La soberbia del lector

La soberbia del lector

La Gualdra 297 / Promoción de la lectura

Dentro del imaginario colectivo la tendencia a construir y establecer estereotipos es constante. Esto se ha acrecentado con las redes sociales: si alguien cuestiona al Estado o muestra simpatía hacia los movimientos sociales, de inmediato se cataloga de chairo, por el contrario, si la simpatía es por el grupo gobernante, la etiqueta es peñabot. Esto es sólo un ejemplo de las infinitas posibilidades de ser poseedor de, al menos, una etiqueta. Cada categoría alberga una serie de características físicas, intelectuales, políticas, psicológicas, etcétera. Si bien los estereotipos son concepciones erróneas, hay quienes se empeñan en mostrar que pueden tener algo de verdad.

Los lectores tenemos fama de intelectuales, pero también de personas hurañas, engreídas, intolerantes, solitarias, por enlistar algunas características. En una sociedad tan diversa como la mexicana, pero con fuertes nudos de encuentro hay actos que automáticamente nos colocan al margen de un gran porcentaje poblacional. Leer es uno de ellos. Leer sin que se sea estudiante es aún más extraño. Es más común dialogar de futbol porque los referentes son similares, porque en la mayoría de los hogares mexicanos cada fin de semana la televisión, en particular la transmisión de los encuentros, es el pan de cada sábado y domingo.

Cuando hace unas semanas los árbitros decidieron no pitar los enfrentamientos de la Liga MX, tuvimos una semana sin balompié. Algo inusitado para un par de generaciones. En Twitter alguna cuenta publicó lo siguiente: “Este fin de semana miles de cavernícolas leerán por fin un libro”, en clara alusión al conflicto arbitral y a los aficionados. ¿De verdad quien no lee es un cavernícola? Lo anterior es sólo un botón de muestra de lo riesgoso que puede ser sobrevalorar a la lectura, al libro y al lector. La generalización descontextualizada raya en la mentira, en el engaño.

Otro ejemplo de ello es un meme que circula en Facebook. Es el muy conocido dibujo de la serpiente que devoró un elefante. La imagen está acompañada de la leyenda: “Si aquí ves un sombrero te hace falta leer”. ¿Estamos obligados a contar con los mismos referentes culturales? De ser así, entonces dónde queda el pensamiento crítico, autónomo, analítico, reflexivo que propicia la lectura, ¿leer para pensar igual? Me resisto a ello. Es más, me resisto a pensar que el sólo acto de decodificar un sistema de símbolos, en este caso alfabético, nos blinde de cometer estupideces.

No basta con leer, también se debe considerar qué y cómo se lee. Pensar lo contrario resulta tan absurdo como creer que ingerir refresco de cola, pastas instantáneas, frituras, es nutrirnos; que el disfrutar de un encuentro de futbol nos hace imbéciles per se (entonces habrá que echar un vistazo a las reflexiones de Juan Villoro, por ejemplo). Lectores que descalifican a quien no lee, por el sólo hecho de su condición y postura frente al libro ponen en duda la inteligencia y tolerancia que en teoría se desarrollan con el auxilio de los libros.

 

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