De izquierda. El otro ‘Machete’ [Segunda parte y final]

De izquierda. El otro ‘Machete’ [Segunda parte y final]

La Gualdra 282 / Libros

La democracia —lo dijo José Revueltas (1914-1976) poco antes de su muerte— debe ir sobrepasando continuamente al centralismo.

Y es que, sin importar la coyuntura política en la que se expresara, el autor de Los muros de agua y El apando, Los errores y El luto humano, relacionaba siempre teoría con dialéctica.

Teoría social, a fin de cuentas.

“No podemos establecer una sociedad centralista ni dictatorial, sino tenemos que establecer una sociedad que vaya aniquilando, amenguando y haciendo desaparecer continuamente el centralismo para que predomine la democracia […].

No solamente democracia numérica, democracia aritmética, sino democracia cognoscitiva, al modo en que opera en la ciencia. Uno no puede votar en una investigación respecto a la naturaleza de un bacilo. Porque el bacilo está ahí, y hay que aplicarle determinados reactivos para saber su consistencia y estructura y no por votación”.

En vísperas de tiempos de definición para las principales fuerzas políticas del país, en especial para las llamadas de izquierda, cualquiera espera espacios de balances, críticas y, por supuesto, autocríticas. A lo que contribuyen los recientemente aparecidos La izquierda mexicana del siglo XX, Libro 2, Movimientos sociales (referido la semana pasada) y la versión facsimilar de la revista El Machete (ahora revisitada) y que en 1980-81 dirigiera Roger Bartra.

 

Miscelánea analítica

Ideología, política, historia, religión, socialismo, literatura, arte, sexualidad, feminismo, aborto, drogas, academia, espectáculo…, ¿qué tema pudo haber quedado fuera de las páginas de esta singular publicación, El Machete, que con el añadido titular de “revista de cultura política” publicó hace más de tres décadas sólo quince números mensuales?

Su edición facsimilar nos da la respuesta.

Casi ninguno a la sazón de un país que avanzaba en su democratización, vía la normalidad de un sistema partidista y electoral, y que tomó por sorpresa a muchos. Especialmente a algunos sectores de las llamadas fuerzas de izquierda, casi tan longevas como el mismo Estado surgido de la Revolución Mexicana, que tuvieron que enfrentar el dilema de su obligada renovación.

A eso debió responder el que fuera el principal dirigente de la izquierda mexicana, Arnoldo Martínez Verdugo (1925-2013), quien al tiempo que incorporaba al Partido Comunista Mexicano al nuevo sistema (organización semiclandestina hasta la fecha) tenía el reto de romper con una reacia ortodoxia —teórica y práctica— desarrollada a lo largo de los años.

Retos que se hicieron ineludibles cuando en otras partes del mundo comenzaron a reconocerse desviaciones, excesos y errores.

Errores, por cierto, señalados con anterioridad por el propio Revueltas.

Recién legalizado el PCM, desde su dirección se le pidió a Bartra (desde entonces un académico universitario de gran prestigio e integrante de la organización) la publicación de una revista que expresara las necesidades desprendidas “de la coyuntura política, con el objetivo preciso de hacer avanzar las posiciones de la democracia y el socialismo en México”. El resultado, ahora al alcance de nuevos lectores, rebasó con mucho el encargo al grado que fue también motivo de divisiones internas, características de la izquierda mexicana, motivo principal de su final.

Si bien publicitada como una revista “propiedad del PCM”, El Machete tuvo una gran libertad y apertura.

Lo demuestra el listado de colaboradores y temas que incluye en esta nueva versión, coordinada por Luciano Concheiro y editada por Gerardo Villadelángel. Práctica a la que se impuso otra práctica, como advierte Concheiro. “Su eclecticismo y su alejamiento del sectarismo de la izquierda mexicana de raigambre comunista generaron rechazo”.

Sostenida con un diseño innovador, acorde con la diversidad de temas desplegados, la revista fue, como lo observa en la distancia su entonces director: “el reflejo de una tradición de izquierda comunista a nuevas formas de actuación política” y “fue también fruto de la decadencia de una vieja tradición radical que ya había caducado”.

Casi un experimento armado de antisolemnidad, de “una extraña y sorpresiva serie de paradojas, coincidencias y azares”, subraya Bartra.

Aunque se sepa que “el azar —precisa el autor de La jaula de la melancolía—suele reflejar el contexto histórico, y que las cosas nos parecen azarosas porque no entendemos las afinidades electivas que las conectan entre sí y con el ambiente que nos rodea”.

Con textos de apertura de Concheiro, Bartra, Carlos Illades y Christopher Domínguez Michael, la versión facsimilar de El Machete (que tuvo tirajes mensuales de 20 mil ejemplares) da cuenta de “paradojas y azares”, pero también de la permanencia de temas que en su tiempo sólo podían tener cabida en un espacio así.

(¿Otra paradoja? El Machete tuvo el mismo nombre que el periódico de los comunistas de los años 20: tiempos de persecución y dogma).

 

“Nacionalismo

El nuevo gobierno de Estados Unidos va levantar en México otra ola de nacionalismo. Ese nacionalismo va a movilizar enormes fuerzas populares. Las contradicciones que encierre no impedirán su carácter masivo y casi universal. El triunfo del señor Reagan representa el de los monopolios más agresivos, el de las organizaciones más jingoístas e intervencionistas de Estados Unidos. Su gobierno sube con el respaldo de una parte importante de la opinión pública a la que el gran aparato propagandístico logró exacerbar en sus temores frente a la crisis y en sus ímpetus revanchistas de gran potencia”.

Pablo González Casanova, La izquierda en los años 80, una lucha distinta (fragmento), El Machete, número 10, febrero 1981.

 

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El Machete (edición facsimilar), FCE, México, 2017, 1036 pp.

* [email protected]

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_282

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