Discutamos la Constitución (última parte)

Discutamos la Constitución  (última parte)

Finalmente, no se trata de suponer que la Constitución, como cuerpo normativo es perfecta. Es perfectible en muchos sentidos, especialmente en lo que deriva de su estructura. No me parece que el hecho de que acumule reformas signifique una mala señal, dado el contexto político y democrático cambiante, la profunda transformación del pueblo de México en los últimos cuarenta años y sobre todo, dada una realidad cada vez menos acorde a la que predominó al concluir la Revolución de 1910.

Pero sí hay que atender que hemos hecho de nuestra Carta Magna una Ley de leyes, no en el sentido de superioridad, sino en el que pareciera quiere incluirlas a todas en su texto mismo. Es nuestra Constitución una reglamentaria, lo que le quita comprensión, fuerza y en muchos sentidos, la vuelve más un registro de ánimos políticos y desconfianzas entre partidos y fuerzas ideológicas representadas en el Congreso. La pluralidad democrática se ha vuelto prevención textual en la Carta Magna. En este sentido cabe hablar del proyecto realizado en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, en el que se pretende un reordenamiento de la Constitución, partiendo de la lógica de que al tratarse de un texto constitucional, debe enunciar principios y no pormenores operativos. Así mismo, al proponer a la par una Ley de Desarrollo Constitucional, que contenga estos últimos, se permite la tranquilidad de las fuerzas, que logrando coalición, prefieren ser precavidos y prever que sea una coalición similar la que permita la reforma de los procedimientos y acuerdos que den vigencia a los principios pactados.

Otra reforma cada vez más urgente, es el que permitiría a la Suprema Corte de Justicia un control previo de constitucionalidad, cuando menos en materia de derechos humanos. Esto permitiría que los legisladores respetaran a la Constitución, y en particular al artículo primero, al momento de hacer reformas que versen sobre derechos fundamentales, y a su vez, con ello, que evitemos plantear contradicciones y retrocesos en un avance tan importante y cuya permanencia es sinónimo de la propia seguridad de todos.

También hay que avanzar en torno a la naturaleza de Tribunal Constitucional de la Suprema Corte, a la que debemos apartar de la cotidianeidad jurídica en cuanto a resolver asuntos menores y permitirle que a través de su facultad de atracción se haga cargo solo de lo trascendente, dándole visibilidad, sustancia jurídica y fortaleza argumentativa, así como transparencia y difusión a sentencias del interés público y cuya aplicación tendrá repercusiones considerables en el ámbito legal de todos los mexicanos.

Otro aspecto, que seguro causará controversia, es el de los organismos públicos autónomos. Aunque su naturaleza es saludable para el efectivo control del poder y equilibrio en la órbita de los poderes de la unión, es de suma importancia que la coordinación entre éstos esté prevista desde el principio, y que incluso, sean menos. Ejemplo: hoy las Comisiones de Derechos Humanos, que tienen un papel de presión política y mediática, más que de efectiva tutela de las garantías para los derechos fundamentales, está desvinculada de los Institutos de Transparencia, que vigilan el cumplimiento de otro derecho humano (el de derecho de acceso a la información), y éstos a su vez de la evaluación de políticas públicas. Sería importante que en un futuro cercano pudiéramos apostar más por las defensorías públicas, con un presupuesto mayor, autonomía cierta frente al poder y las fiscalías y por Institutos de Rendición de Cuentas, que más allá de la transparencia, también puedan hacer evaluaciones consistentes y precisas sobre resultados de política pública, impactos e idoneidad de la planeación, no solo en el Ejecutivo, también en el resto de los poderes y organismos autónomos (incluidas universidades).

Claro está que estos son apenas algunos apuntes para deliberar en torno a la Constitución, una Carta Magna que al cumplir cien años, merece que la conozcamos y que hagamos un esfuerzo conjunto, cultural y consciente de darle cumplimiento, valga la redundancia. ■

@CarlosETorres_

www.deliberemos.blogspot.mx

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