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Estado de México: la hora del nuevo destino

Estado de México: la hora del nuevo destino

■ El son del corazón

Qué rápido se fue el tiempo. Las campañas políticas de quienes buscan dirigir el destino del estado de México en los próximos seis años, sólo levantaron una sucia polvareda, un murmullo de mercado, un pleito escolar de dimes y diretes…

Y ya estamos en la recta final, en la conclusión de las campañas. En unos días más, el 4 de junio, habrá elecciones en el estado de México.

Pero lo más interesante que pudo esperarse de estas giras se diluyó en la guerra de las declaraciones y en la filtración de informaciones apócrifas. Los partidos y sus candidatos regalaron la dimensión precisa de su ineficacia, con propuestas de poco contenido político y una lluvia de cifras falsas en las expectativas del voto, maquilladas por las casas encuestadoras. Todo quedó en discursitos grandilocuentes y en gritonas campañas de propaganda.

Pobreza alarmante en política. Pobreza en visión y planteamientos.

Claro, en el desfile de pretendientes hay una honrosa excepción. Me refiero, sin tener que cuestionarme, al método y calidad de atraer nuevos seguidores de la maestra Delfina Gómez Álvarez, representante del Morena, que la convierten en personaje idóneo para ganar.

Lo que más seduce es el carácter con que Delfina ignoró los métodos tradicionales de hacer campañas de los demás partidos. Desechó la mala leche de los reclamos gratuitos, sobre todo de la decadente Josefina Vázquez Mota; nunca hizo referencia de las encuestas a la hora de platicar con sus simpatizantes, fue profunda y atenta en su relación con la gente, no se arrugó ante la conspiración mediática de la jauría de periodistas corruptos, fue más a fondo en su idea del estado y del país, y asistió a las concentraciones con una imagen fresca y pulcra, carismática y honesta.

En los debates públicos, actos inútiles donde los rezagados creen sacar ventaja con la amenaza de develar malignos secretos, no fue pusilánime y no respondió con el acento nervioso y beligerante de los candidatos primerizos.

Varios cientos de miles de ciudadanos van a votar por Delfina para gobernadora, es seguro. Además, desearán que su triunfo influya en las elecciones del congreso estatal de 2018, para iniciar el nuevo capítulo del desarrollo del estado de México, que deberá ajustar muchas cuentas pendientes contra el caciquismo regional.

En cambio, no van a votar por el PRD. Mellado para siempre el filo principista de su origen, este partido no les merece un comentario amable; lo consideran una pandilla que acecha para obtener ventajas personales, no para hacer transformaciones. Su complicidad en las reformas estructurales de Peña Nieto, su silencio ante los casos más sonados de corrupción, su apoyo a candidatos panistas que son delincuentes y de derecha, y su complicidad junto a personajes criminales en la represión social, son argumentos que les impide hacer algo favorable por el partido amarillo.

Consideran que los militantes del PRD ganarían mucho si se desincorporaran de ese partido, en el PRD sólo quedarían los interesados en hacer de la franquicia política un negocio, una fuente de traiciones a cambio de dinero. No tiene defensa ni rescate.

Tampoco tienen salvación sus gobernadores; ¿quién podría dar crédito a los pillos que gobiernan Morelos, Michoacán y Tabasco? ¿Puede invertirse tiempo para escuchar argumentos de los que defienden la candidatura presidencial del doctorcito Mancera, personaje traidor, reaccionario, represor e inoperante?

Y, sin embargo, por ahí anda, muy echado pa´ adelante, el diantre Juanito Zepeda, candidato del PRD al gobierno del estado de México, poniéndose guapo en sus eventos y recorridos, y por las mesas de redacción de los diarios, la radio y TV, luciendo su nueva imagen de político honesto.

Pero muchos no olvidan su pasado reciente, de la mano de Los Chuchos y del misterioso negociador perredista Miguel Ángel Bautista López  (senador por el estado de México, exdiputado federal y expresidente municipal de Cd. Neza), hoy transformado en criado del Grupo Atlacomulco. Zepeda, se ve, recibió una encomienda perversa y ruin al hacerse cargo de la alcaldía de Cd. Neza y una promesa de ser, gracias al poder de su padrino Bautista, el candidato para gobernar el estado mexiquense. Hoy se presenta, gracias a la propaganda, como el único candidato capaz de detener al PRI en el estado de México, después  de noventa años de hegemonía política.

Pero si Juanito Zepeda, bueno para echar grilla y para lucirse como pendenciero de barrio, fuera tan honesto como lo afirma en los noticieros y paneles de la televisión, lo primero que debería hacer es deslindarse de la instancia más podrida de la historia partidaria del México reciente.

Pertenecer al grupo de élite del corporativo PRD, es el único activo de Zepeda. Pero su ventaja, que no es tal, de competir como militante de un partido descompuesto, se le revertirá con una pobre cantidad de votos. Él habla de encuestas favorables, pero ya verá que, a la víspera, eso no sirve.

El doctor Narro sí que la regó, a pesar de su fama de ser hombre limpio e intachable, con experiencia política, reconocido por su prudencia y sensatez.

Alborotado por ser candidato del PRI en las próximas elecciones presidenciales, aceptó hacer méritos en la coordinación de la campaña electoral de Alfredo del Mazo, en el municipio de Ecatepec. En efecto, cayó muy bajo. Como dijo López Obrador, ya se estrenó como mapache.

El Dr. Narro, a pesar de su famosísima honorabilidad, también tiene su historia y no debe extrañarle a nadie su devoción fanática por el poder. Su experiencia como subsecretario de Gobernación no le garantiza una fama rechinando de limpia y, pese a lo que se asegura, su gestión en la UNAM no fue diáfana ni certera. Su eficacia es un mito genial.

Hoy el Dr. Narro legó su nombre y experiencia para sacar del hoyo a Alfredito del Mazo, porque las cosas lucen descompuestas, espinosas para el PRI. Pero esta quemada no se la quitará nadie.

La lista de reputados representantes municipales del PRI, armada con personajes que han deambulado azarosamente por su estructura partidaria y por el gabinete presidencial, con el cuento de sus hechuras políticas excepcionales, demuestra que la gélida respuesta del público en el estado de México no es un cuento. Revela que ahora su perspectiva triunfante es menor, y mayores las contradicciones sociales que irán contra su candidato.

En el PRI no todo son certezas y el miedo ha echado raíces. Los comités locales de ese partido ya no demuestran experiencia ni arraigo ante las masas, necesitan un educador que los corrija. Pero sus preceptores no tienen respuesta, perdieron el toque mágico. ■

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