El Pinacate

El Pinacate

La Gualdra 301 / Río de palabras

 

Para Bernardo Araujo.

Para Nacho y Fernando Betancourt

 

Lo último que vio el Pinacate fue un reflejo metálico que avanzaba hacia él a una velocidad vertiginosa. Venía muy orondo, caminando muy de las de acá. Muy tiriris. Acababa de tortease a la Güicha. ¡Ay, güey! Esta pinche nalguita me deja viendo bizcos. Me voy a acabar como los cautines… a purititas recalentadas. Me cae. Y es que la Güicha está muy bien de sus formas. Tiene mucho de dónde agarrar. Ora que nos arreglemos con las cheves y los mezcales en la feria me la voy a llevar al río. Me voy a comer un pollito con papas. ¡A huevo! Cómo de que no. El sol de abril es cabrón. Pica. Y al rayo ya anda uno todo sudado y hediondo. Con la ropa mojada. El Pinacate suspiró. Y con el pañuelo chamagoso se limpió el sudor de la frente. La merca. Debo dejar bien clavada la merca en una cantona que nadie conozca, que ni se las huelan de que ahí está. Tengo que cortarla para que rinda más. No, de que se vende, se vende… Mientras haya tantos locotes en la calle, bien arreglados, bien acá. A mí me hubiera gustado tocar sones huastecos con la jarana… Sí, a huevo. Jaranear en todos los fandangos. O el arpa… ¡Uta, sería bien chingón! Y dejar de andar haciéndole al mafioso… Lo único seguro que voy a sacar son unos putos plomazos. O que me corten los tompiates… O la cabeza… La cholla. Me cae que no. ¿Qué necesidad había? Al rato se me envenena el alma. Cómo de que no. Ya en el cotorreo todo se hace fácil, fácil de a madres. ¡A huevito que sí! Tengo que clavar la merca bien clavada. Y a la Güicha. Cómo de que no. Ya nada de besotes de tirabuzón y lengua. Y apachurrones de chichis y nalgas. Y que salga en hombros el Silverio. No, ya no. Ahora me la clavo. Suspira. Y mueve las manos dentro de las bolsas del pantalón. A la jefita le tengo que comprar el refri. Para que guarde sus gelatinas y no se le echen a perder. Y unas chanclas gabachas. ¿Yo? Con mi medallita de orégano de Malverde. Bien chingona. Grandota. Y que pese un chingo. Con eso y la bendición de la jefita me pela los dientes la jura… Y los malandros… ¡A huevo! Con la ayudadota de La Niña Blanca… La cabeza rebotó en el adoquín como cuando caen los cocos. La chompeta del Pinacate tenía los ojos y la boca bien abiertos. Cuando el cuerpo se desplomó, cayó temblando, sí, con una temblorina de viejito… ¡Qué gacho! Sip. ¡Bien gacho! ¡Re gacho!

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra-301

 

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