De percepción y discriminación

De percepción y discriminación

Hace unas semanas compartí en este espacio algunas reflexiones sobre la percepción y los efectos que podía tener en la generación de sesgos en la opinión pública e, incluso, en la aplicación de políticas o estrategias gubernamentales. Comenté que el más claro ejemplo es el tema de la inseguridad en el que, más allá de lo deficiente que pueden resultar las estadísticas, la percepción de la ciudadanía sobre este asunto puede llegar a ser exponencialmente mayor a lo que se registra o documenta en los organismos responsables; en consecuencia,  se diseñan y aplican acciones que en algunos casos terminan violentando los derechos de los mismos ciudadanos.

Leyendo algunos artículos y notas periodísticas durante los últimos días, me encuentro que existe una percepción mucho más dañina, arraigada y peligrosa en nuestro país. Se refiere al hecho de pensar que entre más clara es la piel de alguna persona, más exitosa será ésta. Desde luego es totalmente falso, sin embargo, lo que nos dice el último estudio del Inegi me hace pensar que, a base de percepción, hemos creado una realidad que nos afecta demasiado como sociedad y país.

La Encuesta de Movilidad Social Intergeneracional de Inegi muestra por primera vez un estudio sobre la discriminación étnico-racial considerando las características sociodemográficas de la población de 25 a 64 años de edad, sus niveles educativos y ocupacionales a partir de su situación socieconómica de origen, es decir, cuando tenían 14 años de edad. A primera vista pareciera que sus resultados indican una relación indiscutible entre las variables del color de piel, nivel educativo, clase social y empleo. La encuesta señala que de las personas autoclasificadas en tonalidad de piel más oscura, 20.2 por ciento se encuentra sin instrucción, mientras que de las personas con tonalidad más clara, sólo 10 por ciento carece de algún nivel de escolaridad.

El estudio señala también que en las personas autoclasificadas de color de piel más oscura se observó un mayor rezago educativo, 28.8 por ciento contra las de tonalidades más clara que tienen porcentajes más altos en educación media superior y superior con porcentajes que van de 29.3 a 44.4 por ciento. Mientras el color de piel es más oscuro, los porcentajes de personas ocupadas en actividades de mayor calificación se reducen y, por el contrario, cuando los tonos se vuelven más claros, los porcentajes de ocupados en actividades de media y alta calificación son más elevados.

Estos y otros datos interesantes de la Encuesta de Movilidad Social son dignos de analizarse de manera más profunda. Por lo pronto, quiero volver al tema de la percepción porque, más allá de que científicamente se ha demostrado que el color de piel no es determinante para la actitud y la aptitud de una persona, sí lo son las instituciones y los esquemas de convivencia social que se construyen alrededor de la percepción en la que, aparentemente, por ser blanco puedes ser más o mejor que una persona morena.  Esto no es nuevo, pero es hasta ahora que se publica por una institución como el Inegi que se pone el dedo en la llaga. Tal vez tenga que ver con nuestros orígenes mestizos, con nuestro sistema educativo construido para reproducir muchos de estos patrones, el caso es que urge pensar de manera seria en cómo recuperar nuestra verdadera identidad como país, formado en su mayoría por gente de piel oscura.

No estaría nada mal que, paralelamente a las estrategias de equidad de género, se fortalecieran las campañas antidiscriminación, pero también las de promoción de la identidad y orgullo por nuestra historia, cultura y color de piel que tenemos la mayoría de los mexicanos.

Por cierto, aprovecho el espacio para comentar un estudio dado a conocer por el Instituto para la Economía y la Paz, A.C, en el que, a partir de la metodología del Índice de Paz Global, se construye un Índice de Paz para México. En éste se informa que, desgraciadamente, Zacatecas es el séptimo estado menos pacífico del país, sólo por debajo de Guerrero, Colima, Sinaloa, Baja California Sur, Baja California y Morelos. Seguramente este estudio tiene algunos meses de realizado porque se han complicado mucho en materia de seguridad Quintana Roo y Guanajuato, sin embargo, no deja de ser un llamado para estar atentos como sociedad y unir fuerzas entre los diferentes niveles de gobierno para enfrentar una situación tan complicada como se han vuelto el tema de la inseguridad y la violencia.

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