David Ojeda tuvo muchas patrias, una de ellas, Zacatecas: Laura González

David Ojeda tuvo muchas patrias, una  de ellas, Zacatecas: Laura González
Conversatorio organizado en honor a Ojeda, originario de San Luis Potosí. Al evento fueron convocados los escritores Alejandro García, Jorge Humberto Chávez Díaz de León y Juan José Macías ■ FOTO: ANDRÉS SÁNCHEZ

■ Rinden homenaje al escritor en el marco de la Feria Nacional del Libro en el estado

David Ojeda (San Luis Potosí, 1950- 2016) tuvo muchas patrias, una de ellas, Zacatecas, donde compartió “los procesos de acercarse a la escritura que crearon esta familia, esta hermandad que nos liga a las letras”, expuso Laura Elena González, quien fuera su alumna y compañera de vida, en el homenaje ofrecido al escritor en el contexto de la Feria Nacional del Libro Zacatecas 2017 el pasado primero de junio.

Al evento fueron convocados, de esa hermandad, los escritores Alejandro García, Jorge Humberto Chávez Díaz de León y Juan José Macías.

Ojeda fue tallerista con Miguel Donoso Pareja y luego él mismo fundador y promotor en los años 80, de una serie de talleres literarios en San Luis Potosí, Zacatecas, Aguascalientes, Ciudad Juárez y Saltillo.

La literatura cumple su cometido en el momento en que encuentra un lector, pero antes existen procesos importantes que ayudan a construir la transformación de los seres humanos. Esa es la apuesta de cualquier arte, “transformar y conmocionar el espíritu de quien se acerca a una disciplina”, dijo Laura Elena González.

David Ojeda preparaba para ello a sus alumnos con disciplina y gozo. Era un hombre alejado de las solemnidades, muy dado a la broma y a compartir con los amigos y el público sus ideas, a menudo contrarias a lo que la mayoría pensaba. Y aunque no inscritas en la contracultura, si lo estaban en la crítica que aún puede reconocerse en quienes se formaron en sus talleres literarios, agregó.

En su texto El campo en la penumbra: Cuando el espejo mira, Alejandro García habló de una lucha “larga, integral y constructiva” de David Ojeda por fortalecer el campo de la literatura en el interior del país.

Compartió de sus formas de enfrentarla, la disciplina y el manejo del lenguaje como exigencias del oficio de escritor, e hizo un recuento de sus etapas creativas a través de sus obras, pero también de las facetas que asumió para conservar este campo: la enseñanza, la traducción, la publicación, la promoción, “pero sobre todo la escritura y la crítica, la insobornable responsabilidad de asumir su lugar en el mundo”.

Aludió a su sentido del humor, su risa, con la que “invertía el orden de los factores, con resultados siempre relativos, siempre vitales”.

Expuso su disfrute de la escritura pese a sus batallas por hacerla y su encuentro con la felicidad en este ejercicio, “un hombre realizado, un hombre que bien pensaba y bien escribía y lo rudo y pesado del mundo lo disolvía con el humor y la risa”.

El poeta Jorge Humberto Chávez Díaz de León trajo a la memoria su encuentro con Ojeda en 1980 en Ciudad Juárez en el momento en que él y otros jóvenes escritores cavilaban en viajar a la Ciudad de México para “establecer los fundamentos de su literatura”.

En su recuento volvió a reiterarse el rigor con que Ojeda exigía a sus alumnos tratar con la literatura para encontrar una voz, y al fin entender “la noción de que la crítica literaria solamente toca al texto (…) no destruye más que lo que debe destruir”.

Refirió “su pasión por publicar y publicar” que para muchos de aquellos jóvenes implicó hacerlo por primera vez de manera digna en la colección Praxis Dosfilos que se editaba en Zacatecas.

Como amigo habló de la enseñanza mutua de vivir con gozo, humor y felicidad. Del hombre de letras que fue David Ojeda como autor y como lector voraz, y de su enseñanza además de a escribir y vivir, a morir cuando de manera digna hizo que al final de su vida las reuniones en torno fueran una fiesta.

Sus discípulos, puntualizó, “pensamos que solamente nos podía ayudar a cruzar un poco a un lado de la literatura. Ahora pienso que no, la importancia de David como escritor ni siquiera la tenemos que enunciar nosotros. Es una cosa que van a definir los lectores de este siglo. Pero lo que sí me queda muy claro es que tuvo la capacidad de introducir una modificación en la literatura mexicana contemporánea”.

David Ojeda propició una sucesión de generaciones de talleristas-escritores, una renovación de las letras, “este distanciamiento que se tiene ahora entre la poesía del centro que ya no es el centro, y la poesía de las provincias que nunca han sido provincias desde que yo nací” es un horizonte y panorámica distintos de la poesía mexicana, y que se le debe a él.

Javier Macías hizo alusión a una serie de homenajes organizados en honor a Ojeda hace tres años, un celebrado en la Ciudad de México, otro en Zacatecas, y un tercero que no se concretó, en San Luis Potosí, y a los que reusaba el escritor por solemnes, y porque eran “para gente que ya se va a morir”.

Dijo que sin David Ojeda no puede entenderse la literatura del Centro-Norte del país, pues a partir de sus talleres literarios sembró en sus alumnos el amor por esta disciplina generando una especie de “bola de nieve” en un momento en que “era una especie de desierto”, donde no existían muchas publicaciones debido a la centralización de la actividad literaria en la Ciudad de México.

En David Ojeda: Espíritu negador, Macías habló de su descubrimiento en el que fuera su mentor y amigo, luego de su ingreso al taller literario que impartía en Aguascalientes, de “ese ángel rebelde que custodió a Baudelaire toda su vida y le concedió aromar con flores sus infiernos”.

Expuso el rechazo de Ojeda a “una sociedad opresiva y represiva, productora de locos y psicóticos”, a la que exponía en sus obras, en su mediocridad.

“Y era esa sociedad que despertaba en ti el espíritu insurrecto, rebelde y negador, antes encarnado en Hegel, Nietzsche, el Conde de Lautréamont y en otros muchos malignos adorables: como Marx, como el Marqués de Sade…”.

Para concluir Laura Elena González habló del gusto de David Ojeda por el rock, concretamente por los Beatles, su afición al deporte que atestiguaba en cualquier de sus variantes, incluidas las luchas de sumo, su trabajo como traductor y el que le llevó a historiografiar las publicaciones de autores, en su recuento, de unos 600 libros, y que se encuentra en proceso de organizar para su publicación.

Anunció que en breve informará en qué editorial aparecerá la última de sus novelas, misma que completa una trilogía cuyos dos primeros títulos fueron publicados en Tusquets (La Santa de San Luis y El Hijo del Coronel), y que tentativamente aparecerá como La Bruja Latina.

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