El agua de la Milpillas: hay más de dos opciones. NO a la privatización

El agua de la Milpillas: hay más de dos opciones. NO a la privatización

Hay opciones en la economía del sector público que deben tener límites muy claros. Cuando un país decide aplicar las reglas de las ventajas comparativas y con ello adopta la disposición de no producir algunos productos porque resulta más barato comprarlos a otro país, se debe tomar la precaución de hacer eso con muchos de los productos de uso corriente, menos con alimentos y energéticos. Porque se tiene el riesgo de que las condiciones del mercado cambien y el país sea vulnerable en productos estratégicos como los combustibles (de los que depende toda la economía) y alimentos. Justo eso nos ha pasado con las gasolinas: se decidió no producirlas sino compararlas a EEUU, y ahora estamos siendo afectados por esa decisión. De la misma manera en el caso de la cooperación de Asociaciones Público Privadas (APP), se pueden aplicar para producir un sinfín de productos y servicios, pero no en servicios esenciales para el Estado, como el caso de la seguridad, la legislación, la captación de impuestos o servicios vitales como la dotación de agua. Sabemos de los límites de los gobiernos respecto a su capacidad de atender todos los problemas públicos, y por ello, es correcto pensar en asociaciones público-privadas para resolver algunos de ellos. Sin embargo, es claro que con el agua eso debe evitarse.

La dotación de agua no puede depender de la capacidad de compra del servicio de las familias zacatecanas. El agua debe garantizarse universalmente haya o no capacidad económica de una parte de la población. Y eso sólo es posible si el Estado se encarga de ello. Una empresa privada nunca aceptará subsidiar el servicio de las familias pobres. Los empresarios privados entran a la APP para hacer negocio, de otra manera no lo harían: es su naturaleza. No podemos pedirles otra cosa.

En el caso específico del proyecto del río Milpillas en Jiménez del Teul, debemos tener claras algunas cosas antes de emitir un juicio. El uso del agua de este proyecto se destinaría para el consumo humano del corredor que va de Guadalupe hasta Fresnillo, pero no se ha resuelto el desperdicio que existe: para uso urbano se usa sólo el 20% del agua extraída, y de esta, se desperdicia el 40%, por fugas en tuberías y causas por el estilo. No vemos un plan para evitar la pérdida de esa cantidad enorme de agua. Además, el 73% de la extracción es para uso agrícola y tampoco hay algún plan emergente para dejar de desperdiciar el 60% por el sistema de riego por agua rodada que todavía es dominante. Con evitar esos dos desperdicios aquí mencionados el escenario sería muy distinto. También debemos ver el costo de la elaboración del proyecto técnico (40 millones) y los detalles para justificar lo que se va a hacer en cuanto a la gestión del agua del acuífero Calera. Ahora mismo se extraen 4 millones de metros cúbicos de este acuífero para la zona metropolitana, pero se le autoriza a la cervecera que extraiga casi 12 millones para convertirla en cerveza. Así las cosas, junto a las dos opciones que expone el responsable de SAMA, deberían incluir otras alternativas más: modificar la gestión del acuífero Calera, cambiar las políticas para los sistemas de riego, y otros criterios para los forrajes y los cultivos destinados a la cervecera. Hay estudios para imaginar más de dos opciones. Pero la privatización del agua por vía de un APP, debe ser la última de ellas. Los ciudadanos debemos decir NO a la privatización.

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