Inés Arredondo. Contra la desventura y la congoja

Inés Arredondo. Contra la desventura y la congoja

La Gualdra 295  / Libros

No creía en el feminismo.

“No existe para mí —dijo en una entrevista—. A mí gustaría estar entre los cuentistas, pero sin distingo de sexo, simplemente con los cuentistas”.

Aspiración que alcanzó con creces al ser considerada, por críticos y lectores, una autora fundamental en la inventiva cuentística de la literatura mexicana.

Siempre que se habla de cuento mexicano, siempre que nos asomamos a cualquiera de las antologías fundamentales del género, ahí estará —al lado de Juan José Arreola, Francisco Tario, Guillermo Samperio…— la sinaloense Inés Arredondo (1928-1989).

¿De dónde vendría?, nos preguntamos ahora, leída su obra, esa aparente facilidad para conseguir los objetivos generales de la buena literatura.

Tal vez, dicho por ella misma, de considerar la escritura un “antídoto contra la desventura y la congoja”.

Fueron veinte años en esta experiencia y tres los libros publicados, sin premura: La señal, Río subterráneo y Los espejos.

En ellos, salidos de imprenta los años 65, 79 y 88, se integran unos cincuenta cuentos que trascienden a cualquiera de las expresiones y modas de la historia (llámese feminismo, llámese como se llame).

Por estos días, la editorial Océano ha puesto en circulación una antología de textos de la sinaloense a cargo de Geney Beltrán Félix, quien también prologa este Estío y otros cuentos.

Dicha presentación nos recuerda la llegada de la autora a la ciudad de México para estudiar Letras en la UNAM, cuando se vinculó a los que con el tiempo serían señalados como la generación del medio siglo. Juan García Ponce, José de la Colina, Juan Vicente Melo, Salvador Elizondo y el recientemente fallecido Jorge López Páez.

Desde entonces, Arredondo encontró en el relato el espacio ideal para contener y desdoblar su lectura de la realidad humana. Historias, si se quiere sencillas, donde aparecen muchos de los fundamentos con los que nos sostenemos (o caemos) los seres humanos.

Son cuentos en donde descubriremos a personajes proyectados por sus “demonios interiores” a situaciones límite, exteriores e interiores, anota Beltrán Félix. Más mujeres que hombres (Olga, Mariana, Wanda, La sunamita…) que habitan la zonas del “decaimiento emocional” y la “derrota interior”.

Personajes de fuertes impulsos y de pesadas fijezas.

“Si bien el goticismo sería la faceta terrorífica del paraíso, su versión lúgubre y perversa —donde la vuelta al paraíso infantil se enfrenta a las fuerzas viriles de dominación que desafían y anulan cualquier aspiración de pureza en los personajes femeninos—, esta imaginación, en último término escapista, explicaría la ausencia de la jerga local en la prosa de Inés”, escribe Geney Beltrán.

Narraciones, abunda el prologuista de este Estío y otros cuentos, que si bien la autora radica en sitios geográficos bien definidos, aportan siempre un lugar universal. El ahora célebre Eldorado, consonancia de la inventiva literaria de Arredondo, una hacienda azucarera entre la mar y el río.

 

Maligna utopía

“Que nunca conoció en sus épocas de esplendor”, escribió Beatriz Espejo, prologuista de los Cuentos completos (FCE) de la escritora sinaloense, pero que supo convertir “en maligna utopía”. En un “territorio enraizado en una encrucijada y un tiempo”. Terreno de “yacimientos inagotables para su arte”.

Eldorado, “sitio primordial alzado en la ficción desde las inminencias y vaivenes de la piel misma, el lugar más allá de todos los lugares donde la individualidad busca disolverse así sea en la rota y lacerante quimera del primer amor, la utopía más evasiva de todas”, complementa Beltrán Félix.

Enhorabuena por esta nueva selección de la obra de Arredondo, cómo no sí este Estío y otros cuentos incluye los indispensables “Estío”, “Olga”, “La sunamita”, “Mariana”, “2 de la tarde”, “Río subterráneo”, “Wanda”, sin importar la ya existente reunión total de su obra.

Literatura escrita por mujeres, que ya a principios de los 80 Emmanuel Carballo identificaba no como “una quimera”; sí, “una realidad comprobable”.

 

Año Nuevo

Estaba sola. Al pasar, en una estación del metro de París vi que daban las doce de la noche. Era muy desgraciada; por otras cosas. Las lágrimas comenzaron a correr, silenciosas.

Me miraba. Era un negro. Íbamos los dos colgados, frente a frente. Me miraba con ternura, queriéndome consolar. Extraños, sin palabras. La mirada es lo más profundo que hay. Sostuvo sus ojos fijos en los míos hasta que las lágrimas se secaron. En la siguiente estación, bajó.

Inés Arredondo, “Año Nuevo”, de Río subterráneo, en Estío y otros cuentos.

 

Dedicatorias

Recorrer la obra de Inés Arredondo es también la realización de una travesía por su vida y una época: sus personas más cercanas. Ella nos lleva ahí mediante las dedicatorias, incluidas casi en la totalidad de los títulos.

A: José de la Colina, Inés Segovia (hija de su matrimonio con el poeta Tomás Segovia), Mario Camelo Arredondo, Juan Vicente Melo, Huberto Batis, Vita, Juan García Ponce, Maruca, Susana Crelis, Homenaje a Katherine Mansfield…

 

***

Inés Arredondo, Estío y otros cuentos, Océano, México, 2017, 188 pp.

 * [email protected]

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra-295

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