David Martín del Campo. Comprender lo incomprensible

David Martín del Campo. Comprender lo incomprensible

La Gualdra 297 / Libros

Decir que David Martín del Campo (Ciudad de México, 1952) publicó una nueva novela podría no ser una primicia. Lleva casi una treintena en cuatro décadas de oficio literario; sin contar los libros que en distinto género también son de su autoría. Una marca envidiable que se integra al sello personal alcanzado, cuantioso en historias, personajes, estructuras.

Toca turno a La niña Frida, novela que debido a las diferentes riquezas contenidas resulta difícil abreviar al lector. Pongamos entonces aquí lo dicho por su autor: una especie de tributo a la pintora, desde hace tiempo un mito, ser incontrolable, de la que decían estaba poseída por el diablo.

Imposible no recordar la opera prima de Martín del Campo: Las rojas son las carreteras, que entregara para su consideración, a mediados de los setenta, a Joaquín Diez-Canedo. Una novela que cuenta la aventura al mar de un grupo de jóvenes sobrevivientes del movimiento estudiantil de 1968, desencantados de la vida.

Después vendrían títulos como Esta tierra del amor, Alas de ángel, Dama de noche, Quemar los pozos, Las viudas de Blanco, Después de muertos, No desearás, Las siete heridas del mar, El último gladiador…, abanico de universos, algunas de ellas premiadas.

En La niña Frida, su autor enlaza historias, personajes, fórmulas y guiños ubicados todos hacia la mitad de la década de los 70, caracterizada por una serie de sucesos surgidos de una sociedad sostenida en la violencia, la corrupción y la hipocresía. Buenas dosis de hipocresía.

Profesores de escuelas religiosas, del tipo Legionarios de Cristo, que identifican en los “primeros torrentes de hormonas” de sus alumnos “la exhalación del diablo”.

Mujeres recién entradas en los cuarenta que, siguiendo al marido, se avecindan en la aparentemente apacible provincia mexicana, donde “todo mundo odia a los chilangos hasta que cumplimos el purgatorio de inquina”.

Hombres del establishment, antes de la izquierda revolucionaria, que ya como dirigentes del partido en el poder (el Revolucionario Institucional) medran con la inestabilidad financiera, devaluando la moneda y sacando costales de billetes al extranjero.

Funcionarios de gobierno que vigilan periodistas democráticos y que creen que la política “concilia realidad y deseo”.

Un traficante de arte, “vil ladrón”, que recorrerá iglesias y domicilios particulares para obtener los encargos de sus clientes, lo mismo lienzos novohispanos que de la pintora Frida Kahlo.

La pareja de hermanos adolescentes (Antonio y Frida Negrín), con “madre ausente y padre espectral”, y de quienes se sospecha una “relación temeraria”.

 

El detective martincampiano

En medio de todos ellos Max Retana, ex agente del régimen al que se le encomiendan sendas investigaciones: explicar el suicidio del pequeño Antonio, primero; encontrar al traficante desaparecido, después. Algo así como “comprender lo incomprensible”.

Todos ellos en un escenario de crisis, la sempiterna crisis del sistema político mexicano, que encabezada por el creciente rumor de un golpe de Estado contra el régimen echeverrista incluye una largo etcétera de registros que bien incluye el novelista.

La candidatura presidencial independiente del líder ferrocarrilero encarcelado durante años, el comunista Valentín Campa; el golpe al periódico Excélsior; la devaluación de la moneda y la previa fuga de capitales; la herida abierta de la matanza de Tlatelolco en la que el propio Retana fue partícipe como integrante del batallón Olimpia; y hasta el recuerdo de “la primera vez” que nevó en la Ciudad de México, el 11 de enero de 1967.

Tragos, acostones, rompimientos maritales, hijos lejanos, desveladas, viajes a Veracruz, ángeles caídos, muertes y zopilotes… Un dudoso cuadro de la Kahlo que podría revolucionar las tesis sobre su arte, a la manera de “El origen del mundo”, de Gustave Courbet.

Algo de lo mucho que encontrará el lector en esta nueva novela Martín del Campo.

 

Contra la Fridomanía

“Frida”, dice David Martín del Campo, “era militante del Partido Comunista y jamás habría consentido ser un elemento de comercialización y consumismo, en bolsas, playeras o calcetines”. Por ello el homenaje a su verdadera figura, “un personaje polémico, amado por unos y odiado por otros, pero siempre un protagonista del arte mexicano”.

“Mi novela es una crítica a la fridomanía con este fenómeno de comercialización vulgar y banal, porque la gente no sabe quién fue Frida Kahlo, especie de mártir cristiano en los tiempos arcaicos del propio cristianismo”.

 

David Martín del Campo

Es autor de más de 20 novelas que lo sitúan como uno de los narradores más notables del país. A los 24 años publicó Las rojas son las carreteras, que lo situó como un escritor original y vigoroso. Ha sido reconocido con diversos galardones, entre otros: el Premio Internacional de Novela Diana 1990 por Alas de ángel, el Premio Mazatlán de Literatura 2012 por Las siete heridas del mar, y el Premio Nacional de Literatura Monterrey IMPAC 1997 por El año del fuego. Luego de ejercer el periodismo por varios años (fue corresponsal en Madrid y en el territorio controlado por el Frente Polisario de Liberación Nacional), se ha volcado a desarrollar una literatura que se distingue por su coraje estilístico, su exploración narrativa, su rabiosa amenidad. Ha publicado también libros de cuento, biografía, crónica y literatura infantil. Entre sus novelas más celebradas se cuentan Dama de noche (que fue llevada al cine), No desearás, ¡Corre Vito!, La noche que murió Freud y La inocencia de María. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte. Desde hace algunos años reside en la ciudad de Cuernavaca.

 

***

 

David Martín del Campo, La niña Frida, Tusquets, México, 2017, 310 pp.

* [email protected]

 

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