No basta rezar, no basta no involucrarse

No basta rezar, no basta no involucrarse

¿Quién es el culpable de la inseguridad y la violencia? ¿Los padres que no inculcan valores a sus hijos?, ¿El sistema económico que tiene prácticamente sin opciones a los jóvenes?, ¿Las instituciones policiales que no hacen su trabajo?, ¿Las instituciones de desarrollo social, educación y cultura que no incentivan un mundo más acogedor para los jóvenes?, ¿La corrupción imperante que nos ha enseñado que el que no tranza no avanza? ¿La industria cultural que fomenta la exaltación de los narcos como héroes populares?

Probablemente, todos los anteriores. Pero nada se soluciona si seguimos menospreciando los múltiples factores que influyen para este estado de cosas.

Es innegable que los casi 35 años sin crecimiento económico han ido eliminando las oportunidades para los jóvenes; que pasamos de tener cuatro espacios laborales por cada profesionista en los años setenta, a tener cuatro aspirantes por cada puesto de trabajo en la época actual.

Tampoco puede negarse que los salarios cada vez son más precarios debido a la cantidad gigantesca de “Ejército Industrial de Reserva” que hace posible a un empleador dar de baja a un perfil porque sabe qué hay otros en línea listos para ser explotados. Quien tiene empleo tampoco puede sentirse en la gloria pues el salario ha perdido casi el 80 por ciento de su poder adquisitivo en tres décadas.

La migración tampoco es un camino fácil, particularmente luego del 11 de septiembre del 2001, de las históricas deportaciones de Obama y de que llegara Trump al poder con una política tan xenófoba.

Gustan ahora de decir que todo se enmienda con un cambio de actitud, y que en lugar de pedir empleo, hay que darlo. Ojalá fuera tan sencillo como se dice; eso implica tener recursos para invertir, capacitación en ciertas áreas, relaciones y recursos que permitan sobrevivir con paciencia antes de poder palpar los resultados. Imposible no, pero difícil sí.

A esto hay que sumar que la vida profesional no promete mucho, y que también cada vez más, las universidades públicas dejan fuera a miles de personas por no tener el espacio suficiente para acogerlos.

Morir pobre es –dicen los expertos- casi el destino inevitable de quien nació pobre.

En ese escenario, muchos jóvenes no encuentran otra manera de tener movilidad social que la que tienen a la mano, la del crimen organizado.

Cuando se piensa que un “no te involucres” basta para desincentivar la participación de los jóvenes en la delincuencia, se olvida que ahí donde no hay trabajo, hay quien les ofrezca una cantidad considerable por sentarse en un cerro con radio y arma con el único trabajo de avisar quién pase por ahí; olvidan que a donde sólo llegan los ‘coyotes’ cuando las cosechas están cerca de echarse a perder, hay siempre quién ofrece semilla y pago por adelantado para sembrar marihuana; olvidan que donde no hay una escuela, un lugar donde trabajar, siempre hay alguien en camioneta llamativa con dinero de sobra que les encuentra algo en qué emplearlos. Olvidan que mientras haya demanda, habrá oferta y mano de obra para generarla.

No, no basta con pedirles que no se involucren, el Estado tendría que involucrarse en dar posibilidades de vida digna.

Por otro lado, asumir que todos los que participan en actividades delictivas lo hacen por su voluntad es cuando menos ingenuo.

De acuerdo a la organización Cauce Ciudadano, a finales de 2013, había más de 75 mil menores de edad trabajando en grupos de delincuencia organizada1, y según Carlos Cruz, su presidente, se trata de “adolescentes y jóvenes alejados de sus núcleos familiares y comunitarios mediante el uso de la fuerza física o con base en engaños, con promesas de salir de la pobreza opresora, que es la única vida que conocen; también son chavos que están pagando con su trabajo las deudas contraídas por sus papás u otros familiares adictos; chavos cuya obediencia obtienen las bandas de criminales por medio de amenazas no sólo a su vida, sino a la de sus familiares”.2

El activista aclara que quienes viven esta condición que bien pudiera considerarse de esclavitud, -en la que podrían estar los casi 30 mil desaparecidos que contamos-, tienen casi nulas oportunidades de salirse de esa vida, pues ni siquiera podrían entregarse al Ejército o a la Marina durante un enfrentamiento, pues es sabido que estas instituciones procuran no dejar sobrevivientes.

Pero toda esta información parece ser subestimada por quienes creen que basta con soñar, o rezar para que las cosas sean distintas.

Es en esta tesitura que se piensa que decir “no te involucres” es suficiente para que los jóvenes no lo hagan, que decirles que se vistan como ingenieros –profesión que por cierto, tenía Luis Fernando Sánchez Arellano, líder del cártel de los Arellano Félix- es suficiente para que lo sean.

Pero además, tampoco podemos soslayar que las víctimas de la violencia y la inseguridad somos todos, no solamente quienes visten de tal o cual forma, o se dedican a tal o cual cosa. ¿Diremos acaso que el niño Jojan, de cinco años de edad andaba en malos pasos por estar en una tienda de abarrotes a las 4 de la tarde? ¿O asumiremos como faltos de responsabilidad a los niños que salían a la 1 de la tarde de la escuela primaria?

No faltará quien piense que estos casos son excepcionales, “víctimas colaterales”, les dicen, porque según ese mantra que repiten para aliviar sus conciencias y el enojo ciudadano “se matan entre ellos”, sin embargo cada vez es menos creíble la política de criminalización de las víctimas, pues crece día a día la conciencia de que cada asesinado es eso: víctima de un delito, incluso cuando éste tenga otros en su pasado.

Pero no es tomando como criminales por adelantado a quienes son estudiantes, o culpando a los padres o maestros por “la falta de valores” como se logrará detener la violencia; sino con oportunidades, espacios en las escuelas, creación de empleos y todo eso que ante su incapacidad para hacerlo, gustan llamar populismo.

 

1 Nájar, Alberto  (2013, 17 de diciembre) ¿Por qué el narco recluta a miles de menores en México? En BBC Disponible en  http://www.bbc.com/mundo/noticias/2013/12/131217_mexico_menores_adolescentes_reclutados_narcotrafico_chapo_guzman_zetas_sinaloa_an

2 Martínez, Paris (2012, 30 de enero) Esclavos del Narco: Los niños del hampa en Animal Político. Disponible en http://www.animalpolitico.com/2012/10/esclavos-del-narco-los-ninos-del-hampa/

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