Francisco: cuatro años de pontificado

Francisco: cuatro años de pontificado

El pasado 13 de marzo se cumplieron cuatro años del inicio del ministerio de Francisco como Papa. Han sido cuatro años intensos y en general muy productivos. Un Papa que desde el primer momento causó gran expectación, admiración y hasta escándalo por su forma tan peculiar de ser y de desempeñar el ministerio de obispo de Roma. Sin pretender hacer un balance de su pontificado ni reducir su desempeño en base a números y estadísticas es importante señalar que en estos cuatro años el Papa Francisco ha emitido 18 Decretos de diversa índole, ha escrito 44 Cartas Apostólicas, 11 Constituciones, 2 Encíclicas y 2 Exhortaciones Apostólicas.

A un mes de haber iniciado su pontificado estableció un consejo formado por 9 cardenales como instrumento de apoyo en el gobierno de la Iglesia, son nueve personajes de diversa nacionalidad, edad y formación; con esto ha pretendido concretar la descentralización de la curia romana y abrirse a la universalidad de la Iglesia. Con el fin de renovar el así llamado Banco vaticano, oficialmente el IOR, estableció el Consejo y la Secretaría de economía, convocó el jubileo de la misericordia, buscando iniciar lo que él mismo llamó la «revolución de la ternura». En estos años ha realizado viajes apostólicos a Sri Lanka, Cuba, Estados Unidos, Polonia, Brasil y a nuestro país el año pasado.

Ha sido, desde el primer día, un Papa polémico, poco convencional, que vino a romper muchos de los mitos en torno a la figura del Papa, del Vaticano y de la Iglesia toda. Es cierto que no a todos les ha parecido adecuado su modo de obrar, pero en general goza de aceptación y apoyo en toda la Iglesia, sin faltar la oposición más o menos explícita de ciertos grupos al interno del Vaticano y de la Iglesia. Es un hombre que poco se apega al guión, que no gusta de los grandes protocolos y ceremonias, que rompe continuamente los órdenes y prácticas del Vaticano. Habla de todos los temas, no rehúye a la prensa y dice con naturalidad y sencillez lo que piensa, aunque eso incomode a sus cercanos colaboradores.

Ha desatado verdaderas tolvaneras al expresar su opinión sobre temas polémicos como el aborto, los homosexuales, el sacerdocio de las mujeres, el chismorreo en el Vaticano, la posibilidad de sacerdotes casados, etc., todo lo cual ha provocado debates en todos los niveles y tomas de posición de obispos y cardenales. La celebración del Sínodo sobre la familia y la publicación de la Exhortación Amoris Laetitia, que recoge las conclusiones de dicho Sínodo, desató fuertes discusiones dentro y fuera  de la Iglesia. Muchos cardenales hicieron públicas sus opiniones sobre ciertos temas, como el acceso a la comunión eucarística de los divorciados vueltos a casar.

Para muchos medios amarillistas se trata de claros signos de oposición al Papa y de división al interno de la Iglesia, vaticinan el fin del papado y de la Iglesia católica. Pseudovaticanistas aparecen con frecuencia en los noticieros de televisión haciendo “análisis” sobre la situación del Papa y de la Iglesia, expresan que son cosas que nunca se habían visto, que hay divisiones en la Iglesia y que el fin está cerca. Lo único que reflejan estas opiniones es ignorancia sobre la verdadera naturaleza e historia de la Iglesia.

Francisco ha sido un Papa muy activo en las redes sociales, envía video-mensajes para eventos de diversa índole como el Super Bowl, se toma selfies con los jóvenes, concede entrevistas a medios de todo el mundo, sus gestos son, por lo general, bien recibidos y apreciados. Claro que todo esto ha provocado también que muchas veces sus palabras sean descontextualizadas y distorsionadas haciéndole decir cosas que en realidad nunca dijo, claro que eso es siempre una posibilidad en el ambiente de las redes sociales en donde la verdad se torna opinión, pero por tratarse del Papa obviamente que tiene mayor repercusión.

Pero a pesar de esto no rehúye la polémica, sabe que tiene poco tiempo y que la tarea es grande, es consciente que su persona y ministerio es pieza clave en la renovación de la Iglesia; no todo de pende de él, lo sabe y actúa en consecuencia, pero consciente que en sus manos está el iniciar verdaderos procesos de conversión y vuelta al corazón del Evangelio ha aprovechado cada día de estos  cuatro años de pontificado.

La Iglesia es una institución histórica, pero no condicionada ni determinada  por la historia,  formada por personas frágiles y falibles, pero que  no se agota en la humanidad de sus miembros, es una institución de ayer y de hoy, siempre en movimiento y renovación. Sus cambios, a veces lentos, no responden a una simple y banal adaptación para sobrevivir, sino a la lógica del Evangelio, carta magna de su ser y misión en el mundo. Encuadrarla y juzgarla en categorías sociológicas o políticas es reducirla y en consecuencia no comprenderla. ■

 

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