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Reflexiones (pesimistas) en torno al escenario electoral: AMLO, las izquierdas y su dudosa fertilidad

Reflexiones (pesimistas) en torno al escenario electoral: AMLO, las izquierdas y su dudosa fertilidad

Los análisis que he revisado sobre las alianzas, los comportamientos de los partidos y sus dirigentes rumbo a la elección del año que entra, son fundamentalmente ejercicios de aritmética de los votos esperados. Lo más importante es comparar la conformación de las fuerzas pero respecto a los problemas nacionales que deben atenderse. Sobre esto últimos se ha referido la necesidad de superar el modelo de la economía neoliberal, lo cual es cierto, pero hay que ir a la aplicación de las medidas específicas que se deben tomar. Si tenemos como referente los problemas nacionales, hay varios asuntos de las llamadas izquierdas que me preocupan. Primero, no sabemos cómo piensan enfrentar el déficit fiscal del Estado, la seguridad o violencia desatada por los grupos criminales, la pobreza persistente, la educación básica, y así. Es decir, otra vez las alianzas o rompimientos están determinados sólo por el nihilismo aritmético-electoral y los temas programáticos están fuera de foco. Lo que indica que pueden muy bien replicar o repetir las experiencias de gobierno de estas ‘izquierdas’: una brutal mediocridad. Como el caso de Guerrero, Chiapas, Morelos, Oaxaca y Zacatecas. Cuando fueron gobierno hicieron lo mismo que criticaban por vivir en el nihilismo electoral y olvidarse de los programas. Un partido ‘cachalotodo’ emprende gobiernos mediocres.

Segundo, en el caso específico de AMLO, me preocupa la relación entre centralidad de conducción y la necesidad de diferencia funcional en los gobiernos. Me explico: ahora mismo, para enfrentar los complejos problemas nacionales, se requiere que los diferentes sistemas funcionales de la política pública tengan autonomía y, al mismo tiempo se ejerza entre ellos una coherente coordinación, como por ejemplo, el sistema jurídico debe tener autonomía del político, y así. Pues bien, ahora no ha funcionado la diversificación funcional del Estado, porque se ha conservado la concentración del poder político en el presidente, lo cual quita o hasta elimina la autonomía de los sistemas funcionales. Para que funcionara se tendría que pasar a un sistema político no-presidencial que obligara a tomar acuerdos entre actores que diera efectividad al arreglo entre ámbitos autónomos. Para el caso, una fórmula parlamentaria sería lo mejor. Esto es, una estructura política que centralice el poder destruye el elemento clave del gobierno actual: la autonomía de los sistemas funcionales. Pues bien, justo eso me preocupa en AMLO: la centralización del mando que diluya la diferenciación funcional. Un presidencialismo fuerte. Cuando en Morena-Zacatecas se tomaron medidas jurídicas internas contra las irregularidades en los procesos de elección, nunca pudieron progresar porque la consigna política de mantener los candidatos del monrealismo eliminó la vía jurídica. Al grado que ni siquiera contestaron las demandas ingresadas. Esto se debió a la centralidad del mando que ejerció Andrés Manuel y el acuerdo político que, en ese momento, tenía con el señor Monreal, y eliminó la autonomía de las instancias jurisdiccionales internas. No sólo: su hipótesis de que la corrupción se soluciona como una pirámide que va de arriba hacia abajo, (del presidente a los gobernadores y luego a los alcaldes) supone una estructura de mando hipercentralizada.

La estrategia de alianzas también se debe a esto mismo. Acepta a los perredistas que se suman con él en lo individual, aun cuando fueron diseñadores del pacto y fueron aliados del Peña en su momento, como el caso de Barbosa. Y también acepta a otros partidos pero que se suman a sus candidaturas, como el caso del PT. Pero no acepta una negociación horizontal con otros partidos porque eso le quita el control central de la alianza. Usa argumentos de moralidad de los actores, pero acepta a Barbosa y rechaza a Movimiento Ciudadano, que ha mostrado ser una fracción parlamentaria combativa. ¿Entones? Pues esa es la explicación: elige una estrategia de alianza que no le debilite el control central de la conducción política. Y algo aún más preocupante: el uso de argumentos ad-hominem: “la corrupción se soluciona por un presidente honesto, y yo soy el único que no es corrupto, luego entonces, la única solución soy yo”. Y no: ninguna persona es la solución de nada, sólo hay personas que proponen o gestionan soluciones. Esta falacia es indicador también de re-centramiento del poder. Pero la centralización es lo más ineficaz para las condiciones actuales, lo que nos lleva al fracaso. En suma, todas las evidencias me indican que Andrés Manuel, aun siendo honesto (como creo que es), puede crear una estructura de mando que haga persistente la disfuncionalidad de la autonomía de los diversos sistemas funcionales del Estado, y con ello, continuemos padeciendo los mismos problemas nacionales de corrupción, inseguridad y desigualdad extrema. Con lo cual, la alternancia no serviría para solucionar esas enfermedades sociales.

Así las cosas, por ello es esencial que se exponga qué pretender hacer con el gobierno de la república y cómo piensan hacerlo. No basta que gane la izquierda, si no expone aprendizaje de lo que hemos pasado, nos exponemos a otra decepción. La alternancia por sí misma no es solución de nada; y sí puede ser la mera sustitución de mafias. El rasgo de honestidad que abandera AMLO es un buen indicio, pero debe ir acompañado de una propuesta de conducción republicana (no una monarquía sexenal) y una batería de propuestas de política pública serias. De lo contrario, la esperanza sólo es un logo publicitario.

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