Rulfo 100 Años

Rulfo 100 Años
  • Foto de Federico Martínez

Editorial gualdreño 293

A 100 años del nacimiento del escritor mexicano Juan Rulfo, hay quienes se siguen preguntando por qué no escribió más; como si la calidad de la literatura, de la pintura, del arte en sí, pudiera medirse por la cantidad de obras publicadas o exhibidas. Después de leerlo varias veces –lo he leído sin pudor y sin reparo-, de degustar cada uno de los cuentos del Llano en llamas, de volver a recrear la historia de Pedro Páramo –y encontrarme a veces sí y a veces no en el refugio de sus muertos-, después de ver en repetidas ocasiones la historia del Gallo de oro, creo que Rulfo decidió no escribir más no porque no tuviera qué decir, sino porque había dicho lo que había querido, de la forma que lo había pensado, y se encontraba satisfecho. Qué difícil debe ser para un artista sentirse satisfecho, pero tengo la sensación de que así fue.

Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno nació un 16 de mayo de 1917 en Sayula, Jalisco, justo en la época en que de la Revolución se iba haciendo apenas un recuento de los daños; en la misma época en la que Francisco Goitia pintaba uno de sus primeros ahorcados. Juan tenía 36 años cuando El llano en llamas fue publicado por primera vez y 38 cuando salió al mercado Pedro Páramo; años atrás había iniciado con su labor fotográfica. Rulfo tuvo siempre una conexión inescrutable con la imagen, sólida, una especie de matrimonio que lo atormentó hasta sus últimos días; y digo esto porque cuando uno ve sus fotos imagina el sufrimiento del autor por capturar el paisaje en el momento preciso, cuando la luz devela ese detalle efímero y cruel. Sí, primero fueron sus fotos, pero él siguió capturando imágenes para recrearlas también con palabras. Suyo es el sufrimiento de ver perecer en un instante lo que más se ama por efecto de la luz. Y ese sufrimiento también conlleva algo de placer, lo sublime es así.

A Rulfo lo puede leer cualquier persona que ha pisado la tierra resquebrajada por la sequía, que ha visto polvaredas inmensas en un campo con sed y volverá a sentir la resequedad en los ojos, las plantas de los pies ardientes, la lengua seca. Lo puede leer quien ha padecido la pobreza o quien la ha visto de lejos como si no fuera de este mundo la aflicción de los otros; puede, incluso, leerlo quien ha sentido la pesadumbre de la traición y la injusticia, y seguramente volverá a comprobar que la sangre hierve más pronto que el agua del jarro sobre las brasas. Pero habrá quien también lo lea sin haber tenido de cerca una situación como las anteriormente descritas y aun así sentirá que es suya la historia; porque Rulfo habla de la vida y de la muerte, con todo el realismo y la fantasía que éstos conllevan: nadie saldrá vivo de aquí. Léalo si aún no lo ha hecho, no creo exagerar cuando digo que padecerá su literatura hasta amarla inexorablemente.

Juan Rulfo vivió en la Ciudad de México en el edificio Nazas 45, en la misma época que vivió ahí el pintor zacatecano Pedro Coronel; ambos compartían también su gusto por el arte y entre otras cosas, por el alcohol. Fernando Barrientos del Monte, autor de Juan Rulfo: el regreso al paraíso, cuenta que en ocasiones Clara, su esposa, lo encerraba en casa para que dejara de beber, pero “Rulfo, en lugar de tranquilizarse pegaba con su zapato a la pared, y el pintor Pedro Coronel, su vecino también, salía a la banqueta y Rulfo le descolgaba con un cordel dinero para que le comprara una botella de tequila o ron”,[i] su amigo le buscaba la botella y se la regresaba también mediante el cordel. Lejos de pretender demeritar al escritor, cuento esta anécdota para mostrar que a ambos les unía una gran amistad; tan así fue que en dos ocasiones Rulfo escribió para las exposiciones del pintor zacatecano: en 1954 hizo el texto de presentación para la primera exposición individual de Coronel en la Galería Proteo y 10 años después para la exposición que tuvo en la Galería de Arte Mexicano.

Rulfo visitó Zacatecas. Rulfo sigue aquí y en todos los rincones del país. Es éste número gualdreño un sencillo homenaje al escritor, al ser humano que escribió muy poco pero lo suficiente para ser recordado como uno de los escritores más representativos de la literatura mexicana. Mi agradecimiento a todos los autores que participan en este número especial.

Que disfrute su lectura.

Jánea Estrada Lazarín

[email protected]

 

 

[i] Barrientos del Monte, Fernando, Juan Rulfo: el regreso al paraíso, Colección Jalisco, Serie biografías, Jalisco, Editorial Universitaria, 2007.

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