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El viernes 17 de febrero de 2017 aparece una nota en El Universal titulada: “Detectan simulación de servicios en 4 universidades”. El punto de la nota es que en esas cuatro universidades se ideó un esquema para allegarse recursos federales y ejercerlos subcontratando servicios que, en principio, iban a ser dados por personal de esas universidades. La Auditoría Superior de la Federación (ASF) denominó a este esquema “simulación” de servicios. Ahora bien, los detalles de esos movimientos, así como la demostración que operaron “empresas fantasmas”, había aparecido ya en La Jornada Zacatecas el 15 de febrero del presente año. Amén de que la Contraloría de la UAZ parece estar involucrada, la pieza clave en todo el entramado resulta ser Edmundo Guerrero Sifuntes, director de la Unidad de Contaduría durante la administración de Silva Cháirez y actual secretario administrativo de la UAZ con el Rector Antonio Guzmán Fernández. Por lo que se aprecia, Silva Cháirez no sólo heredó la ausencia de proyecto académico a su sucesor, sino también los “negocios”. En su columna en “Imagen” del domingo 19 de febrero del año que corre, Gabriel Reynoso escribió sobre Guerrero Sifuentes: “…aparece como presunto autor intelectual y material de una colección de transas muy bien estudiadas”. Si los que esto escriben comprendieron bien las declaraciones de Guerrero Sifuentes, las empresas en las que se compraron los insumos fueron elegidas mediante una licitación, proceso que vigila la Contraloría interna de la UAZ. Sin embargo, el coordinador de Fiscalización de la UAZ, Ramón Pasillas Sotelo, aduce que el responsable de invitar a las empresas participantes en la licitación es quien ejercerá los recursos, i.e., Edmundo Guerrero Sifuentes. En otras palabras: los responsables de la aparición de empresas fantasma son tan evanescentes como ellas. Por supuesto, el Rector Guzmán Fernández aseguró que se investigará (La Jornada Zacatecas, 16/feb/17). Aunque aún se están esperando los resultados de una investigación y denuncia que pondría contra Domínguez Garay por utilizar mal las cuotas de seguridad social. Si sigue el patrón que ya se le conoce, resultará que esa investigación de su aliado Guerrero Sifuentes se volverá tan espectral como la que realizó de su también aliado Domínguez Garay. Quizá no sea gratuito entonces que, ante la actuación de Guzmán, apenas 48.6%  de los universitarios que contestaron una encuesta que él mandó realizar -en la que incluyó a los candidatos al Spauaz de su grupo político- considera que ha hecho lo que se esperaba de él, mientras que un 33.7% manifestó su frustración hacia la actuación que ha tenido como rector (El Sol de Zacatecas, 19/feb/17). Si notamos que la diferencia porcentual entre los conformes y los que no es de 14.9% y añadimos a esto que la diferencia que definió que no hubiera huelga en la UAZ fue de 219 votos, que representa una diferencia porcentual de 12.22%, podemos notar que entre el tiempo de aplicación de la encuesta y el momento de definición de la huelga hay una diferencia en estos porcentajes de 2.7%, lo que nos permite asegurar que, dentro de los límites de error de 1%, hubo un ligero crecimiento de la inconformidad hacia el rectorado de Guzmán. Y eso que, como ningún rector antes que él, realizó una prolongada gira por la universidad promoviendo, personalmente ante los docentes, la opción por el “no” a la huelga, y contó con la soterrada ayuda del comité ejecutivo del SPauaz, que entre otras cosas, difundió información demostrablemente falsa. Si lo vemos desde el “ensamblaje” de las relaciones sociales en la universidad, al nivel de los grupos políticos, es claro que el Grupo Universidad se movilizó in toto para vindicar las órdenes de gobierno del estado. No había contraparte organizada para oponerse a está directiva centralmente dirigida desde el comité ejecutivo del Spauaz y la Rectoría. Los docentes estaban a merced de la estructura burocrática de dominación. Y con ellos todos los grupos minoritarios, que debido a que carecen de organización centralizada resultan poco capaces de enfrentarse a esa “maquinaría” de la demagogia y la desinformación. Con todo, el descontento hacia el Grupo Universidad se hizo sentir, y no hay alguien que pueda decir que dirige o agrupa a esos 785 votos en contra de las políticas ineptas, la corrupción descarada y la frivolidad unánime del grupo que en estos momentos cree controlar la universidad. Lo diremos de la siguiente manera: la amplia heterogeneidad de los grupos minoritarios, y de los universitarios descontentos, encontró un  momento de convergencia ante la catástrofe de la que no nos quieren dejar salir y de la que nos quieren hacer responsables quienes la perpetraron. Es claro cuál es el siguiente paso del Grupo Universidad: por cualquier medio reprimir a los docentes inconformes, porque para comprarlos ya no tiene dinero, apostarle a mantenerlos en la desorganización y fomentar su división mediante la proliferación de candidatos al Spauaz. No le queda de otra y quizá nunca, como ahora, la represión, la clausura de derechos y las amenazas circularán por la Universidad. Queda a los universitarios preparar la elección del Spauaz, en la que el Rector tendrá un candidato y hará campaña abierta por él. ■

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