Descontento y las nuevas rutas de conducción universitaria

Descontento y las nuevas rutas de conducción universitaria

Después de un proceso de negociación con poca participación de los profesores, se esperaba un flujo bajo de votación, y sin embargo no fue así. Si mil 800 docentes asistieron a las urnas y (en números redondos) mil sufragaron por el No a la huelga y el resto (casi) 800 dijeron Sí a la huelga, el nivel de inconformidad o desaprobación están en niveles parecidos al último año de la anterior administración. Llama la atención que en los discursos de algunos promotores de la huelga se perciben inconformidades ajenas a la negociación gremial, lo que significa que la explicación del alto número votante por la posibilidad de huelga ha sido la forma de manejar la administración universitaria en los asuntos cotidianos. Aparentemente, la mitad de los profesores cree que la institución no está siendo bien conducida. Así las cosas, la rectoría tiene la obligación de hacer una evaluación de su actuación y ver qué cambios se pueden implementar para mejorar la unidad o cohesión interna de la institución. Con este proceso y números del plebiscito, se ha puesto de manifiesto la división o fractura interna.

Ante la situación de emergencia financiera, la UAZ no debe estar fracturada. Y, por tanto, lo que es claro es que la rectoría no puede seguir conduciéndose como hasta ahora lo ha hecho: con decisiones unilaterales, postergando la reforma universitaria y desentendiéndose de la construcción de puentes con la sociedad del estado. Sea cual sea la propuesta para solucionar la crisis de la máxima casa de estudios, el respaldo social es esencial. En suma, un cambio en el estilo y forma de conducción es vital. Reestablecer la confianza entre los universitarios será posible si los diferentes sectores de la misma tienen garantías de lo más importante de sus intereses académicos y laborales.

No es fácil cohesionar a un institución con diferentes ‘clases sociales’ al interior de la misma. Algunos profesores jóvenes creen que los jubilados o en vías de serlo, se llevan casi el 40 por ciento del gasto, mientras que ellos realizan el grueso del trabajo de docencia e investigación y sus ingresos son precarios, además de tener un plan desahuciado de jubilación. ¿Podrán los universitarios discutir serenamente sus diferencias? Lo primero es garantizar la seguridad en el empleo a los profesores por contrato, y crear planes de mejora de la calidad de vida de los mismos. De esta manera pueden pensar en unidad y cohesión. Junto a todo ello, está el manejo de los recursos: si la UAZ no se convierte en una vitrina no habrá confianza, ya que toda medida que implique cierto sacrificio es rechazada si hay la sospecha (o certeza) de manejos irregulares de los insuficientes recursos universitarios. Lo cierto es que arranca una carrera de aquí a junio para conseguir la estabilidad de la Universidad y la obligación mayor es para quien conduce la administración. Hacemos votos para que evalúen, corrijan y mejoren.

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