Venezuela y la (in)congruencia de cierta izquierda

Venezuela y la (in)congruencia de cierta izquierda

Empezaron de buena fe, sin duda. ¿Cómo cerrar los ojos ante los horrores del capitalismo y ante los desastres del imperialismo en Asia, y África y nuestra América? Experimentaron un impulso generoso de indignación ante el mal y de solidaridad con las víctimas. Pero insensiblemente, de compromiso en compromiso, se vieron envueltos en una malla de mentiras, falsedades, engaños y perjurios hasta que perdieron el alma. Se volvieron, literalmente, unos desalmados.
Octavio Paz. El ogro filantrópico.

Más allá de coincidencias ideológicas, los derechos humanos se expresan como principios máximos de la dignidad humana, cuya violación no se justifica bajo ningún discurso, argumento ni política. No cabe, para justificar su atropello, conceptos como los de soberanía, autonomía de los pueblos ni mucho menos los que apuntan a la pragmática visión de justificar los medios por la importancia o bondad del fin.  No es poco común que todo esto se olvide e ignore; el siglo no ha podido ver aún el consenso en tales conceptos, no hay excepciones, los derechos de los “otros” (sean éstos, extranjeros, migrantes, opositores o adversarios) son de difícil digestión política.

Venezuela es uno de los  más tristes ejemplos palpables en el contexto. No solo es lamentable el proceso de degeneración de la que fue una de las democracias referentes del subcontinente, es preocupante el nivel de cinismo y desvergonzada actitud de sus liderazgos oficiales, frente a la constante violación de los derechos civiles y políticos, pasando por los sociales y humanos que dice aquél régimen buscar.

Hay diferencias abismales entre aquél caso y México, vale la pena recalcar; pero aun cuando los casos pudieran en un abuso del maximalismo (perdóneseme la redundancia) compararse, no hay justificación para el silencio, al contrario: es evidentemente incongruente legitimar con la ausencia de crítica lo que sucede allá, para exagerar la demanda aquí.

Una parte de la izquierda mexicana, la que goza de la auto denominación, y se reserva el derecho de admisión, la que sin importar las ideas, bautiza con tal adjetivo a razón de filias, fobias y mesianismos, ha decidido callar ante los abusos y arbitrariedades en aquel país hermano. La solidaridad no basta para acallar la responsabilidad histórica, se despierta y cuela la sospecha de la simpatía y coincidencia, (aunque en ello  se les pueda ofender, pues el derecho a la duda razonable, también lo han expropiado).

Tristemente no es sorprendente; no es tampoco la primera vez, que en aras de la unidad frente a un monstruo (cada vez más difícil de identificar), nuestros amigos a la zurda se auto silencian, cuando no se esfuerzan por encontrar argumentos a favor de barbaries de las que ellos mismos han sido víctimas en otras latitudes y tiempos. Para volver al pasado basta con retornar a las historias de la extinta URSS o el ídolo ausente, Fidel Castro. Con ese objetivo, el de vencer al “imperialismo gringo”, se solapó, justificó y hasta defendió oficiosamente, episodios de terror, las purgas y la desaparición de opositores políticos, respectivamente. Fueron capítulos que solo en la enfermedad del fanatismo y un pragmatismo vergonzante, pudieron ser ignoradas o justificadas.

Cada que la izquierda renuncia a su libertad y práctica de la autocrítica se mutila ideológicamente, se contradice históricamente y pierde legitimidad para la demanda y protesta; aun cuando es cierto que no se requiere “calidad moral” para reclamar nada, sí se hace exigible para la credibilidad y liderazgo legítimo (ésa palabra que tanto uso le han dado recientemente).

Para no omitir casos: las mismas razones que esgrimen para que el caso venezolano no sea dirimido en instancias internacionales, tendrían valor para impedir la intervención de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en México, o la participación del Grupo interdisciplinario de Expertos Independientes,  en el caso Ayotzinapa ¿por qué cuando la  Organización de Estados Americanos (OEA) se pronuncia sobre Venezuela es imperialista y cuando interviene en una investigación al Estado mexicano es justicia?

También es preocupante que esta parte de la izquierda se oculte de la responsabilidad de pronunciarse en un mundo tan globalizado como el nuestro, bajo el cobijo de la “no intervención”, cuya justificación se encuentra anclada a otra época, a otra interpretación del derecho internacional y a una realidad más diferente aun que distante.  Este dichoso principio que nos mantuvo al margen de las decisiones internacionales fue bastante rentable también para evitar que hubiera pronunciamientos contra los abusos del régimen posrevolucionario.

Para el caso venezolano, como para cualquier otro en el que se pongan en riesgo los derechos fundamentales y la dignidad humana, no basta ni puede anteponerse el principio de autodeterminación de los pueblos, ni ningún otro que pretenda utilizar la soberanía que le corresponde al pueblo, para atropellarlo, aun cuando sea a una minoría del mismo.

 

@CarlosETorres_

www.deliberemos.blogspot.mx

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