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El espejismo de las policías municipales: camino al desfiladero

El espejismo de las policías municipales: camino al desfiladero

¿Son las policías municipales la solución a la crisis de seguridad? Apostando a la condición de cercanía con la gente y que son la ‘base de la pirámide’, pensar que las corporaciones municipales puedan dar respuesta inmediata a los eventos de violencia extrema es un despropósito. Pensar de esta manera conduce a proponer ‘hacer crecer a las policías municipales’. ¿Este razonamiento es un botepronto por los aciagos eventos de Nochistlán o fueron sopesados con rigor analítico?

Es evidente que las policías municipales no tienen ahora mismo ninguna capacidad de respuesta al crimen organizado: ni en personal, ni armamento, ni en resistencia al poder corruptor de estos grupos. Además, en términos constitucionales los cuerpos policiales no pueden conocer de delitos, sino de faltas. Otra pregunta que surge es, ¿es deseable profundizar el modelo ‘robocop’ con los municipales y ‘hacerlos crecer’? Todo el crecimiento de apoyo a estas corporaciones en los últimos 10 años no se ha correspondido con el aumento de su efectividad en casos de emergencia. Así las cosas, ¿en qué evidencia se basan las autoridades para pensar que haciendo crecer a los municipales, la capacidad de respuesta a los criminales será óptima? No aportan ninguna evidencia al respecto, porque no existe respaldo a esta hipótesis. Es el mismo razonamiento que especuló que haciendo entrar al Ejército a funciones policiacas los grupos criminales se verían contrarrestados, y la práctica dice lo contrario. Justo-lo-contrario.

La crisis es de tal magnitud que es indiscutible que el Estado en su conjunto ha sido rebasado por el poder opresor de los cárteles de la droga. Y el poder disolvente del cuerpo social apoya la preocupación máxima que debe llevarnos a pensar la solución por OTRAS rutas. Revisando la historia de Colombia observamos que el gobierno de ese país dejó morir a miles de personas por sostener una estrategia que el único beneficiado de esa manera de hacer las cosas era Estados Unidos. Sobre todo con la exigencia de extraditar a ese país a las cabecillas criminales. Eso trajo como consecuencia un atroz baño de sangre de altísimos costos humanitarios. Por ello, debemos pensar una solución que mejore las condiciones de nuestro estado y país, sin dejarnos presionar por las exigencias norteamericanas. Hoy menos que nunca. Por ello, es tiempo de pensar en la legalización de la droga, su regulación y el establecimiento de las condiciones para acabar con la orgia de sangre y muerte que va en ascenso. Y evitar que el Estado continúe en proceso de descomposición. Es momento de pensar en la raíz del mal y, a partir de ahí, proponer soluciones reales a este grave problema. No podemos permitir que se exhiba como solución algo que sólo es un espejismo más: pensar que la respuesta está en manos de las policías municipales, por más apoyo que se les dé desde el gobierno estatal. Las policías municipales son, ahora mismo, más parte del problema que de la solución. El camino al desfiladero.

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