Los estudiantes universitarios: cortar la serpiente que se muerde la cola

Los estudiantes universitarios: cortar la serpiente que se muerde la cola

¿La Universidad forma ciudadanía? De hacerlo, los estudiantes y profesores cultivarían una serie de valores cívicos: mantenerse informados sobre los asuntos públicos, preocupación en formarse una opinión propia a partir de datos, evidencias y razonamientos con validez, interés en participar en la definición de las cuestiones públicas y celo en el ejercicio de su libertad tanto de opinión como de acción. Y el ejercicio de esos valores debería empezar justo en los márgenes de la vida universitaria. Como la institución está en crisis, se esperaría que la reacción de los universitarios se volcara a la solución de abusos internos. Como los indignados españoles exigiendo un ‘basta’ a la corrupción y la decadencia de las instituciones. Pero ante la evidencia documental de la corrupción que pone de manifiesto el uso de la Universidad por verdaderas mafias que se roban el recurso público, y con ello, impiden que se use en becas, pago de nómina o instalación de laboratorios. Y en lugar de eso, construyen mansiones lujosas para el disfrute de haciendas privadas. Sin embargo, la explosión de la indignación universitaria no ocurre. Se observa a los profesores pasando en bajo perfil, nadando de muertito, sin hacer ruido para estar tranquilos (sin problemas privados) en medio de la tormenta. Esto es, sin interés efectivo en los asuntos públicos, sino en la protección del interés individual o profesional. Esta actitud pasiva de resguardo es efecto del escepticismo: la creencia de que nada se puede hacer, o de que todos los esfuerzos para remediar los problemas son inútiles. Un nuevo estoicismo se establece: ¿cómo vivir (serenos) en un mundo que no se puede cambiar? Pues resguardando los intereses propios sin tomar los riesgos por exponerse en la luz de los conflictos públicos.

¿Hay alguna manera de generar un renacimiento de los valores de ciudadanía? Porque el círculo vicioso (la serpiente que se muerde la cola) entre el escepticismo y el crecimiento de los cánceres institucionales, es justo el gran problema cívico al que nos enfrentamos. La punta de la madeja son los jóvenes en general y los estudiantes en particular. En el caso universitario los profesores están en una condición menos libre porque están cuidando su contratación o su promoción o su seguridad laboral; por ello, es muy difícil que ese sector hable y actúe con libertad. En cambio, los estudiantes no tienen esas ataduras: su relación con las autoridades es de menos dependencia. Pueden opinar o actuar y no les pasa nada. Por eso los estudiantes han sido los sujetos más importantes en los cambios en las universidades, y en la sociedad en general. Así las cosas, el ascenso de la participación estudiantil en los casos que requieren transformación de las estructuras caducas, es vital para hacerlo efectivo. Ojalá y los estudiantes pronto se manifiesten y organicen. Recordemos que la organización estudiantil se comporta como estallidos que en muy poco tiempo forman importantes enjambres con poder de cambio. En suma, los estudiantes pueden cortar a la serpiente que se muerde la cola.

 

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