Una golondrina no hace verano

Una golondrina no hace verano

Uno de los comentarios más frecuentes vertidos en las redes sociales después de conocerse la aprehensión del ex gobernador de Veracruz Javier Duarte ha sido que la red de corrupción es enorme, y que por ello hay muchos “Duartes” a los que todavía nadie ha detenido y a los que nadie está buscando. Ello es la consecuencia de la pavorosa impunidad que caracteriza a nuestro país y que funciona como incentivo para que la delincuencia crezca y se diversifique. La falta de compromiso de nuestras más altas autoridades con la lucha contra la corrupción y la impunidad, se demuestra en el hecho de que después de años de haber prometido la instauración del sistema nacional anticorrupción, es hora de que no ha sido nombrado el fiscal federal a quien corresponde la persecución de ese delito, ni se han integrado las instancias estatales del ramo. El lamentable estado en que se encuentran las dependencias encargadas de procurar e impartir justicia, es la explicación de su escasa credibilidad ante la ciudadanía, que se expresa en la sospecha repetida miles de veces en las redes de que la fuga y ahora la captura del ex gobernador, son hechos convenidos entre Duarte y las autoridades federales para servir a sus intereses electorales y/o como integrantes de la misma mafia.

La única manera de que las autoridades recuperen la credibilidad ciudadana es que terminen ya con la impunidad de la multitud de políticos de todos los partidos que ante los ojos de sus vecinos han multiplicado su patrimonio de manera escandalosa, que han sido denunciados en las procuradurías de justicia, y que nada pasa. En esta materia es muy cierta la frase de que una golondrina no hace verano, aunque se llame Javier Duarte.  Por otra parte, la notoriedad del caso provocará que muchos reflectores sigan de cerca el proceso judicial contra Javier Duarte lo que presionará a los actores para que sea ejemplar, que la investigación haya sido completa y bien hecha para que se sostenga, y que nos ahorren la vergüenza de verlo en libertad por la incapacidad o ¿complicidad? de los fiscales encargados del caso.  En el proceso judicial contra Javier Duarte también veremos si de verdad el nuevo sistema de justicia penal está preparado para combatir la corrupción política. Ojalá que sí.

Por otra parte, también vale la pena reflexionar sobre si la corrupción en que han incurrido algunos gobernadores y munícipes a últimas fechas obliga a repensar nuestro federalismo. Las crecientes cantidades de dinero que han venido manejando desde el año 2000, sin que estuviera a punto algún sistema anticorrupción, y sin que funcione el equilibrio de poderes contenido en la arquitectura republicana de nuestro país, volvió muy actual la frase “En arca abierta, hasta el santo peca”. Si los poderes del Estado no son capaces de auto amputarse sus partes corrompidas, la metástasis de la enfermedad no se detendrá y solo nos quedará el recurso de la acción directa de los segmentos sanos de la sociedad. Falta cada vez menos tiempo para verlo.

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