Los calores del infierno

Los calores del infierno
Elena Poniatowska y Gabriel García Márquez en la casa de Iván Restrepo. Ciudad de México, junio de 1986. Foto Pedro Valtierra. En exhibición actualmente en la Fototeca

La Gualdra 295  /  Río de palabras

A mí me salió una noche

una noche de carnaval

me meneaba bien la cintura

como iguana en un carnaval

le dije pare un momento eh

no mueva tanto el motor

y al ver que gran espanto

Ay… compadre qué sofocón…

Canción popular

 

Para Lilia.

 

El Chueco secaba una larga fila de vasos jaiboleros con un trapo. El Mocos le preguntó al Chueco muy en serio, como si le estuviera preguntado si era seropositivo: ¿Tú crees en los zombis? El Chueco lo miró desde el otro lado de la barra. A huevo que no, respingó el Chueco. Cómo crees. ¿Y en el hombre lobo? No, no, qué voy andar creyendo en mamadas, dijo el Chueco. Pero en el vampiro sí. Insistió el Mocos. El bato colmilludo que les muerde el pescuezo a las chavas bien buenotas, dijo el Chueco. Nel. El Mocos insistió. ¿Y la llorona? La ruca que anda grita y grita por los callejones oscuros y pinchurrientos. Menos. ¿Por qué andas preguntando tanta mamada? Inquirió el Chueco Ya no te voy a servir. Lo amenazó. Se me hace que andas hasta la madre, bien pachecote. ¿Qué no? Dame otra cheve y otro mezcal. Pidió el Mocos. No, ya tomaste bastante. Dijo muy serio el Chueco. Nomás otra ronda, güey. Ahora menos, pinche bato mariguano. Te voy a partir tu madre, a huevito que sí. Oh, si nomás estamos platicando. Porque en los cerros andan apareciéndose prendas de damita colgadas de los árboles, chicheros y tangas. Platos con bocadillos y copas de vino. Y los güeyes andan diciendo que son ritos vudús, de la santería cubana, de la magia bien prieta brasileña y por donde quiera aparecen piedra bola de río formando círculos y estrellas, velas de sebo negro y fruta podrida. Y que se ven por los cerros a mujeres encueradas corriendo como locas. Ya no me estés tirando el choro. El Chueco volvió a su tarea de secar vasos jaiboleros con un trapo. A poco me crees tan güey como para creer en tantísima mamada. Ora me vas a decir que has visto al fantasma del Santo en chinga persiguiendo a la momia azteca. Y que se escucha una música muy tenebras. Y puertas marcadas con estrellas y gatos muertos colgados de las patas. Puritos gatos muertos. Me cae que algo le han de estar echando a las amarillas y al mezcal. Como los gringos a las cocas, puro pinche vicioso anda dando lástimas. A mí se me hace que tú eres un zombi disfrazado. El cuerpo se te pone pachoncito de pelos negros, todos engrifados, en las noches de luna llena y empiezas a aullar. Ora si te parto la madre pinche Mocos. Y ya no te sirvo. Dijo el Chueco azotando la franela en la barra. Me cae que ya no te sirvo. Asustado, el Mocos se cubrió la cara con los brazos. Andas muy locote. ¡Cúchila! ¡Sáquese! ¡Al aver…no!

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