El arte es un arma poderosa de transformación: Alejandro Marcovich

  • “Los artistas tenemos la oportunidad de provocar en otros ámbitos”
  • “Tengo una gran urgencia de vivir, seguir aprendiendo, enseñando, mostrándome y arriesgán

Para algunos, la música es un momento de diversión o escape. Pero el discurso político más importante que puede ofrecer el arte, es el arte mismo. Como el romper esquemas, arriesgarse y tener una propuesta política, opina el guitarrista de rock mexicano, Alejandro Marcovich.

Considera que con la música no sólo se genera entretenimiento, sino que se puede provocar a la gente en otro terreno, que es el desarrollo personal e intelectual. Y este es un complemento importante en este desarrollo.

“Porque si el arte no es complaciente, sino es más de lo mismo, es un arma poderosa de transformación. Los artistas tenemos la oportunidad de provocar en otros ámbitos”, comenta el ex guitarrista del grupo legendario de rock mexicano, Caifanes.

Alejandro Marcovich cuenta que llegó a México en 1976 exiliado, por motivos socio-políticos, debido a la dictadura militar de Argentina. Su contacto con la música empezó a los 9 años, escuchando todo tipo de música.

Y este primer acercamiento fue un proceso paulatino en el que empezó un enamoramiento y encuentro con la música, a través de la guitarra. Hasta que en 1983 decidió que la música sería su lado A, y no su lado B.  “Y no me he bajado de ese barco hasta la fecha, sigue siendo un hobby; pagado, más que una profesión”, dice.

En Buenos Aires, comenzó un grupo que se dedicaba a ensayar. Y fue su primer acercamiento a una dinámica grupal, y en ocasiones ensayaban. Y empezó inventar sonidos en el bajo, instrumento que tocaba en dicho grupo.

Ahora es solista; fue guitarrista del grupo legendario de rock mexicano, Caifanes

La primera ciudad en la que radicó, a su llegada a México, fue Puebla, donde formó un dúo, a imagen y semejanza de Simon and Garfunkel, con influencia de los duetos de folk americanos, así como de Cat Stevens. Y empezó a tocar jazz, blues, clásica.

Su primer grupo como tal, de rock mexicano, lo fundó en 1981, y se llamó Leviatán. El segundo grupo que formó fue Las Insólitas Imágenes de Aurora, donde invitó a tocar al cantante Saúl Hernández, en 1984.

Posteriormente, en el 89, ingresa a las filas de Caifanes, donde permaneció hasta el año de 1995, y tuvo un reencuentro 16 años después. Y en ese tiempo tuvo encuentros y desencuentros con varios músicos.

Entre 2014 y 2015 fue escribiendo su libro Vida y Música de Alejandro Marcovich, al cual dio forma conforme llegaba la inspiración. El texto lo presentó en el 2015 en la Feria Nacional del Libro, en la ciudad de Guadalajara.

El cual, dice, lo hizo lo más periodístico posible, pues había historias que era importante que fueran contadas, que fueron relatadas por voces irresponsables, que generaron otras versiones sobre su salida de Caifanes.

“El libro sirvió para desmitificar la historia de la estrella de rock, sino mostrarme como una persona normal, con su lucha en la música y como persona. Porque la música ha tenido un paralelismo con mi superación personal”, dice Marcovich.

Su segundo disco como solista fue Alebrije, el cual lo reveló como compositor, arreglista, productor, guitarrista, cantante. Con un estilo de composición minimalista, creado con pinceladas de palabras y un discurso musical bastante rico en ritmos.

Y así, comenzó su carrera de solista, dejando atrás la historia monótona y repetitiva de Caifanes, el cual consideró, es un grupo que se repite a sí mismo. Del año 95 al 2011, fueron 16 años de desarrollo personal.

Y a partir del año 2000 empezó a enseñar música, impartiendo clínicas, talleres y algunos máster de clases para guitarristas avanzados. Además de brindar talleres de armonía e improvisación en Estados Unidos y España.

Y este tiempo le sirvió para hacer este material, el cual considera maduro, sólido, con un discurso guitarrístico que comenzó en la primer banda mexicana que formó, Leviatan. Y con un sonido de guitarra eléctrica latinoamericana, alejada de la guitarra latina de Carlos Santana.

Pero Marcovich buscó un discurso de rock latino, que no sonará igual al guitarrista, y no entorpecer la disertación con estos tintes. Pero aún sigue desarrollando ese sonido eléctrico romántico, mexicano y desenfrenado a la vez.

“Para mi sigue vivir, tengo una gran urgencia de vivir, seguir aprendiendo, enseñando, mostrándome y arriesgándome. Asociarme con gente de jazz, literatura, divertirme y busco es a plenitud y esa magia de momentos irrepetibles”, comenta Alejandro.

Y para él, la música es una parte sensual, espiritual, sexual y sensorial muy amplia, donde da rienda suelta a su imaginación, su intelecto, sus pasiones, sus sentidos, y le gusta ese contacto consigo mismo.

También estudió física y música, en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Y ha sido productor y arreglista, de bandas como Las Ultrasonicas, El Círculo, Santa Sabina, Los Estrambóticos, Malena Duran entre otros. Y ha tocado la guitarra en proyectos de Celso Piña, Los Amantes de Lola; Radio Kaos, Mario Dom, La Casta. Además de componer música para películas como “Dr. Jekyll & MR. Hyde”.

Marcovich visitó Zacatecas junto al escritor, actor, músico y periodista Fernando Rivera Calderón, gracias a la invitación del Instituto Zacatecano de Cultura, para presentar su espectáculo El Libro Instantáneo, dentro del programa de la Feria Nacional del Libro Zacatecas 2017.

“Soy un improvisador nato, y ambos juntamos nuestros mundos; haciendo una simbiosis. Yo hago música para provocar a Fernando, quien escribirá de acuerdo con los bajos y altos instintos que le provoca la guitarra”, explica.

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