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El simplismo político del Frente Opositor. Agua y Aceite

El simplismo político del Frente Opositor. Agua y Aceite

En 2018, nos enfrentamos al hecho de que la derecha y la izquierda han desperdiciado medio siglo de crisis política, desde el colapso estudiantil del 68 y con todo, ahora nuevamente sacan de la chistera el frente opositor que ningún panista ni perredista va a aceptar, lo que le deja al PRI la certeza de que con 25%-30% de los votos puede mantener la presidencia en el 2018.

Pareciera que el simplismo político puede repetir la historia, pues el PAN y el PRD sólo quieren ganarle al PRI en las elecciones y en realidad carecen de una idea reformadora.

La fórmula aliancista ha resultado exitosa desde que comenzó a utilizarse en 2010. Es una coalición pragmática entre un partido de centro-derecha y otro de centro-izquierda. Un primer problema para que funcione es su programa de gobierno. No está fácil concertarlo, ya que tienen diferencias ideológicas importantes.

Este sexenio, por ejemplo, el PAN apoyó la aprobación de la Reforma Energética que abrió el sector al capital privado. El PRD, en cambio, votó en contra. Y tenemos otro caso en el que ocurrió lo opuesto, es decir, los perredistas votaron a favor y los panistas en contra: la Reforma Fiscal y ambos se embarcaron en la desastrosa aventura del Pacto por México, donde la dirigencia perredista apoyó cambios en la Constitución que traicionaban todas las luchas del perredismo.

Es por eso que muchos, con razón, consideran la alianza PAN-PRD “contra-natura”: la imposible unión del agua con el aceite.

El PAN ganó la presidencia en el 2000 para “sacar a patadas al PRI de Los Pinos” y Fox co-gobernó con el viejo PRI; y el PRD en la CDMX construyó, en buena medida, una estructura clientelar y electorera símil de una administración priista típica.

Por tanto, el frente opositor se dibuja como una alianza para la alternancia de partidos en la Presidencia de la República porque en realidad las dirigencias del PAN y el PRD han perdido la capacidad de construir una propuesta de transición del sistema/régimen/Estado priista a una nueva estructura de poder.

El problema no es la democracia; con todo, México pasaría cualquier examen para caracterizarse como un gobierno democrático; en todo caso, la oposición en el Congreso y en algunas estructuras de poder autónomas ha fracasado en su obligación de construir una verdadera alternativa al PRI.

Las élites de la oposición panista ignoran las categorías políticas del cambio. Por eso el PAN designó a Gustavo Madero como responsable de operar el Frente Opositor, cuando Madero demostró carecer de entendimiento politológico. El país se ha decepcionado desde 1968 sólo con el relevo de partidos en el poder, pero sin operar los cambios institucionales para reorganizar el sistema/régimen/Estado. En este sentido, Ricardo Anaya, Gustavo Madero y Margarita Zavala no entienden la diferencia entre alternancia, alternativa y transición de régimen.

Nadie está preocupado por razonar que la alternancia es el cambio de élites, la alternativa es una oferta diferente a la existente y la transición implica pasar de un sistema/régimen/Estado priista autoritario y absolutista a uno realmente democrático y de instituciones.

Ni Fox, ni Calderón, ni Anaya han sabido dar un diagnóstico politológico del México en crisis. Fox es un priista vergonzante, Calderón careció de alguna idea política, su esposa Margarita padece del mismo mal porque así lo revela en sus mensajes vacíos, inocuos y demagógicos como si fuera priista, Anaya sólo es un ambicioso de poder.

De lado del PRD la situación es peor porque su origen ideológico abrevó en la dialéctica marxista del Partido Comunista que sí buscó una alternancia de sistema/régimen/Estado, pero quedó en manos del retro-pos cardenismo reducido al pragmatismo de asistencialismo a cambio de votos.

Ganada la democracia electoral, el país enfrenta su verdadero reto: la transición de la dictadura presidencialista del sistema/régimen/Estado priista a una verdadera república de instituciones, leyes y equilibrios.

El frente opositor corre el gravísimo riesgo de convertirse en sólo demagogia electoral. En el 2000-2012 el PAN de Fox y Calderón fortaleció el régimen priista; en el 2010 la alianza PAN-PRD en Oaxaca, Sinaloa y Puebla ganó la alternancia de élites, pero reforzó la estructura priista de poder. Lo mismo quieren para el 2018: que el PAN y el PRD se apoderen de la estructura del PRI, no construir una república de instituciones.

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