La UAZ: la muerte de su Democracia

La UAZ: la muerte de su Democracia

Cuando una institución pública está en crisis, y más si tiene vocación democrática, expone las rutas de solución en público y decide primero los criterios con los cuales va a operar las medidas de solución; de esta manera, al operar las decisiones no se conviertan en actos de arbitrariedad, es decir, en actos producto del arbitrio de aquel que detenta un poder. Lo cual significa que impresiones o filias o fobias determinan su decisión, y no motivos expresados en un criterio público. En la UAZ se toman decisiones sin previos criterios públicos, y la implementación de dichas decisiones está en las mismas condiciones. Se gobierna desde la oscuridad, al grado de que la ejecución de las medidas resulta una sorpresa para todo mundo. Así las cosas, la democracia se ha abandonado en la máxima casa de estudios. Es tal la decisión personalista del poder, que incluso tenemos el caso del despido de un crítico de la Rectoría por mofarse y poner apodos al Rector. Eso significa que los que dicen apodos a Peña Nieto podrían estar en prisión o desterrados. También significa que no existiría la caricatura política de los famosos Moneros, porque se burlan de los presidentes o gobernadores. O se reinstalaría el tristemente célebre 145-bis por disolución del orden social. O se prohibirían los judas de semana santa, porque no sólo hacen piñatas burlonas de los funcionarios, sino que se las queman y patean. Así, este antecedente y las formas actuales de decisión hablan de la muerte de la democracia universitaria.

En la pasada administración se planteó que harían una ‘reingeniería financiera’, lo cual significaba que se decidirían algunos criterios para eliminar gastos. Nunca se hizo. El Rector actual no ha presentado un plan de rescate para que lo decida el máximo órgano colegiado de la UAZ. Dice en un comunicado que está a favor del interés general y no de los intereses particulares, si esto es así, ¿él solo en su individualidad decide cuál es el interés general? Por definición, en el ideario republicano, para que sean consideradas decisiones representativas del interés general deben decidirse en órganos colegiados de la república. Si quiere decidir de acuerdo en el interés general, debe tomar las decisiones, al menos como producto de la deliberación del Consejo Universitario. Pero decide asuntos trascendentales sin una mínima deliberación.

Ante la inexistencia de información oficial, la rumorología florece: se dice que el rector decide de esa manera porque cumple compromisos con las autoridades federales: separar 100 profesores, jubilar a 100 jubilados sin llenar los vacíos resultantes. Es decir, eliminar el equivalente a 300 plazas. Luego vendrán los derechos contractuales más caros. Al parecer, la Rectoría ha decidido hacer el trabajo sucio del gobierno federal: trabajo sucio a costa del corazón democrático de la Universidad. Si las decisiones trascendentales son tomadas sin deliberación de los universitarios y sin la consulta a los órganos colegiados de gobierno, tiene solamente un crudo significado: en la UAZ la democracia ha muerto.

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