Las huelgas de 2010 a 2017, según Alfonso Navarrete Prida

Las huelgas de 2010 a 2017, según Alfonso Navarrete Prida

No son los excesos lo que falla del neoliberalismo, es su propia naturaleza, en la que de modo inherente van los excesos y los desequilibrios: Josefina Morales

Como se sabe, las huelgas exhiben el grado de inconformidad de los trabajadores de un país, ante la deplorable situación socio-laboral y la desigual distribución del ingreso nacional, y se acepta en general por el mundo como una vía legal para la solución de esos problemas. Como ocurrió por la crisis del 29 y el apoyo a los sindicatos por el cardenismo.

La huelga es un derecho indivisible de la contratación colectiva del trabajo (CCT) y de la organización sindical, afirma Mario de La Cueva, pues no se puede separar uno de los otros derechos, ya que se afecta al conjunto en su función básica: “armonizar los derechos del trabajo con los del capital”. Buscan el mismo fin, por vías complementarias.

El titular de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) afirma que: “se ha llegado al periodo más largo en la historia sin huelgas”. “Esto se ha dado como nunca, en un sistema de diálogo social”. “Ello da cuenta de la paz laboral que se vive”. Y ofrece los siguientes datos:

Según la STPS, los emplazamientos a huelga en México van a la baja y casi desaparecen. ¿Qué nos revela esa información? Sencillamente la enorme conformidad y complacencia de los sindicatos con la política empresarial y oficial, les basta la firma de un convenio obrero-patronal. De seguir así, la huelga desaparecerá, parece cierta la afirmación y lo confirma INEGI. Pero aclaremos, la conformidad es de los líderes. No de los trabajadores.

Es difícil saber cuántos trabajadores integran los sindicatos en México, la información es variada, según el TLCAN: en 1960 eran 37% los sindicados de la fuerza de trabajo; 1990 el 23% y en 2010 el 18%. Otra fuente, la Organización Internacional de Trabajo (OIT), dice que es el 10% de la Población Económicamente Activa (PEA) en 2010, de 56 millones, son 5 millones 600 mil. Pero no confundamos los datos, pues una cosa es la caída de la tasa de sindicalización internacional en la era neoliberal desde los años 80, y otra distinta es la caída en México.

La cuestión de fondo es: ¿qué tipo de sindicatos hay en México? La mayoría son de simulación -ni siquiera los afiliados saben que lo están-, ni que existe un CCT ni estatutos. Es un sindicalismo de apariencia, con registro en las Juntas, oculto a los trabajadores.

En México, el sindicalismo blanco o patronal siempre existió, pero nunca como ahora. Veamos: la CTM nace en 1936 al fragor de las luchas, con un promedio de 600 huelgas al año de 1935 a 1938 y de más de 400 huelgas entre 1943 y 1944 (1). El cardenismo dio un fuerte impulso a la economía de 1940 a 1970. Luego al llegar el PRI y con Miguel Alemán de 1946 a 1952, la CTM pasó a ser sindicalismo charro u oficial. Y como vemos en la estadística de INEGI todavía entre 1995 y 1997 las huelgas eran entre 500 y 300, pero en franca caída. Ya que desde 1988, con Salinas y los siguientes sexenios, los sindicatos de la CTM se imantan de neoliberalismo empresarial y oficial, hasta a convertirse en 35 años en una central con mayoría de sindicatos blancos, ni siquiera charros.

De 1994 a 2015 crecen como nunca las empresas maquiladoras de la frontera norte primero y en el centro del país después, con sindicatos y una contratación colectiva “a la carta” para el patrón transnacional o local que, en conjunto, fueron el principal impulso industrial en los años del TLCAN: con bajísimos salarios y CCT de simulación o protección patronal. Con la participación de los líderes de la CTM, autoridades y representantes de empresas.

Otro elemento clave y contrario a la libre contratación colectiva y a la libertad sindical es la política de Estado del tope salarial, que aplican los gobiernos: ¿Qué se puede negociar con la rigidez impuesta desde arriba?: Nada. A todos los rige el mismo porcentaje, no obstante que hay mini-empresas, pequeñas, medianas, grandes y trasnacionales, cuyas economías, las últimas, son la más beneficiadas. Así, el apoyo oficial es mayor a las trasnacionales extranjeras y “nacionales”.

Y qué decir de los contratos colectivos de protección patronal (CCPP) ya denunciados en la OIT –caso 2694, México- en la ONU, la OEA y el Parlamento Europeo. Que siempre han existido, pero nunca como ahora: hoy son la mayoría. Pues la actual degradación laboral y sindical, nunca había caído tanto. La CTM de Fidel era sin duda antidemocrática y corrupta, pero defendía los contratos colectivos y la LFT, hasta 1988, que siguieron creciendo los CCT, las utilidades, IMSS e ISSSTE.

¿Qué son los CCPP? Son los que desconocen los trabajadores a los que se les aplica; se depositan ante las Juntas federales y locales con formatos de machote; las prestaciones son las mismas de  la LFT o apenas las superan en empresas grandes; impiden la bilateralidad de las partes –capital y trabajo-, lo que facilita la explotación del trabajo y, sobre todo, abaratan los costos de la mano de obra: su real finalidad.

Ahora sí podemos preguntarnos si es cierta la explicación del titular de la STPS. Cierta es su alegría a no dudar, como cierta es la tendencia a la baja del número de huelgas y de los emplazamientos. No así las causas del “diálogo social” ni la “la paz laboral”. En foros internacionales de la OIT, del Parlamento Europeo y en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, el gobierno afirma y repite que con las reformas laborales del 28 de abril de de 2016 de Enrique Peña Nieto, se van a corregir la falta de libertad sindical y libre negociación colectiva, que mejorarán los salarios y las prestaciones, etc., con dicha reforma.

Lo cierto y de fondo son la degradación del mundo laboral y la omisión  de la aplicar los derechos nacionales e internacionales. Todo para poder ejercer el control empresarial y oficial sobre los sindicatos, lo que influye en el sistema político, el régimen electoral y en el funcionamiento de la economía: sea en la tasa de ganancia y de explotación, por lo tanto, en la acumulación misma de capital. Para eso sirven los sindicatos dóciles.

Las ventajas comparativas del TLCAN de antes, hoy son desequilibrios y actos de deslealtad. Porque los excesos de desigualdad crecen y crecen: hoy vale menos el salario obrero mexicano que en 1994. Así la mano de obra nacional ya no es ventaja comparativa, es competencia abusiva y desleal, pero entre patrones. Pero claro, sin sindicatos, sin huelgas ni auténticos contratos colectivos, que es lo que ofrece México. ■

 

*Coordinador de la Asociación Nacional de Abogados Democráticos, ANAD.

(1) Guadalupe Rivera Marín: El mercado de trabajo. FCE. 1955.

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