La unidad de las izquierdas: supuestos y paradojas.

La unidad de las izquierdas: supuestos y paradojas.

La coyuntura política del Estado de México, junto a lo que ocurra en las alianzas políticas en Jalisco, marcarán la correlación y rumbo para la batalla esencial: la presidencia de la república el año que entra. Y esta coyuntura es especial porque se observa un escenario muy polarizado; es decir, la diferencia entre elegir a uno u otro de los candidatos mencionados puede ser de efectos muy diferentes. La condición que hace que esto sea así, es la puesta en marcha del paquete de las llamadas reformas estructurales, más la sensible influencia del contexto internacional. En otras palabras: la reacción a favor o contra de las reformas energética, laboral, educativa, etc.; y el posicionamiento en torno al polarizado teatro político internacional, con el ascenso ruidoso de la extrema derecha y algunos triunfos de la izquierda en ciertos países, hará que la lucha por la presidencia en México sea especialmente conflictivo. Los poderes fácticos que se han hecho con el poder político en el país, que suman intereses económicos muy fuertes atacarán con todo a quien pretenda quitarles su fuente de riqueza, lo cual significa en términos concretos, continuar con el esquema de una economía orientada al mercado externo (con todas las reformas estructurales de Peña), y atacar con furia a los así llamados ‘populismos’ con narrativas nacionalistas.

Justo por ello, es risible que se atribuya la negativa a sumarse a una alianza de las izquierdas por ‘razones de trato’. Esas ‘razones’ justifican otra cosa: la negociación sobre la hegemonía de dicha alianza o los intereses de los grupos dirigentes ya amarrados con los mismos poderes facticos del partido oficial. Pero la manera de justificar púbicamente su negativa a formar una alianza claramente ganadora, es con las ‘razones de trato’. Máscaras. Así las cosas, la dirigencia de Morena deberá plantear una distribución del poder al interior de la alianza y con ello, perder el control centralizado de la conducción. Esto es, Morena está ante una complicación: para ganar necesita perder su control central del proceso. Y al revés: conservar la conducción centralizada implica la posibilidad de perder. Los partidos Movimiento Ciudadano y PRD tienen la opción de hacer alianzas con las élites del PAN y del oficialismo; que sin problemas les darán parte del poder que quieren a cambio de garantizar la continuidad del modelo. En suma, lo que hay de real en los acercamientos y alejamientos entre los llamados partidos de izquierda es la negociación sobre la distribución del poder y la hegemonía de un polo que tendría altas posibilidades de quedarse con la presidencia. Y dadas las encuestas hasta ahora publicadas, Morena. PRI y PAN tienen números similares, por lo que estos partidos medianos y pequeños se encarecen.

Pero, ¿por qué dependemos de las decisiones de las burocracias partidarias y sus respectivos intereses para conformar un bloque político ganador? Porque todos los partidos ‘son de arriba’. Esto es, no están conectados con movimientos sociales que les obliguen a tomar cierta dirección en sus decisiones políticas. ¿Por qué el PRD pudo firmar sin problemas el Pacto por México? Porque el poder de sus burocracias no depende de sus votantes o militantes, sino del dinero púbico que adquiere del Estado y distribuye a través de sus operadores electorales. En este contexto es virtuoso el giro populista de Andrés Manuel… explico. El populismo no se reduce a esa tontería que difunde la propaganda oficial, que lo identifica con demagogia. El populismo es cuando un ‘significante vacío’ (como un líder, partido u organización) logran articular demandas sociales de lo más diverso en torno a sí, como demandas incumplidas a profesores, redes de municipios, productores agrícolas, etc. Esto es, ese líder que articula a los sectores populares tiene cierto carácter vacío para permitir la articulación de todas esas demandas populares que han sido incumplidas. Es lo que Laclau llama ‘cadenas equivalenciales’. Si el aumento del poder de este líder es realmente populista, implica que la articulación de demandas da por hecho un programa. Un programa no es un documento de ideas (en términos teóricos), sino la expresión de intereses que pujan en la lucha política. Un programa ‘teórico’ es inútil: estéril abstracción. Por ello, cuando se comparan programas, debe distinguirse qué cosa en ello es expresión viva de sus detentadores y qué cosa es mera abstracción. Cuando hacemos un análisis de este tipo veremos que los programas de las izquierdas no son tan comunes como parece.

En suma, Morena, para ganar deberá articular a los sujetos de las demandas sociales que mencionamos arriba, y al mismo tiempo, negociar con élites políticas y económicas una cierta distribución del poder al interior de un virtual bloque ganador. Pero ambas cosas son, hasta cierto punto, contradictorias. Pero justo en la gestión de esta contradicción está el triunfo o la derrota del proceso electoral en el 2018, y la (re)definición de su identidad. Una fracción del PRD querrá ir con el PAN, tanto en el Estado de México como en la presidencia, si esto se concreta, las élites plutocráticas habrán tomado ventaja. Morena requiere tanto operadores políticos talentosos, como contrarrestar la propaganda antipopulista: identificar populismo con demagogia, supone que sólo la vía neoliberal es verdadera; es decir, supone el pensamiento único. Pero también requiere aligerar el talante autoritario de su líder, con la activación de órganos colegiados de decisión interna. Estas semanas serán decisivas. n

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