Juan Villoro. “La vida es limitada, pero la imaginación no lo es”

Juan Villoro. “La vida es limitada, pero la imaginación no lo es”
Juan Villoro en Zacatecas.

La Gualdra 282 / Literatura

El escritor Juan Villoro estuvo en Zacatecas recientemente, esta vez para dictar la conferencia de clausura del 5º Encuentro de Narrativa del Centro Occidente, en la que habló de la importancia de la imagen y otras formas de narrar, de hacer literatura. Presentó, asimismo, un trabajo documental basado en el trabajo fotográfico de Paolo Gasparini, en el que se puede constatar cómo es precisamente que la imagen es el detonador de las palabras, y cómo éstas se unen a las impresiones fotográficas para hacer un entramado único. Si las palabras son signos que propician imágenes, también las imágenes son en este sentido signos que pueden ser desentrañados a través de la reflexión y la interpretación; de ahí surge “Letanías del polvo. La vida interior de las imágenes”, presentado al término de su conferencia en el Museo Zacatecano, un documento visual-literario entrañable.

Platicamos con él al día siguiente, antes de que volviera a la Ciudad de México; la charla comenzó con el tema de las entrevistas, platicando de cómo él se ha convertido con el paso del tiempo en un personaje multi-entrevistado. A Villoro se le pregunta prácticamente de todo, de literatura, de política, de futbol, de artes plásticas, de política… y si eso sucede es porque de alguna manera, encontramos en él a un líder de opinión cuya credibilidad está por encima de todo.

 

JEL: Con tantas entrevistas, ¿no es cansado de pronto ser Juan Villoro?

JV: Puede ser… ¿sabes qué es lo más grave de las entrevistas? Que te hartas de ti mismo. Porque como sólo eres una persona, reflexionas y dices “esto ya la dije, esto también, y no puedes inventar mucho…” [ríe]. Sí me canso de ser Juan Villoro, por eso escribo, porque cuando escribes puedes ser muchas personas, eso es lo maravilloso de la literatura. Entonces yo cuando estoy escribiendo, si escribo para niños soy el profesor Ziper; si escribo para adultos puedo ser un médico que protagoniza mi novela El disparo de Argón; o puedo ser el investigador Julio Valdivieso que está buscando aquí en Zacatecas papeles perdidos de Ramón López Velarde; puedo inventar muchas realidades, puedo ser mujer, incluso.

 

JEL: ¿Una especie de desdoblamiento a través de la literatura?

JV: Sí. Eso me encanta, el desdoblamiento en la literatura es muy importante porque escribir significa ponerse en la piel de otro; Cervantes no era El Quijote y se puso en su piel; ¡Shakespeare no era Hamlet! Imagínate lo que hubiera tenido que hacer Shakespeare para ser Hamlet, Macbeth, el rey Lear, Cordelia, Lady Macbeth, todos sus personajes… Eso es maravilloso, entonces, por supuesto que si yo no estuviera cansado de mí mismo yo no escribiría. Ésta es una manera de explorar posibilidades que no son tuyas porque la vida es limitada, pero la imaginación no lo es.

 

JEL: Algo hay en el personaje de Juan Villoro, porque en este sentido es un personaje, que hace que todos queramos preguntarle lo mismo por el gasolinazo que por la pieza de Orozco en la Zona MACO. Te preguntamos de todo…

JV: Bueno, hay gente que ha tenido un rango mucho más amplio que yo; por ejemplo Carlos Monsiváis, realmente él sabía de todo, quizá con excepción de futbol, que nunca le gustó ni lo entendió… Es una de las razones por las que yo escribo de futbol, porque al menos él dejó esa parcela descubierta [ríe]. Yo me he interesado en varias cosas porque tengo una curiosidad muy dispersa, me aburro muy rápido y me entusiasmo muy pronto: un tema aparentemente se me agota y me intereso en otro, pero trato de reconocer mis límites, hay cosas de las que no puedo opinar.

 

JEL: Hubo una generación de escritores, a propósito de Monsiváis, que vivía como en su propio personaje, a través de él… digamos que eran la mejor representación de su propio personaje, como el caso de Juan José Arreola, el mismo Salvador Elizondo…

JV: Hay escritores que han tenido un personaje muy marcado; en España por ejemplo, Ramón Gómez de la Serna, quien llegó a dar una lectura a bordo de un elefante, un tipo muy teatral; o Valle-Inclán, con sus grandes barbas, le faltaba un brazo y era un excéntrico profesional que actuaba como Valle-Inclán; de Víctor Hugo decían que era un loco que se creía Víctor Hugo… Ha habido muchos escritores que se han construido un personaje. Pero yo creo que incluso no tener un personaje, o ser discreto, es otra manera de asumir una presencia o una ausencia pública; hay escritores que nunca dan entrevistas, que no se dejan fotografiar y tienen su propia manera de circular, que es distinta. Es inevitable, sin embargo, que si tú circulas en el ámbito de la comunicación, tengas una manera de presentarte a ti mismo.

JEL: A mí lo que me preocupa es que en México leemos poco y leemos, muchas veces, mal… Yo he notado además que en tiempos recientes, hay una especie de desvinculación del artista, en términos generales, con su sociedad. ¿En qué manera el mismo escritor contribuye a que su obra se lea o no?

JV: Sí, mira, Cristina Rivera Garza, que es una espléndida escritora, habla de algo que me parece muy interesante, “la apatía militante”. Ella dice que la apatía, un desinterés por las cosas, también puede ser fomentada y construida porque es muy conveniente y muy cómoda. Hay quienes dicen, por ejemplo, “me interesa sólo una cosa en el arte y no me comprometan en nada más, y no me meto en problemas porque mi opinión a lo mejor me quita una beca, o me dejan de invitar a un lugar, o se enoja conmigo el gobernador”… Esto es muy cómodo, hay muchos artistas que han construido esta visión de sí mismos, que sólo se dedican como especialistas a una sola forma de la estética; eso me parece legítimo también, a nadie se le puede obligar a que se comunique con los otros. En lo personal, yo sí creo que es importante este intercambio de ideas, pero también creo que es muy peligroso que el personaje sea más importante que el artista, que lo devore… lo hemos visto en casos como el de Salvador Dalí, que francamente se convirtió en un ícono comercial de sí mismo, sus bigotes llegaron a ser más importantes que sus cuadros [ríe]. O hay escritores cuyas opiniones políticas son más importantes que sus libros… Pero bueno, en una sociedad como la nuestra, que es tan desigual, en donde hay un índice de lectura tan bajo… y en alguien que como yo ejerce un privilegio, que es el de escribir y que puede vivir de eso, yo creo que es una responsabilidad dar algo a cambio, tratar de incrementar el circuito de los lectores y tratar de ampliar un poco la discusión de lo que somos.

 

JEL: A mí me preocupa el caso de las políticas culturales también, porque veo que los esfuerzos que se están haciendo en cuanto a difusión y promoción de la cultura en el país, y en el caso concreto de los estados, no están resultando del todo eficientes. Podemos ver que el número de eventos culturales se ha incrementado paulatinamente pero no se ve reflejado el esfuerzo en términos de reestructuración social.

JV: Estoy totalmente de acuerdo contigo. Cuando murió Rafael Tovar, que fue un gran creador de instituciones, hubo una reflexión que para mí viene de bastante lejos, que tiene que ver con cómo mejoramos la calidad de la difusión cultural. Yo creo que tradicionalmente ha habido dos ejes que han sido importantes pero no son únicos y que no bastan. Por un lado está la defensa del patrimonio, y por otro, el apoyo directo a los creadores; es decir, desde las becas, hasta los congresos, las lecturas, los festivales, en los que se hacen actividades. Pero está faltando lo más importante, que es la creación de públicos, efectivamente. Esa creación de públicos es la que a la larga, además, garantiza la cultura. Si nosotros logramos que la cultura se convierta en una exigencia necesaria para la vida, en el futuro habrá públicos que la defiendan porque la van a necesitar como una gratificación. Para la mayoría de las personas de la Ciudad de México, por ejemplo, Bellas Artes es una estación del metro… Estuve yo en el grupo ciudadano que redactó el borrador o la propuesta de Constitución de la Ciudad de México, y ahí logramos que los derechos culturales se asociaran a los derechos humanos; es decir, la idea del sujeto o de la persona, es una idea que incluye lo cultural, porque no basta con tener trabajo y tener una vida segura para ser una persona plena, se necesita para ello una gratificación espiritual, cultural. Entonces, si la gente entiende que la cultura forma parte de sus necesidades, será la primera en defenderla. Esto es un proceso educativo y un proceso de insertar a la cultura en las necesidades de la comunidad.

 

JEL: Y ejemplo hay de que eso es posible…

JV: Sí, está el caso singular de la Feria LéaLA, que se ha hecho en Los Ángeles, por ejemplo. Una feria en español, que lleva autores de muy buena calidad, a una comunidad donde hay millones de mexicanos que nunca habían recibido esa satisfacción. Entonces, estamos ante una actividad cultural, como lo que tú mencionabas, de alta calidad, para una comunidad que la necesita. Pero hay un divorcio entre ambas, porque la comunidad no sabe de la utilidad de esta actividad; si durante dos años se hiciera trabajo en las comunidades, en los barrios, si se hablara de los autores, con los autores, entonces cuando se hiciera la feria eso sería una gratificación a una necesidad que ya se creó previamente. Pero si llega como “un platillo volador”, pues solamente algunos entrarán. En este caso, hubo escenas conmovedoras de gente que por primera vez en 30 años tuvo acceso a algo en su propio idioma… Eso es el trabajo que nos está faltando, trabajar desde abajo con las comunidades, el trabajo de creación de públicos. Es difícil de lograr y me atrevo a decir, que uno de los obstáculos son los creadores mismos…

 

JEL: ¿Por qué?

JV: Porque los creadores reciben beneficios muy directos, y si se orientara el esfuerzo a crear públicos y son los públicos los que van decidiendo qué es lo que les interesa o no les interesa, el creador va a dejar de ser este “especialista de élite” favorecido. Los creadores quieren reconocimiento, eso es una condición humana perfectamente explicable; pero en cierta forma no estarían tan a favor de que los recursos que se destinan prioritariamente a beneficiar a una élite de creadores se dedicaran a estimular el arte en general entre las mayorías. Entonces ahí hay un aspecto conservador de los propios creadores, que difícilmente renunciarían a sus beneficios; y de hecho, si nosotros vemos, desde Salinas hasta la fecha, que el país ha estado devastado, pues la participación política y social de muchos artistas yo creo que ha sido menos fuerte que en el caso de no recibir tantos beneficios directos del Estado.

 

JEL: ¿Las becas dañan, en cierto sentido?

JV: Puede ser, a mí me pasó cuando dirigía La Jornada Semanal, que le pedía una colaboración a alguien que acababa de recibir la beca del Sistema Nacional de Creadores y me decía: “Ya no necesito colaborar porque ya tengo la beca”. En ese caso yo creo que la beca no potenciaba la creación sino que la inhibía. Por supuesto también hubo casos puntuales en los que esto no sucedía; pero me pasó varias veces como editor, el darme cuenta de que la beca era como una especie de prejubilación para algunos.

 

Concluimos la plática hablando de su incursión en el teatro como dramaturgo y de los ensayos de artes plásticas que serán parte de una nueva publicación; su idea es la de redondear los múltiples proyectos que tiene en mente, que son muchos, pero nunca serán suficientes, porque como bien dijo: “La vida es limitada, pero la imaginación no lo es”.

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_282

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