Universidades privadas: pocas buenas y mayoría malas

Universidades privadas: pocas buenas y mayoría malas

En todas las mediciones de calidad de educación superior que existen en México, Centro y Sudamérica, las universidades privadas, en su inmensa mayoría, están ubicadas en los rangos de la mala calidad. Sí hay algunas universidades privadas que están posicionadas entre las mejores, como el caso de la Iberoamericana, el Tecnológico de Monterrey o la Autónoma de Guadalajara; sin embargo, la mayor parte del sinfín de “universidades” privadas es de ínfima calidad. De hecho, es muy extraño que el Estado acepte darles permisos de enseñanza bajo la denominación de ‘Universidad’ y no los limite a ‘institutos’. En esos establecimientos ofrecen algunas licenciaturas o postgrados con muy limitadas instalaciones, profesores de poca trayectoria dadas las condiciones laborales precarias que ofrecen y no tienen actividad de investigación ni de vinculación. En suma, las tres actividades sustantivas de una universidad, que son la docencia, la investigación y la vinculación, no son realizadas. Las instituciones a las que nos referimos sólo hacen docencia y de manera muy restringida. Así, es un exceso que usen la denominación de Universidad.

En el caso de Zacatecas la totalidad de la investigación está a cargo de instituciones públicas, asimismo la adscripción de los investigadores nacionales y los proyectos de innovación. Es sintomático que en el Diagnóstico de Ciencia, Tecnología e Innovación que elaboró el Cozcyt en el 2014, no aparecen por ningún lado las instituciones privadas: en producción científica, formación de capital humano y en vinculación para la innovación. En esta última el Tecnológico de Monterrey tiene alguna participación, pero solamente. Todo el espectro del impacto está a cargo de las instituciones públicas, y de estas, la gran mayoría de los indicadores son atribuidos a la UAZ.

La pregunta es, ¿por qué las privadas tienen este déficit de calidad? Básicamente es por los recursos disponibles. Es muy difícil para un establecimiento privado mantener una nómina de investigadores o de personal dedicado a la vinculación social que no tienen retornos económicos inmediatos. Para poder soportar los compromisos económicos de una comunidad de docentes se requieren retornos directos, como colegiaturas por recibir el servicio docente. Las universidades privadas que tienen prestigio y alta calidad lo pueden hacer por altos ingresos debido a su prestigio y, aun así, reciben el apoyo de Conacyt para sostener sus postgrados: en el Programa Nacional de Posgrado de Calidad (PNPC) pueden participar universidades privadas y recibir recursos públicos para sostener sus programas académicos.

Como podemos observar, la promoción de la investigación y la calidad de la educación superior, aun dentro de las instituciones privadas, es una tarea de responsabilidad pública. Sin los recursos públicos no es posible avanzar en la formación de las personas que serán los sujetos del desarrollo social. Las instituciones privadas pueden hacer alguna contribución, pero su alcance es muy limitado. El Estado debe hacerse cargo, y si este último no asume su responsabilidad las consecuencias son funestas para el bienestar de la entidad.

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