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Zacatecas violentado: el gobierno ante los cuatro jinetes del apocalipsis

Zacatecas violentado: el gobierno ante los cuatro jinetes del apocalipsis

El paraíso se va convirtiendo en muladar. El milagro de la vida y el misterio de las personas que van floreciendo se desvanecen ante los asesinatos por el combate entre criminales o a manos de secuestradores. Sobre todo los jóvenes. Ahora mismo observamos a zacatecanos reclutados por infaustos grupos y convertidos en bestias: capaces de matar, torturar y fragmentar a semejantes, y tirarlos en algún camino o colonia de la ciudad. Bien decía Bergson, que los humanos somos “animales no-fijados”, en el sentido de que no tenemos esencia fija, como el resto de los animales, a los cuales les es imposible dejar de ser lo que son: un gato no puede dejar de ser gato o una hormiga nunca dejará de ser hormiga. En cambio los seres humanos pueden dejar de ser eso: humanos. Pueden bestializarse y convertirse en monstruos, o también transformarse en seres grandiosos parecidos a dioses mortales. Animales plásticos no-fijados. Moldeados no por la naturaleza sino por las circunstancias y la historia. Y si la circunstancia o el contexto tienen la función de moldes de lo que somos, es esencial saber qué situación está produciendo estas personas decadentes y eventos ominosos que ahora vivimos bajo este cielo cruel y  tierra colorada de López Velarde.

Tenemos cuatro circunstancias que provocan una situación explosiva: (1) un consumo masivo de cocaína (sobre todo) en Estados unidos que rebasa las 800 toneladas por año a precios de oro, que provoca la ambición del más santo de los hombres; (2) una circunstancia de desempleo o empleo muy precario y poco expectativa económica con los jóvenes mexicanos; (3) Una ley que prohíbe la producción y venta de drogas, y por tanto, prohíbe vender un producto que deja enormes ganancias; y (4) una ética inodora en las nuevas generaciones que los reduce a la vida individualizada y al consumo masivo como criterios de ‘vida buena’: el llamado crepúsculo del deber. Como podemos ver, tenemos frente a nosotros los cuatro jinetes el apocalipsis contemporáneo: pobreza de jóvenes sin expectativas que les ofrecen la riqueza de un producto prohibido. ¿Qué ocurre? Pues lo esperado: muchachos que se dejan reclutar por el brillo de los billetes que piden a cambio la venta de su alma, pero en una época donde el alma ya no importa, sino únicamente lo que se puede comprar con los billetes ofrecidos.

Si estos son los ingredientes convertidos en jinetes del fin del mundo, pues hay que ver qué podemos hacer para eliminar a dos o tres de esta banda de jinetes. Hay dos que se pueden atacar: la pobreza y falta de expectativas de los jóvenes, y la prohibición del producto opulento. Si logramos crear una expectativa económica a las jóvenes generaciones y legalizamos la droga, matamos dos jinetes de un balazo de plata. Es poco lo que se puede hacer para combatir la ética inodora y el consumo de estupefacientes en Estados Unidos. Pero para resolver el problema nuestro (de nuestra patria) basta con ultimar a los dos jinetes que mencionamos. Para eso necesitamos a un gobierno decidido e inteligente, no uno manso y servil al país del norte; y preocupado por el bienestar de la población y no por las próximas elecciones. Ocupamos un Estado social.

 

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