¿Se puede trabajar diferente?

¿Se puede trabajar diferente?
Por lo menos en el modo de comportarse y conducirse, el gobernador Alejandro Tello sí está haciendo las cosas diferentes, señala el colaborador ■ foto: LA JORNADA ZACATECAS

El nuevo gobierno encabezado por el contador Alejandro Tello utiliza el lema “Trabajemos diferente”, tal vez buscando distanciarse de la administración anterior, que dejó al Estado sumido en una crisis económica, social  y de seguridad muy profunda, con obras inconclusas y una ciudadanía cada vez menos dispuesta a seguir aguantando semejantes atropellos y abusos de aquellos que, una vez llegados al poder, olvidan los bellos discursos pronunciados en campaña.

Supongamos que en un esfuerzo profundo se le otorga al gobernador un voto de confianza y el beneficio de la duda, ¿se puede trabajar diferente? ¿Es posible, de verdad, administrar un Estado de un modo distinto, conducirlo hacia un futuro más próspero y pacífico para todos, con oportunidades para los jóvenes, con un clima de paz que permita al pequeño y mediano emprendedor conducir sus negocios, generar empleos y buscar el sustento de su familia, sin el miedo constante de ser extorsionado o secuestrado? ¿Ese lema es realmente posible o se trata sólo de una frase demagógica, de una frase hueca y sin contenido real? ¿Expresa, de verdad, el deseo de nuestro gobernador y su equipo por hacer las cosas diferentes o es el simple requisito de toda nueva administración?

Una cosa es cierta, por lo menos en el modo de comportarse y conducirse sí está haciendo las cosas diferentes, resulta reconfortante verlo conducir su propio vehículo, sin esas ínfulas de grandeza, sin vehículos de lujo y rodeado de seguridad, por lo menos en eso sí merece ser reconocido, se agradece el que se conduzca con sencillez, que no pretenda sentirse superior a aquellos a los que sirve, que no olvide que somos un Estado pobre y que resulta insultante que los gobernantes se comporten como “estrellitas” de cine.

Por desgracia, las políticas sociales de los últimos 50 años son eminentemente asistencialistas y clientelares, alimentan la pobreza y crean la ilusión de que se está trabajando por el pueblo. Todo lo cual ha generado una relación de dependencia respecto al gobierno, existe la sensación de que el gobernante en turno debe solucionar todos los problemas, de que es su responsabilidad nuestro progreso y prosperidad. Tenemos una mentalidad mediocre que no nos permite relacionarnos con nuestros gobiernos de forma directa y madura, exigiéndoles que administren con honestidad y justicia los recursos que son de todos, nos resulta más fácil estirar la mano y esperar que nos llegue la ayuda, que nos apliquen el descuento, que se nos elija beneficiaros de sus programas sociales.

Es imposible trabajar diferente cuando el mismo sistema ha creado círculos viciosos de corrupción e impunidad en todos los niveles, cuando la política ha fomentado sistemas de compadrazgo que inflan las nóminas y hacen insostenible el trabajo de cada dependencia, de cada secretaría, de cada institución; resulta muy difícil aplicar una política diferente cuando nadie está dispuesto a trabajar diferente, no es posible romper estos círculo de vicio con buenas intenciones. Si el gobierno quiere trabajar diferente hemos de estar dispuestos a trabajar todos diferente: los otros poderes del Estado, los gremios y sindicatos, la Universidad, los burócratas, las asociaciones, los ciudadanos.

Es una vergüenza que nuestra Máxima Casa de Estudios, nuestra Universidad, se haya convertido en un pozo sin fondo, cada año es la misma historia, no hay presupuesto que alcance, los paros y huelgas son el pan de cada día. Con gusto he pagado mis impuestos de refrendo del vehículo, sé que al hacerlo un porcentaje va a la Universidad, pero se experimenta coraje e impotencia al ver como la universidad es presa de grupos de poder, que con tal de no perder sus privilegios, son capaces de sacrificar lo más valioso que esta institución tiene: sus alumnos.

Resulta cuestionante ver a grupos de mineros increpando al gobernador, insultándolo e impidiendo que hable, es indignante saber que son manipulados por sus líderes, que se resisten a pagar impuestos que son justos y están en proporción a las ganancias que año con año obtienen. Y pudiéramos seguir. El punto es que trabajar diferente ha de ser un compromiso de todos, de los de arriba y de los de abajo, de los patrones y de los empleados, de los líderes y de los agremiados, sólo así será posible romper los círculos de corrupción e impunidad que frenan el desarrollo de nuestro querido estado. ■

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