Venezuela, ¿entre la espada y la pared?

Venezuela, ¿entre la espada y la pared?

De nuevo, como parece será por más tiempo, la actual dinámica política, económica y cultural, seguirá, no digo continuará, porque a lo mejor hay procesos que no continúan, ni dinámicas, igual. Al contrario, tal vez la novedad sea llegar a presenciar de nuevo hasta verdaderas atrocidades, en contextos que tienen hoy prendida con alfileres una paz pública y cultural, antes más consistente a los embates políticos y culturales, que no sólo económicos. Los cuales, por ejemplo, son más que evidentes en Venezuela, en este momento, pero con procesos sociales, algunos que parecieran latentes, mientras otros, sus actores, miran, convocan y casi claman, porque sea del extranjero donde se cocinen soluciones para ese país y de fuera les lleguen a resolver problemas que son más bien nacionales, aunque la nación Venezuela y su sociedad, estén surcadas por fuertes divisiones, lo mismo clasistas que estamentarias y tan problematizadas por una básica hiperactividad clasista, o bien, por la debilidad de ella, de sectores o facciones, etc. que el resultado de su dinámica y problemática articulación, parece ser, a corto plazo, no hacer avanzar al país hacia un incremento en las posibilidades de salir adelante como totalidad social,  sino, lo que a la vez se incrementan, son posibles salidas de o para estamentos, incluso, organizaciones, pero no clases, con su globalidad, de segmentos y contradicciones, aunque no sean evidentes en todos ellos, etc.

¿Cómo va la situación en Venezuela, cómo ha devenido, a dónde va como país y qué país es el que va? Quien lo imaginara, de ser un destacado proveedor energético, de petróleo para consumo del imperio, a verse hoy, por eso mismo, en riesgo como país al que algunos quisieran ya fuera moldeado por el mismo Trump.

Con todo, internamente, allá, se ha generado una corriente política con una tendencia a abandonar la política para modular y gobernar al país con acciones que parecen más bien de terror y la gravedad de eso es obvia, como lo señala, Alfredo Serrano Mancilla, “una minoría opositora venezolana ha  decidido definitivamente abandonar la vía política. El Objetivo es interrumpir la vida democrática del país sin importar el costo, ni económico, ni humano. Matan, queman, golpean, saquean. La violencia llevada a su máxima expresión para que la cotidianidad deje de existir.”

¿Cuál es el costo de hacer eso, lo “injustificable”?  Pues esa no es la forma de corregir lo que quieran corregir al Gobierno, sobre todo, cuando se está en situación de minoría y si se quiere crecer en poder e influencia política estatal, gubernamental, los cauces están inscritos y escritos como democracia, por supuesto, una que es perfectible y con capacidad de acotar, contener y corregir al gobierno actual y si así se hace, todos avanzarán en la solución de problemas y en algo fundamental para darle continuidad o poder hasta cambiar a los mismos gobernantes y se llama democracia.

Los errores que haya podido cometer o cometa el gobierno de Maduro o las discrepancias que muchos puedan tener con tal o cual decisión política gubernamental, no pueden servir como excusas para que las acciones violentas se impongan como praxis diaria por parte de un grupo minoritario de opositores en Venezuela, cuya movilización más parece vandalismo. No hay razón pues ni para asesinar, ni apalear, ni perseguir o insultar a quién opina diferente. Eso diluye la democracia que dicen perseguir y si eso es lo que está ocurriendo en Venezuela por parte de, según allá mismo, un minúsculo grupo opositor, el que, en nombre de la democracia y la libertad, paradójicamente, está instaurando un régimen de pánico.

En la democracia, por supuesto, cabe la discusión política y la confrontación de ideas. En ella se debe poder discrepar absolutamente de todo. Pero de ninguna manera nadie está habilitado para salir a la calle e infundir terror en la ciudadanía con una actuación a la que se quiere, sea política. Allá hay miedo, pero no es por culpa del gobierno o no sólo. Pues en 18 años de chavismo seguramente habrá habido traspiés, pero, como dicen allá, nunca jamás había existido una sensación de que te pueden apalear en cualquier esquina. Esta es una responsabilidad absoluta con la que se tiene que cargar y resolver eso que cada vez más parece ser un brote fascista, el que parece, ha llegado ¿con la intención de quedarse? Que el gobierno haya podido cometer errores, nadie lo niega. Pero una cosa es poder equivocarse en la política y enmendar la plana y corregir los errores, otra bien diferente es dedicarse únicamente a permanecer más de 90 días con la intención de desestabilizar a través de muertes y más muertes (que ya van por 84).

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