Agua bendita

Agua bendita

La Gualdra 299 / Río de palabras

Se levantó a media noche y de un solo sorbo se tomó un vaso con agua bendita para ver si con eso se le espantaban los malos pensamientos. Esperó quince minutos, creyendo que era muy poco tiempo para que el agua surtiera efecto. Luego de media hora los pensamientos todavía seguían rondando su cabeza, pero ahora con más intensidad. El agua bendita, desafortunadamente, lejos de espantarlos los había alentado. Su abuela se había equivocado al darle ese remedio. Ahora ya no sólo eran malos pensamientos; de pronto empezó a sentir cómo un calor le iba recorriendo todo el cuerpo: le entraba por los pies y por la cabeza, hasta juntarse entre sus piernas, ahí se volvía insoportable. Pensó en meterse a bañar. Un regaderazo de agua fría lo calmaría todo. Se quitó la ropa y sin miramientos se metió debajo del chorro de agua helada. Ni aun así pudo calmar el ardor. El agua que provenía de la regadera completamente helada, al salir hacía la coladera no era ni siquiera tibia: estaba hirviendo. Empezó a frotarse el cuerpo con una esponja, el contacto de ese objeto con la piel no calmaba el ardor pero lo hacía agradable. Continuó así frotándose el cuerpo, hasta que el calor fue disminuyendo. Ya más tranquila sintió un ligero dolor en el vientre. De entre sus piernas se desprendió algo húmedo. La sensación de calma la invadió de pronto. Volvió a la cama y durmió plácidamente el sueño de los justos.

 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra-299

 

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