El gobierno abierto: la democracia posible (Primera parte)

El gobierno abierto: la democracia posible  (Primera parte)

El modelo comúnmente utilizado durante décadas para ejercer el poder político, y desde ahí establecer lazos de comunicación entre quienes forman parte del Estado y quiénes lo son de la sociedad, se ha agotado y es tan claro que hemos asistido en los últimos años a un inusitado fracaso de las promesas de que la democracia minimalista, surgida del proceso de transición política, bastaría a las nuevas generaciones para cimentar el comienzo de un país próspero, equitativo y en pleno desarrollo económico.

No es nuevo esto, ni tampoco lo es que la ciudadanía se hartó más bien pronto de la competencia electoral y que las alternancias le han resultado más bien un remedio muy caro y demasiado selectivo, ineficaz y apenas aplicable a los derrotados, para que terminen contaminados de los males de aquéllos los ganadores.

No es por ello que debe abandonarse la conquista, nada despreciable, de la competencia electoral y la pluralidad política en el México de la post-transición democrática, sino avanzar hacia nuevos modelos de interacción entre la sociedad y el Estado (Gobierno, Legisladores, Poder Judicial y demás instituciones que lo conforman), es decir, hay que evolucionar nuestro minimalista concepto de democracia y apostar por la novedad que nos trae el progreso tecnológico a favor de los valores liberales bondadosos que han significado en mucho, un progreso histórico innegable.

Algunos se mantienen postrados ante la constante negación de la ciudadanía para aceptar con indulgencia la soberbia determinación de quiénes les han de servir; otros se mantienen presos de la utopía en aras de la oportunidad para hacer del ideal realidad, sin saber cómo, o simplemente pretendiendo lo primero,  lo que generalmente culmina en fracasos más estruendosos y decepcionantes que los idiotas esfuerzos por mantener adormecidos a ciudadanos cada vez más despiertos, deseosos de ser agentes activos de los objetivos comunes y aún pendientes. Mientras ello sucede, la democracia se mantiene en espera de la innovación y el resurgimiento de la crítica creativa, y es ahí justo donde cabe el concepto de Gobierno Abierto, para su rescate y reconfiguración positiva.

Si bien es cierto, que como dice Jesús Silva-Herzog Márquez, el mito democrático está cargado de aspiraciones irrealizables y de contradicciones, la tecnología hoy nos ha devuelto la posibilidad del diálogo permanente, en tiempo real, con enormes cantidades de personas, sin importar las distancias. La democracia online es posible, sí se articulan la innovación, la experiencia, la corresponsabilidad, la cooperación y la disposición para volver a nutrir la comunicación política, más allá de sus formas tradicionales: clientelares y acríticas.

Para ello, hay que atender a José Miguel Insulza, Secretario General de la OEA (La promesa del gobierno abierto): “La democracia no es solamente la celebración de elecciones periódicas, libres y justas, basadas en el sufragio universal, ni tampoco reunirse en el seno de instituciones democráticas, sino más bien forjar redes de confianza que permitan a todos los ciudadanos sentirse parte de la misma institucionalidad, de la misma nación. Esto implica, desde luego, un buen funcionamiento del Estado en crear un mayor dinamismo de la democracia.”

Ante el inminente cambio de era y una nueva realidad social, que no puede desprenderse del acontecer tecnológico, la gestión pública y la propia dinámica de hacer, entender y ejercer la política, tiene frente a sí el reto de adaptarse o sucumbir ante nuevos modelos, no necesariamente mejores en seguimiento de principios democráticos conquistados por la historia.

Como bien lo establece Joan Subirats en la obra precitada: “todo gran proceso de cambio, y este lo es, pone en cuestión posiciones de poder y procesos considerados casi como “naturales”. No hay duda que lo importante es dilucidar si internet es simplemente un nuevo instrumento, una nueva herramienta a disposición de los operadores políticos y de los gestores públicos para seguir haciendo lo que hacían, o significa realmente una sacudida, un cambio importante en la forma de llevar a cabo su función. (…) internet modifica la forma de  relacionarnos e interactuar hasta el punto que puede alterar o hacer prescindir totalmente de los procesos de intermediación pre-existentes, generando vínculos y lazos mucho más directos y horizontales,  coincidiremos en que estamos ante un cambio en profundidad de nuestras sociedades. No forzosamente mejor, no forzosamente más justo, pero sin duda distinto. Desde este punto de vista, internet expresa otro orden social, otro “país”. No nos obliga solo a modificar las respuestas, nos permite replantear las preguntas.” n

 

@CarlosETorres_

www.deliberemos.blogspot.mx

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