Personal Shopper: enfrentando a los fantasmas del pasado

Personal Shopper: enfrentando a los fantasmas del pasado

A partir del siglo pasado y hasta la actualidad han existido incontables registros de lo que ha sido denominado como espiritismo o espiritualismo, la habilidad de lograr comunicarse con personas que han fallecido y que se encuentran en la otra vida, el más allá.

El problema es que dichas pruebas han sido presentadas e interpretadas de un modo tan ambiguo, que aún hasta el día de hoy existen infinidad de escépticos al tema.

En las calles de París conocemos a Maureen (Kristen Stewart), quién se dedica al ínfimo labor de ser diariamente la “compradora personal” de la ropa y accesorios de Kyra (Nora von Waldstätten), una figura importante en la industria de la moda y que todo el tiempo se encuentra demasiado ocupada para hacerlo por su cuenta.

Cada vez que Maureen entra a una de estas tiendas siente la innegable tentación de probarse la ropa que es encargada por su cliente. A pesar de que sabe que está prohibido, varias veces lo hace de manera breve pero lo suficiente como para sentir y lucir esas prendas como si fueran suyas.

Más allá de dedicarse a un trabajo poco o nada emocionante, Maureen se ha quedado en París por otra razón. Tres meses atrás, su hermano gemelo murió de una enfermedad congénita en el corazón (que ella también comparte), pero que de ninguna manera significó el adiós para ambos.

Ella y su hermano compartían la habilidad de ser médiums y lograr un contacto directo con la otra vida y con las personas que lo habitan. Como tal, ambos juraron que el primero en morir deberá mandar al otro una señal desde el más allá.

Maureen espera en la gran casa de su hermano esa señal. Una casa con grandes habitaciones, y ventanas, donde el suelo cruje y a través de la oscuridad se forman figuras indefinidas. Al pasar de los días ella siente una presencia que la sigue a todas partes, pero ya no está tan segura si se trata de su hermano.

En su más reciente película, el realizador Olivier Assayas (Clouds of Sils Maria) crea una interesante metáfora a través del mundo de la moda y sus elementos más superficiales como un reflejo de lo banal y efímera que se puede sentir la vida y del significado que las personas buscan en ella, cuando a veces simplemente no lo tiene, ni siquiera en el más allá.

La cinta resulta en su mayor atractivo un thriller de suspenso asfixiante, cuyos ecos del cine de Alfred Hitchcock son claros en sus secuencias más memorables (algunas involucrando los movimientos de un tren pasando de estación en estación) y donde el preciosismo de la fotografía juega un papel fundamental en relación con la paranoia que vive su protagonista.

Este sentimiento de persecución es aterrizado de gran modo gracias a la destacable actuación de Stewart. Maureen es un personaje demandante con varias capas que reflejan su seguridad pero también sus miedos, y sin embargo, Stewart logra desarrollar esa complejidad en pantalla de gran manera.

A través de Maureen, la actriz nos muestra el deseo innato de vivir otra vida que no sea la nuestra y que tal vez sí tenga significado, como si al usar una prenda que no nos pertenece, automáticamente nos volviéramos otra persona.

Personal Shopper es una película que lejos de complacer a la audiencia nos recuerda que a veces las personas buscan una respuesta fuera de este mundo cuya resolución es más terrenal y no tan significativa, cuando por otra parte (y como plantea el director) el verdadero contacto con el más allá será cuando menos lo esperemos.

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