La política de prevención del delito: poca esperanza tenemos

La política de prevención del delito: poca esperanza tenemos

Es escalofriante enterarse del diagnóstico del responsable estatal de seguridad sobre el caso del problema delictivo que hemos venido sufriendo en el estado de Zacateas, por su falta de realidad. Parece que todo se reduce a una guerra entre grupos criminales y no hay ocupación del territorio, domino de espacios estratégicos (como el caso alarmante del mercado de abastos) y reclutamiento de jóvenes zacatecanos. Además constatar que las policías municipales no pueden “prevenir” nada ni remediar nada: nulas capacidades que, de hecho, llama a la hilaridad cuando se afirma que esas corporaciones realizarán la llamada “policía de proximidad”. Mientras el escenario es preocupante por la escalada sin control de la incidencia delictiva: en 2015 se constata un incremento en la incidencia delictiva por cada 10 mil habitantes del 22% respecto al 2010. Es decir, tanto la incidencia delictiva-violenta como la percepción de inseguridad aumentan al grado  que derraman los datos, es decir, saturan la expectativa. Y lo más relevante: el 87 por ciento de la estadística de la violencia es con menores de 29 años. Víctimas y victimarios son jóvenes.

Así las cosas, urge un programa muy serio de prevención del delito que tenga como objetivo evitar que los jóvenes se involucren en actividades criminales. Y para hacerlo se debe atender los factores de riesgo. Pero ahí es donde no sabemos cómo harán para atenderlos: uno de los principales factores de riesgo es la des-escolarización, es decir, los jóvenes no escolarizados son los que incurren en las actividades delictivas, pero no hay planes para aumentar la escolarización de los jóvenes en edad universitaria. El otro factor de riesgo es el empleo precario. La imposibilidad de los jóvenes de integrarse al mercado de las oportunidades. ¿Cuál estrategia se tienen al respecto? No hay nada. No hay estrategia sobre cohesión social. A lo más, el programa de Godezac en prevención del delito llega a coordinación entre dependencias, algo aún lejos para la necesidad de mayor cohesión social. Años luz. Una estrategia no es un programa que se maneje desde una dependencia. ¿Con qué personal llevarán a cabo la intervención en las colonias con foco rojo? ¿Policía municipal? ¿Trabajadores sociales? ¿De dónde los van a sacar? Ante las situaciones de riesgo, ¿quién dará las garantías necesarias? ¿Tienen diagnósticos por colonia y comunidad? Porque no observamos la estructura de operación que se requiere. Ni humana ni material.

En suma, parece que un plan serio en prevención del delito orientado a la efectividad, es decir, con enfoque de cohesión social no existen las condiciones y las capacidades para realizarse. Vemos policías con perfiles imposibles para destinarse a la proximidad, ausencia de estructura de operación para la intervención social y falta de recursos para estas estrategias. En suma, vemos un panorama negro para el estado y, especialmente su zona metropolitana. Parece que el desgarramiento social continuará y la crisis nos llevará a mayor desesperación. Poca esperanza tenemos.

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