Medio ambiente: la modorra social ante el desierto que viene

Medio ambiente: la modorra social ante el desierto que viene

El discurso de la protección medioambiental es aplaudido por todos, pero en cuanto se expresa en aspectos concretos deja de ser ‘aplaudido’ y comienza a ser producto de litigio, debate y combate. Los intereses afloran. Cada interés es la expresión de la circunstancia particular o posición de cada actor colectivo. El Estado teóricamente es quien debería estar por encima de esas posiciones o intereses particulares y representar el interés general de la sociedad. Sin embargo, dentro del Estado se libra la lucha (como caja de resonancia) de los conflictos sociales. Y en esa caja de resonancia a veces hegemoniza una posición y a veces otra. En ocasiones las posiciones logran negociaciones y en otros momentos no hay tal acuerdo entre intereses encontrados y domina abiertamente uno de los intereses particulares. Pues bien, la preservación del equilibrio ecológico del planeta y de cada región del mismo es el interés general  que se topa o conflictúa con los beneficios, ventajas o estipendios de ciertos actores particulares. Y esa lucha se da tanto a nivel planetario, como el escándalo de observar cómo EEUU se retiró de los Acuerdos de París; a nivel nacional, como la discusión sobre las mineras y la devastación que dejan a su paso, mientras algunos funcionarios se enriquecen con los tratos con las mismas; y a nivel estatal o local, como la puja que se establece por la aprobación de zonas naturales protegidas o la venta de predios de agostadero en los (antiguos) ejidos. En todos los casos, ‘el medio ambiente’ se convierte en enemigo de la ambición de los particulares que se enriquecen con su explotación. ¿Y el Estado defiende al medio ambiente? La mayoría de las veces NO.

La (ex) Secretaría de la Reforma Agraria permitía e impulsaba la privatización de los ejidos, lo que trajo como consecuencia que las zonas de uso común, como agostaderos, fueran arrasados ante proyectos de urbanización o algún tipo de plusvalor de los terrenos. La desertificación del territorio del estado de Zacatecas ha sido espectacular: desde la zona de monocultivo de frijol, la apertura de conglomerados urbanos, la concesión de agua a la cervecera y la industria minera. Una historia del paisaje natural de la entidad podría dar cuenta del desastre ecológico de este maltratado estado. Hay estudios al respecto, de los paisajes antes del siglo 16 a la fecha, en ciertas zonas; y los cambios son asombrosos. Pero en las últimas décadas las modificaciones son muy aceleradas. Con todos los estudios que ahora son posibles, se esperaría que el Estado asumiera el Interés General de la protección del ambiente, pero no ocurre así. El ejercicio de los gobiernos está en manos de los particulares que sólo les interesa la ganancia inmediata. La ambición contra la vida. Y vemos poca reacción social al respecto, modorra humana ante la inminencia de un futuro desolador: el desierto que viene.

 

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