Espacios para la lectura

Espacios para la lectura

La Gualdra 298 / Promoción de la lectura

 

En algún estado del país una mediadora de lectura decía que la Encuesta Nacional de Lectura es una serie de datos inventados. Su suspicacia se fundamentaba en un dato: los títulos leídos por los mexicanos. En particular se refirió a la Biblia. Dicho texto es uno de los mencionados dentro de la encuesta. A esta chica le llamaba la atención que “nunca había visto a una persona leyéndola”. La Biblia, leída bajo el paradigma del dogma y doctrina religiosos tiene en los templos, los grupos de oración y los hogares de los propios creyentes, los espacios mayoritarios de lectura.

¿Tiene la lectura un espacio idóneo en función del texto, del soporte y del propósito? Sí. Pero no el mismo, éste variará de acuerdo a cada lector. Cada uno de nosotros busca el entorno adecuado para sus lecturas. Así hay quienes acuden a las bibliotecas o cafés para encontrar la tranquilidad ausente en los hogares, otros prefieren la cama, la sala, el estudio, la terraza, el jardín, siempre arropados por la casa; hay quienes leen en el transporte público, en las plazas, plazuelas, parques; otros más en las oficinas, trabajos, escuelas. El mundo es un espacio para leer.

Leer en el baño fue uno de los placeres que cultivé durante años. Al confesarlo en alguna capacitación, una bibliotecaria expreso un sonoro “¡Guácala!”, acoté que mi expresión era una confesión, no invitación. Ahondando en mis palabras de ese momento diré que el género predilecto era la narrativa. Alguna ocasión intenté leer poesía. Realmente fue complicado. Tampoco concibo, en mi persona, descifrar filosofía o economía. El sanitario ha sido, según Alberto Manguel, un espacio recurrente para disfrutar de la lectura:

En la Vida de San Gregorio del siglo XIII se describe el baño como “un lugar retirado donde pueden leerse tablillas sin interrupciones”. Henry Miller estaba de acuerdo: “Mis mejores lecturas las he hecho en el baño”, confesó una vez. “Hay pasajes del Ulises que sólo se pueden leer en el inodoro, si se le quiere extraer el sabor al contenido”. De hecho, el cuartito “destinado a un uso muy especial y muy vulgar” era, para Marcel Proust, el sitio “para todas mis ocupaciones que requieren una soledad sacrosanta: la lectura, las ensoñaciones, las lágrimas y el placer sensual”.

Hace unos días un joven compartía su encanto por una media barda ubicada en alguna institución de educación superior. La barda no es ya cualquiera, sino su barda, la que lo recibe en las horas de lectura. De la misma manera que este joven, diseñamos, respetamos rituales: la luz, la ventilación, una bebida, marcatextos, música, una postura corporal, una compañía. En resumen, creamos nuestros espacios para la lectura.

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_298

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