La Policía, el Ejército y la percepción ciudadana

La Policía, el Ejército y la percepción ciudadana

La baja credibilidad que las corporaciones policiacas tienen en México enfatiza la gravedad del problema que el país enfrenta en materia de delincuencia. A través de La Encuesta Nacional de Seguridad Urbana (ENSU), podemos conocer la percepción que los ciudadanos tienen sobre el desempeño de las instituciones relacionadas a la seguridad pública. La última edición de la encuesta revela que la Marina es la institución que la ciudadanía percibe como más efectiva seguida del Ejército. Lo interesante está en que la gente conoce más al Ejército (92%) que a la Marina (74.6%).

Por si sola, la relación entre la identificación y la percepción de efectividad de la Marina y el Ejército no nos dice nada. Sin embargo, es interesante debido a que el mismo patrón se presenta en las corporaciones policiales. De acuerdo con la ENSU el 78.3% de la población objetivo conoce a la Policía Municipal Preventiva y solamente 36.6% reconoce a la Gendarmería Nacional. Sin embargo, el 69.3% percibe como efectiva (el mayor puntaje para corporaciones policiacas) a la Gendarmería Nacional y solamente el 38.5% a las policías municipales (el menor puntaje).

Resultados similares son encontrados en otros estudios de menor escala. Por ejemplo, una encuesta publicada por la ONG PropuestaMX, revela que la policía municipal es, en efecto, la corporación que goza de mayor reconocimiento por parte de los ciudadanos. Similarmente, la Gendarmería Nacional obtuvo el nivel de identificación más bajo. Similar a la ENSU, esta encuesta estima que la Gendarmería goza de más confianza (74%) que las policías municipales (46%).  Ambos casos nos hacen preguntarnos si existe una relación entre la percepción de efectividad (o de fracaso) con la cantidad de personas que identifican a una corporación.

Responder este tipo de preguntas es especialmente relevante dadas las actuales discusiones sobre la Ley de Seguridad Interior y la reforma de los cuerpos policiacos. Desde que el General Cienfuegos pidió un marco regulatorio para las funciones del Ejército, las discusiones sobre su permanencia en las calles o su regreso a las bases creció exponencialmente. Si tomáramos las decisiones basados en la percepción ciudadana, la respuesta sería obvia; el Ejército es más confiable y más efectivo que nuestras policías. Por ende, resultaría difícil pensar que los cuerpos policiacos en sus paupérrimas condiciones podrían resolver el problema.

La otra visión, la que no se basa en las percepciones, profundiza en las implicaciones de la permanencia del Ejército en las calles. Para muchos, se necesita que el Ejército – de forma gradual – deje de suplantar las funciones que las policías deberían de estar realizando. Sin embargo, para ello es necesario meterse de lleno a la complicada discusión sobre cómo reformar las policías. Esto es fundamental ya que de no contar con cuerpos policiacos profesionales y de calidad, la salida del Ejército dejará un vacío de poder muy peligroso.

En el centro de las discusiones sobre cómo mejorar las policías se encuentra la propuesta del mando único. Nuevamente, si basáramos nuestra decisión en lo que piensa la ciudadanía, lo lógico sería desaparecer a las policías municipales dado su bajo nivel de efectividad. Sin embargo, tenemos que preguntarnos si este nivel es realmente bajo o simplemente – al ser el cuerpo policiaco más reconocido-  es un reflejo del hartazgo de la ciudadanía la cual busca a quien achacar la culpa de la situación que se vive hoy en día. En lo personal me resulta difícil pensar que la Gendarmería Nacional ha sido tan efectiva como las encuestas revelan. Nuevamente, esto se debe quizá a que muy poca gente la conoce y por ende no pueden emitir un juicio tan severo en su contra.

Sea como sea, no podemos basar la decisión sobre la reforma policiaca en la percepción de los ciudadanos. De ser así, muy probablemente, las policías municipales fungirían como chivos expiatorios para apoyar una iniciativa – el mando único – que no es la solución universal al problema. La iniciativa del mando único solamente cambiará la balanza de poder, pero no arreglará de fondo las condiciones de las corporaciones policiacas.

Independientemente de quién controle a los policías se necesita realizar una reforma a profundidad – no solamente administrativa – que dignifique la profesión. Necesitamos profesionalizar la carrera policiaca a través de mejores planes de estudio y profesores capacitados. Se necesita otorgar a los policías – a quienes les pedimos que arriesguen la vida – planes de retiro, de seguridad social y prestaciones que les permitan tener una vida digna. Necesitamos, sobre todo, eliminar la corrupción dentro de las corporaciones y para ello se necesita tener órganos de control interno que realmente castiguen a los policías corruptos. De otra forma la retirada del Ejército tendrá como resultado su eventual regreso a las calles, los ciudadanos seguirán sin confiar en las policías y las policías seguirán sin saber que hacer con los delitos. ■

 

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