El neoliberalismo una historia de pérdida de poder adquisitivo

El neoliberalismo una historia de pérdida de poder adquisitivo

Durante los años de la industrialización vía sustitución de importaciones, el salario en México tuvo momentos de caída y recuperación. En la época de la posguerra, el salario mínimo perdió la mitad del poder adquisitivo logrado durante el cardenismo, y no fue sino hasta 1951 con el inicio del modelo de Desarrollo Estabilizador cuando registra una tendencia ascendente llegando a su punto máximo en 1976. A principios de los 80s, México y una buena parte de las naciones latinoamericanas asumieron el modelo neoliberal. Las privatizaciones, el combate feroz a los sindicatos y los derechos laborales de los trabajadores, condujeron al desmantelamiento del Estado de bienestar, a una concentración sin precedente de la riqueza y el ingreso, y crearon condiciones de precariedad laboral y salarial a nivel internacional. En México, esa concentración sin precedentes, en una época de crisis, incrementó la desigualdad pues grandes grupos económicos familiares se vieron beneficiados, mientras que una gran parte de la población cayó en condiciones de mayor pobreza y vio mermadas sus posibilidades de ascenso y movilidad social.

La crisis de los años 80, conocida también como la década perdida, fue el escenario del mayor desplome en términos reales del salario. El salario mínimo real, tuvo una caída aproximadamente del 65% en su poder adquisitivo; el salario comienza su abrupto descenso en 1982, sigue su caída en el sexenio de Carlos Salinas (1988-1994) y durante la crisis de 1994-95, en sólo un año tiene una pérdida del 10% respecto a su valor de 1976.

En los últimos diez años, el salario mínimo tuvo una pérdida promedio de 4.5%, debido a la regla para determinar los aumentos al salario, en función de la llamada inflación esperada para el siguiente año, considerando que el objetivo de inflación a partir del cual se establece el salario, siempre tiene un diferencial negativo con la inflación real. Una crisis económica generalmente es un ajuste entre lo que realmente puede venderse en una economía y lo que se sigue produciendo para vender. Entre los efectos que se manifiestan en una crisis, considerando ese desajuste entre lo que se vende y compra —a partir del poder adquisitivo de la población— y lo que se produce, se encuentra un ajuste inmediato en esa producción hacia la baja y, con ello, despidos masivos de trabajadores. Esta “regla” permite la obtención de mayores ganancias mediante la baja de los salarios en un entorno de poca productividad y genera cada vez menor capacidad de compra. Si comparamos la capacidad adquisitiva del salario, con el número de canastas alimentarias que el Coneval, publica como parámetro para determinar el consumo mínimo debajo del cual las personas se encuentran en condiciones de pobreza, el número total de canastas alimentarias que ese salario podía adquirir en el entorno urbano en 2000 era de 1.69 canastas. Para mayo de 2011, la capacidad adquisitiva había caído a 1.61 canastas, el equivalente a una reducción del 5.9%.

Una crisis económica generalmente es un ajuste entre lo que realmente puede venderse en una economía y lo que se sigue produciendo para vender, causada fundamentalmente por la concentración de medios de producción y riqueza, por la contradicción entre todo el entramado social que produce mercancías, y por la apropiación privada del excedente social. Entre los efectos que se manifiestan en una crisis, considerando ese desajuste entre lo que se vende y compra —a partir del poder adquisitivo de la población— y lo que se produce, se encuentra un ajuste inmediato en esa producción hacia la baja y, con ello, despidos masivos de trabajadores. Las crisis sirven también para ajustar, de acuerdo con la eficiencia en ventas o producción o a las condiciones sociales, qué productores y productos se quedan en el mercado y cuáles salen, qué personas siguen siendo empresarios y cuáles dejan de serlo, qué personas quedaron sin empleo y protección social y cuáles de ellas se dirigieron a la delincuencia, esto es, qué personas y grupos de personas ganaron y perdieron socialmente hablando. Con base en los indicadores anteriores, los trabajadores en general perdieron, en términos relativos su posición original respecto a 1976 y, con ello, vieron empeorar sus condiciones de existencia y reproducción social. En contraste, y a diferencia de la creencia popular de que en una crisis “pierden todos”, grandes grupos económicos bajo el control de unas cuantas familias tuvieron niveles de rentabilidad sin precedentes. Los grandes grupos económicos dominantes en ningún caso —con un país en recesión, mayor desempleo y aumento de la informalidad, entre otros— vieron mermados sus niveles de rentabilidad, al contrario, la aplicación del neoliberalismo ha propiciado un periodo de ganancias extraordinarias a costa de una caída sin precedente en los salarios reales.

Está por verse si en México los trabajadores aprovechan la coyuntura del proceso electoral del año próximo para iniciar la movilización indispensable para recuperar el valor adquisitivo de su salario, revertir la precarización y, con ello, fortalecer el mercado interno para generar empleos e incrementar el bienestar.

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