El amante doble

El amante doble

La Gualdra 299 / Desayuno en Tiffany’s, mon ku / Cine

Desde su presentación en Cannes y su estreno en las salas oscuras, la cinta de Ozon ha dividido a la crítica. El amante doble narra la historia de Chloé (Marine Vacth), una mujer frágil que desde niña padece dolores de barriga. Se enamora de su psiquiatra Paul Meyer (Jérémie Renier) y se va a vivir con él. Al poco tiempo, se da cuenta de que Paul le ha escondido la existencia de su hermano gemelo Louis, también psiquiatra, con el cual Chloé emprende una relación adúltera que le permitirá bucear en sus propios lados oscuros.

Por un lado, los críticos elogiaron el carácter experimental del filme que enlaza con maestría el tratamiento de la gemelidad y de la sexualidad femenina, igual que la precisión clínica con la cual el cineasta estudia a sus personajes y ahonda en su psicología. La escenificación sofisticada y el parentesco que mantiene con la filmografía de cineastas como Hitchcock o Brian de Palma son otras características mayores que han sido valoradas positivamente y que apoyan el carácter original, desde un punto de vista genérico, de este largometraje que aparece como un thriller psicoanalítico, una denominación que ha dejado perplejos a otros sectores de la crítica.

Esta dimensión psicoanalítica está estrechamente vinculada a la representación de la feminidad y a la construcción del personaje de Chloé que se caracteriza de entrada por su fragilidad psicológica y por su carácter misterioso: de hecho, el reto con el cual se enfrenta los personajes masculinos –psicoterapeutas ambos– es descifrarla y entender de dónde procede su malestar. De hecho, desde una perspectiva de género, la película podría leerse como un intento por desentrañar el enigma de la mujer que procede de su sexualidad.

El filme lo deja claro desde el principio: uno de los primeros contactos que el espectador tiene con el personaje femenino consiste en un primerísimo plano de su vagina cuando está siendo examinado por la ginecóloga. Desde ese momento se entiende que Chloé tiene un problema con el sexo y que uno de los propósitos de la historia, quizás el primero, va a ser resolverlo e identificar su origen. En este sentido, el encuentro con el hermano gemelo de Paul –diabólico pero lo suficientemente inteligente para entender que esta mujer padece frigidez y éste es su principal problema– resulta decisivo ya que él va a conseguir que por fin Chloé acceda al Santo Grial gracias a su habilidad, es decir su brutalidad a la hora de hacer el amor, que constituye el método para curarla. A partir de ahí, Chloé podrá realizar sus deseos y se convertirá en dominadora –en el sentido total del término, haciendo uso de algún “utensilio” de moda, dentro de una inversión de los papeles que traduce a la vez las fantasías y los miedos del hombre.

El periodista Pierre Vavasseur forma parte de los críticos que se inclinaron hacia este tipo de lectura y vieron en la cinta de Ozon una representación degradante de la feminidad. Para expresar su desacuerdo e insatisfacción, escribió Vavasseur una carta abierta al cineasta en la cual lo acusó de odiar a las mujeres: “ellas son las transcripciones de sus miedos, hasta de la repugnancia que le da el haber sido parido por una de ellas. Usted hubiese preferido nacer de un hombre”.[1]

 

[1] http://www.lepoint.fr/societe/sexe-fantasmes-et-perversite-ozon-ose-tout-avec-l-amant-double-26-05-2017-2130571_23.php

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra-299

 

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