El PRI de mis horrores

El PRI de mis  horrores

Se cumplieron 88 años del nacimiento del PRI y me pareció gracioso compartir una imagen en redes sociales donde podía leerse “Felicidades al PRI por sus 88 años, ¡Mordida! ¡Mordida! ¡Mordida!” eso fue suficiente para que un militante furioso me mandara un mensaje diciéndome que “si fuera agradecido, le haría un homenaje al PRI por todo lo que le ha dado al país”, pues aquí está mi homenaje:

Tenía 9 años cuando tuve mi primer contacto con el PRI, hijo de campesinos, vivíamos en una pequeña y  pacífica comunidad,  pero en 1998 esa tranquilidad se rompió por el inicio de las campañas para elegir al nuevo gobernador, Ricardo Monreal acudió al pueblo y se comprometió a construir una carretera para nuestra gente a cambio de que la comunidad se revelara y votara por un cambio, a los pocos días también llegaron los representantes de Pepe Olvera para informar que el candidato no había podido asistir, pero que estaban seguros que los campesinos apoyarían el proyecto “ganador” del PRI, porque el gobierno federal estaba listo para retírale su apoyo a los campesinos que no votaran por el candidato tricolor; los hombres del pueblo se llenaron de valor y le enseñaron a los curros tricolores que la dignidad de un campesino se respeta, los pies de hombres, jóvenes y niños campiranos, fueron amablemente recibidos por el trasero de los correlones dinosaurios, desde entonces a la fecha, los momentos más satisfactorios de mi vida han sido pateándole el trasero al PRI.

Lamentablemente no todo es felicidad en esta vida, pues el PRI aun representa a muchos ciudadanos: Representa a las líderes de colonia dispuestas a olvidar la miseria en la que viven sus comunidades a cambio de unas despensas; Representa a muchos jóvenes dispuestos a olvidar los abusos que padecieron sus padres y sus abuelos a cambio de unas cervezas, una playera y la oportunidad de sacarse la foto con un candidato que únicamente tiene gel en la cabeza;  Representa a muchos periodistas que están dispuestos a olvidar la corrupción a cambio del chayote que les permite mantener esa vida de café, licor y depresión; Representa a muchos empresarios dispuestos a olvidar los diezmos, las extorciones y los charolazos a cambio de unos contratos de obra pública. Como pueden ver, el PRI aun representa a lo peor de mi país y representa lo peor de la política, esa cultura de ganar sin escrúpulos, utilizando todas las herramientas a su alcance, incluso las que son denigrantes para ellos mismos.

Cuando era niño repudie al PRI a patadas, ahora lo hago participando, informando, concientizando y tratando de que mis paisanos jamás olviden a los estudiantes muertos en Tlatelolco, a los niños y las mujeres asesinados en Acteal, a los campesinos masacrados en Aguas Blancas, a las mujeres violadas en Atenco.

Que nadie se olvide que fue el PRI y su modelo de corrupción generalizada lo que permitió las devaluaciones y las crisis sexenales, que nadie olvide que fue el PRI quien entregó nuestro petróleo a los extranjeros, en resumen, trabajo para que los mexicanos recuerden que tienen la misma dignidad que aquellos campesinos que expulsaron a patadas a los sinvergüenzas que les condicionaron su voto a cambio de conservar sus apoyos sociales.

Al final, el PRI perdió las elecciones de 1998, mi comunidad se organizó y la alternancia nos dejó una carretera que aún se extiende entre las labores y el monte, como recuerdo de aquellos hombres que se rebelaron y le dieron una oportunidad al cambio.

Lo mismo podemos hacer en las próximas elecciones, debemos recordar que debajo de este traje de ciudadanos abnegados, están los genes de un pueblo que al grito de guerra puede hacer que retumbe en sus centros la tierra, al sonoro rugir del cañón.

Ya sacamos a patadas al PRI del poder, podemos volver a hacerlo, pero esta vez podemos sacarlo de nuestras vidas, no somos un pueblo de corruptos y asesinos, somos una sociedad de personas honestas y trabajadoras, únicamente necesitamos dejar de votar por los gandayas, cumplir con nuestras obligaciones y exigir nuestros derechos. No es tan difícil cambiar, solo necesitamos decidirnos.

El mejor homenaje que puede recibir ese viejo y corrupto partido, es que sus abusos nos motiven a mejorar y decirle con orgullo: PRI de mis horrores, tú me motivaste a cambiar. ■

 

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