un musical de acción.

Con una selección musical que incluye a Beck, Barry White, Simon & Garnfunkel, The Beach Boys, T. Rex, Queen y Run The Jewels (por mencionar algunos) Wright demuestra, al igual que directores de su generación como Quentin Tarantino o Wes Anderson, que tiene un amplio bagaje musical y cinematográfico, y que se refuerza por las referencias visuales y el estilo retro que maneja en esta cinta.

Los personajes secundarios son arquetípicos del mismo género (la femme fatale, el mentor, los asesinos implacables), y por parte de la pareja protagonista constantemente se menciona el idealizado de una vida en la carretera, sin ataduras y sin detenerse.

Como resultado, Baby es un personaje carismático y noble con mucha corazón sin necesidad de pronunciar demasiadas palabras, y es dicha dimensión en su protagonista la que al final diferencia a Baby driver de otras películas de automóviles y persecuciones actuales.

Al final resulta casi paradójico pensar que tal vez la película más original del año descansa dentro de uno de los géneros más rentables y desgastados actualmente, pero que nunca se había llevado a cabo de una manera tan creativa y estimulante.

 

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