Las fosas comunes en Zacatecas ¿Los muertos de nadie?

Las fosas comunes en Zacatecas ¿Los muertos de nadie?

Acabó de terminar la novela Patria, de Fernando Aramburu. Se trata de la historia de dos familias divididas por el conflicto vasco. Una de ellas perdió al padre mientras que uno de los hijos de la otra está en la cárcel por ser parte de ETA. El Txato, el padre asesinado por la ETA después de decidir no pagar las cuotas de cooperación que se le exigían, fue enterrado fuera del pueblo donde vivía porque la familia temía por la integridad de la tumba. Cuando los sepultureros estaban metiendo el ataúd en la tierra, la viuda del Txato dijo que más que enterrar a su marido parecía que lo estaban escondiendo.

Hace algunos días un buen amigo – investigador y candidato a Doctor por la Universidad del Colegio de Londres – me compartió un dato escabroso sobre Zacatecas; el Estado no ha sido capaz de dar una respuesta comprensiva sobre la situación de las fosas clandestinas ubicadas en su territorio. Cuando la CNDH solicitó a los estados información sobre el número de fosas clandestinas en cada estado, así como la identificación de los cadáveres depositados en ellas, las respuestas del agente del Ministerio Público Especializado en la Búsqueda de Personas Desaparecidas de Zacatecas fueron raquíticas.

¿Por qué? Porque del 2007 al 2009 las autoridades reportaron no contar con registros relativos a las fosas clandestinas. Se trata de un periodo de dos años en los que no sabemos si se encontraron fosas clandestinas y de ser así cuántas. Para el periodo posterior, de 2010 a 2016, Zacatecas reportó la existencia de 83 fosas clandestinas y la exhumación de 100 cadáveres. Del total de los cadáveres solamente se pudieron identificar 51 y en 50 de ellos no se conoce si quiera el sexo. Es bien sabido que los cuerpos sin vida de muchos de los desaparecidos, y muchas de las víctimas del crimen organizado van a parar a las fosas clandestinas.

Es un hecho que la aparición de fosas clandestinas no es exclusiva del estado de Zacatecas. Lo que realmente preocupa es la falta de capacidad de las autoridades para identificar los cadáveres que son encontrados en las mismas. No contamos con la voluntad o con la capacidad de generar información que oriente las estrategias de prevención del delito. Peor aún, no tenemos ni siquiera las herramientas que permitan identificar un cadáver para dar descanso a personas que llevan años buscando a un familiar. Parece ser que, como en la novela de Aramburu, en Zacatecas no solamente se esconden a los muertos sino que una vez encontrados tratan de hacer como que nunca existieron.

La diferencia está en que conflictos como el vasco tenían un final visible. Perseguían un objetivo – justificable o no- cuya obtención representaría el final del conflicto. En México no es así. Estamos viviendo un conflicto en donde difícilmente sabremos cuando parar. No sabemos si los cuerpos que están en las fosas son de miembros del crimen organizado, de civiles que nada tenían que ver o de oficiales que perseguían criminales. No sabemos si con cada captura de un “líder” del narco nos acercamos al objetivo o simplemente generamos las condiciones para más violencia. No sabemos quiénes son los buenos y quiénes son los malos.

Cada vez que aparece una fosa clandestina repleta de cadáveres que ni siquiera podemos identificar se pone en manifiesto la desgracia que estamos enfrentando. Los muertos son tantos que ya no saben dónde ponerlos. Las capacidades del Estado son tan pocas que no importa si el lugar donde se oculta es evidente. Las muertes lentamente se están convirtiendo en frías estadísticas que se pueden falsear sin ningún pudor o dolor.

Ante tremendo caos, las instituciones necesitan repensarse. Se necesita instalar capacidades de reacción en las procuradurías del estado. Darle las herramientas forenses necesarias para saber quiénes son los que están en las fosas. Se necesita fortalecer las capacidades investigativas para saber quiénes los depositaron ahí, si existen más y estar varios pasos adelante de los delincuentes.

Similarmente, desde la ciudadanía necesitamos empezar a hacer conciencia de lo que está pasando. Nos volvemos ajenos al problema endémico de la violencia. Debemos de acompañar en la protesta a las madres y padres que en estos momentos buscan a sus hijos desaparecidos. Exigir la rendición de cuentas exhaustivas sobre quiénes son los cadáveres que se encontraron en las fosas porque resulta difícil pensar que en la era de la tecnología no podamos tener los mecanismos para lograr esto.

Si las autoridades y la ciudadanía no hacen lo que les corresponde muy pronto no sabremos sobre qué estaremos caminando. No hay que esconder a nuestros muertos, hay que encontrarlos y prevenir que las tragedias aumenten.

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