¿Por qué una persona logra imitar a la perfección la voz de otra?

¿Por qué una persona logra imitar a la perfección la voz de otra?

Los niños imitan las voces y la forma de hablar de los adultos, además de las palabras que estos utilizan, para aprender a expresarse correctamente y ganar vocabulario. Esta estrategia también resulta útil para aquellos que están iniciándose en un nuevo idioma: copiar la pronunciación de las palabras o la prosodia de esa lengua (sus características fonéticas) les ayudará a asimilar sus particularidades.

Sin embargo, hay quien emula la voz y los ademanes de otros por placer o para divertir al público. Numerosos actores y humoristas se han hecho famosos por su especial don para las imitaciones, mientras que personas no son capaces ni tan siquiera de reproducir un acento voluntariamente (incluso aunque se les pegue sin querer). ¿En qué se fijan estos hábiles imitadores y cómo son capaces de modificar su voz?

Más allá del aspecto puramente lingüístico, hay otros elementos que conforman nuestra identidad fonética. Estos pueden provenir del exterior -derivados de la cultura o los hábitos que tengamos, como el acento- o estar determinados por la anatomía y fisiología del aparato de fonación (donde se incluyen la laringe y las cuerdas vocales) y el resonador (boca, faringe).

Mientras que las oscilaciones de las cuerdas vocales determinan factores como la frecuencia y la armonía del sonido, el también conocido como tracto vocal lo moldea por resonancia. Así, el sonido que producimos al hablar es el resultado de la combinación de estas variables, que determinan el tono e intensidad.

“Las anatomías vocales diferentes producen voces distintas”, señala un reciente estudio sobre imitaciones e identidad vocal elaborado por investigadores argentinos.

“Las voces son únicas debido a las características de su timbre”, nos explica el actor e improvisador vocal Enrique Martínez (Los Hombres de Paco). Como en un instrumento de música, “el timbre conforma la personalidad vocal” de cada individuo. Esta variable viene, a su vez, determinada por el conjunto de armónicos (vibraciones de las ondas) que la constituyen.

“Para lograr emular la voz de otra persona, tienes que saber cómo cambiar tu tracto vocal para producir diferentes sonidos y calidades de voz: controlar los músculos, como la lengua, y aprender cómo articular para producirlos”, nos explica la investigadora en fonética Elisabeth Zetterholm, cuyo campo de estudio se centra en la imitación oral.

Sin embargo, aunque los imitadores sepan controlar ciertos elementos de su aparato de resonancia, hay una parte que responde a la intuición. “Y que no está relacionada con la anatomía ni con cómo sean tus cuerdas vocales”, señala Martínez. Las imitaciones requieren la participación de distintas áreas del cerebro: mientras el hemisferio izquierdo controla el habla, el derecho se especializa en habilidades perceptivas y musicales.

Observar para actuar

En cuanto a los factores en los que se fijan los imitadores, la investigadora sueca señala que estos tienen en cuenta el dialecto, el tempo del discurso, el ritmo, la frecuencia del sonido, los gestos, cualidades de la voz (si es chirriante o se quiebra), la pronunciación y los ruidos propios de la otra persona.

“Siempre he dicho que las eses de los personajes son muy características”, nos cuenta el humorista Carlos Latre. “No es lo mismo la ese de Rajoy que la del rey emérito o la de Leo Messi”, añade. Pero hay otros muchos aspectos en los que se fija: “El tono, el color, la musicalidad…”

Gran parte del secreto, no obstante, está en la práctica. Aunque admite tener cierta habilidad innata, Latre atribuye la mayor parte del mérito al “trabajo, trabajo y más trabajo”.

Según Zetterholm, “cualquiera puede ejercitarse para convertirse en un imitador”, aunque los resultados no serán los mismos en todos los casos, pues el éxito depende también de las capacidades de cada uno. “Los imitadores que conozco tienen un oído muy sensible, escuchan detalles y pequeñas diferencias entre distintos hablantes”, señala la experta.

En cualquier caso, tampoco hace falta emular todas las características de la oratoria de otra persona para copiar su forma de hablar. “Los imitadores se fijan en factores y elementos específicos y los exageran”, advierte la investigadora sueca. Latre asegura que la observación es algo fundamental.

“Intento quedarme con los detalles del imitado: cómo coloca la mandíbula al hablar, de dónde es, cómo camina, cómo son sus movimientos”, dice el humorista.

Los científicos argentinos distinguieron en su estudio dos tipos de imitaciones: las réplicas más fieles y las caricaturizadas. Cuando pidieron a una serie de personas que juzgaran el parecido entre la imitación y la locución original, los participantes respondieron de manera diferente según el criterio establecido.

Mientras que encontraban más parecidas acústicamente las imitaciones rigurosas, aseguraban que las voces parodiadas o exageradas transmitían mejor la identidad del imitado. Según los investigadores, la forma en que analizamos los sonidos para buscar semejanzas es parecida a la que usamos cuando comparamos imágenes. De ahí que nos fijemos más en los ademanes o ciertos patrones especialmente significativos.

No obstante, Latre advierte que no hay por qué exagerar los rasgos originales, ya que en algunos casos se acaba cayendo “en la parodia”. “No puedes exagerar a Raphael, Boris Izaguirre o Mario Vaquerizo”, aclara.

“Cuando escuchamos una imitación, apreciamos los rasgos específicos que esperamos encontrar”, señala Zetterholm.

“No notamos los detalles que no son obvios ni importantes para nosotros a la hora de reconocer al hablante a quien están replicando”, y menos cuando los imitadores se visten o actúan como el otro.

Si fuéramos más quisquillosos, “probablemente, apreciaríamos cuando el imitador falla y usa su propia voz”, dice la experta.

Y a ti, ¿qué tal se te dan las imitaciones?

Fuente: tecnoxplora.com

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