Ante el mal, la acción decisiva de los tres mosqueteros (que son cuatro)

Ante el mal, la acción decisiva de los tres mosqueteros (que son cuatro)

La sociedad es un sistema donde todo está conectado: el sentido común de la población, los saberes que construyen la cotidianeidad, la estructura económica, el régimen político y las capacidades del Estado. Así las cosas, los males también son sistémicos. Y como los sistemas tienen la cualidad de auto-producirse (ser autopoiéticos), pues resulta que los males se auto producen o reproducen. Una mecánica de colapso y degradación que se vuelve espiral. La sociedad fragmentada sin acción colectiva, un sentido común sumido en la idea de la impotencia, una estructura económica que tiene décadas atascada en el pantano de la pobreza, y un Estado sin capacidades directivas, aprisionado por una red asfixiante de corrupción que saquea todos sus recursos e inhibe toda función positiva. La cosa es que estos rasgos se nutren mutuamente entre ellos: la fragmentación social deshace la cohesión esencial para democratizar el Estado, y la impotencia estatal profundiza el sentido común de que nada puede cambiar. Y un sentido común sin esperanza desmoviliza al sujeto esencial del cambio social: la propia sociedad civil. La corrupción aumenta y produce  una distopía: percibimos que vivimos en el peor de los mundos posibles. Y así, no ‘sabemos’ que las cosas pueden tener solución y ese ‘no saber’ (como profecía autoproducida) hace que perdamos el camino. Estamos en una enredadera con pegamento.

¿Cómo romper ese círculo maldito del sistema que auto produce los males ardientes? Requerimos una serie de actores que se sobrepongan al sistema y generen la espiral contraria. En la experiencia de lograr la Ley Anticorrupción se generó una triple hélice positiva entre la sociedad civil, la academia y la prensa libre que hizo posible que saliera adelante la única propuesta que mantiene con alfileres la esperanza de contar con un sistema efectivo que prevenga y combata la corrupción. Por eso es muy grave que se ataque a estos tres actores que juntos se convierten en el sujeto de la esperanza: a la prensa libre le matan sus periodistas más agudos, a la academia la dejan sin presupuestos y a la sociedad civil la capturan con los mecanismos clientelares. Estos tres actores necesitan de un actor más, para tener a los cuatro mosqueteros del cambio posible: pequeños sectores democráticos al interior de los gobiernos en crisis, que igual están hastiados y exigen soluciones. Si logran hacer sinergia estos cuatro actores, apoyándose mutuamente, pueden conformar una suerte de acción-agente que construya la espiral de la esperanza: todos juntos pueden presionar para proteger la vida de los periodistas comprometidos con la verdad, para exigir que se aumenten los presupuestos a las universidades, integrar y cohesionar a la sociedad civil organizada, y potenciar la acción de los actores gubernamentales democráticos. Así como el sistema reproduce los males, la acción de estos actores se pueden convertir en sistema la dinámica que produzca cambios positivos en cadena: aprovechar la lógica sistémica para salir del infierno. En suma, ante la lógica recursiva del infierno está la unión de actores que se rebelan y rompen el círculo reproductivo del mal. ¡Podemos: hagamos todos, el prodigio!

 

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