Editorial gualdreño 303

Editorial gualdreño 303
La Gualdra 303: [Fotos de Alejandra Celis Almanza. Festival Zacatecas de Folclor Internacional 2017]. El Festival Zacatecas de Folclor Internacional Gustavo Vaquera Contreras 2017, que por primera vez estuvo bajo la coordinación del Instituto Zacatecano de Cultura Ramón López Velarde, concluyó ayer después de una semana de actividades. Un cambio necesario: con gran acierto fueron incluidos además de las danzas y bailes tradicionales, espectáculos musicales, muestras gastronómicas y artesanales.

Apenas iniciaba mis vacaciones gualdreñas, hace un par de semanas, cuando decidí salir alrededor del mediodía a la calle porque en el Portal de Rosales estaba la Feria del Libro de Verano; bajé y justo cuando iniciaba mi recorrido, se escuchó a lo lejos el grito de “agárrenlo, agárrenlo”. A unos cuantos metros vimos cómo se acercaba un grupo de personas corriendo, perseguían a alguien pero en la confusión, no atinábamos a saber cuál de todos los que corrían era el perseguido ni por qué. Algunos de los que estaban cerca de mí se replegaron a la pared por seguridad, supongo, y es que en estos tiempos no se puede jugar a ser el héroe, no sabe uno con quién se topa ni qué trae en las manos para atacar o defenderse. Eso pensé mientras veía que frente a mí, unas cuatro personas salieron de la nada a cerrarle al paso –a quien fuera que estaba huyendo-, y de pronto, un hombre joven con una facilidad que todavía no alcanzo a comprender, atrapó al perseguido que no tuvo más remedio que rendirse, pues el transeúnte lo derribó y los otros, cercanos, le ayudaron a detenerlo. “Asaltó a unas personas”, dijo alguien que por teléfono llamaba a la policía; en cosa de segundos llegó y en ese momento el que lo tenía retenido lo soltó, no había expresión alguna en su rostro, no hizo ningún comentario, simplemente se sacudió la ropa y siguió su camino sin voltear atrás. Entre la multitud se perdió aquel hombre que ayudó a detener al ladrón, mientras, el encargado del puesto de libros viejos, que también lo observaba como yo, dijo: “Se fue nada más, yo le iba a regalar un libro”. Al ladrón lo arrestaron y se lo llevaron los policías, era muy joven, no creo que alcanzara siquiera los 20 años.

Justo en esos días, otro grupo de jóvenes artistas, el Colectivo Tomate, estaba en Zacatecas para trabajar en el proyecto Ciudad Mural, apoyado por la Fundación Comex y que tenía como objetivo convocar a la ciudadanía y a artistas locales para la realización de murales en una colonia con el fin de transformar mediante este proyecto artístico el entorno cotidiano. El Barrio de Tlacuitlapan se vistió de color, la gente del barrio se unió y logró la transformación de su comunidad: jóvenes, niños y adultos participaron bajo la guía de este colectivo y hoy tenemos un espacio diferente, bellamente intervenido, en el corazón de Zacatecas. Hay que visitarlo si no lo ha hecho aún y seguir fomentando este tipo de iniciativas; actualmente existen otros proyectos similares en diferentes colonias de la ciudad, vale la pena que les demos seguimiento y el apoyo que esté en nuestras manos; finalmente, son esfuerzos necesarios que están tratando de contribuir de alguna forma a que los jóvenes tengan una opción diferente de vivir en comunidad y de mejorar su entorno. Vengan de donde vengan este tipo de proyectos, e independientemente de quiénes los encabecen son bienvenidos porque están sembrando serenidad. Y la serenidad la necesitamos todos.

Recordará usted que hace unos meses le hablé de un niño que trabajaba en la calle toda la tarde, que llegaba ya muy noche a su casa  a descansar unas pocas horas, que luego llegaba a la escuela y se quedaba dormido en clase porque dormía muy poco. Lo encontré hace unos días después de tiempo de no verlo; su semblante no era el mismo, no era el del niño alegre de ojos brillantes que solía ser. Serio, me tendió la mano y apenas alcanzó a sonreír. Le pregunté que si estaba de vacaciones y me contó que había abandonado la escuela, que el estudio no era para él, que ahora se dedicaba a “otras cosas”, me lo dijo de una manera tan contundente que no quise preguntarle a qué –me replegué en mi propia pared, como los que así lo hicieron mientras veían la persecución del ladrón, por miedo-. Me dijo que ahora “tiraba placa con unos amigos”. Nos despedimos, me volvió a dar la mano mientras yo le decía que se cuidara, “Ya qué”, me dijo y se fue. En algún momento perdió la esperanza, extravió la serenidad en las calles el que fuera un niño que tenía la ilusión de dormir tranquilo por las noches, como sus compañeros de clase, para no quedarse dormido.

¿Esfuerzos como los de Colectivo Tomate, o los de los centros comunitarios independientes como el de Oasis Urbano serán la solución para que estos chavos no pierdan el rumbo? No lo sé, pero me aferro a la idea de que por lo menos tenemos que intentarlo.

Que disfrute su lectura.

 

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