Amor y odio en el Día de San Valentín

Amor y odio en el Día de San Valentín

Posterior a los festejos del Día de San Valentín, lamento que el amor y la amistad se encuentren en peligro de extinción, ya que no pocos, prefieren no involucrarse sentimentalmente ni responder con lealtad a los ofrecimientos de amistad. Las personas cambian, sus intereses individuales y el ambiente que los rodea los hacen modificar la mística y el aura que una vez fueron la motivación para amar o hermanarse, entonces, ni el amor ni la amistad son eternos, más bien, se trata de circunstancias y momentos que al cabo de algún tiempo, devienen en indiferencia y antipatía, de ahí que el amor y el odio tengan un mismo origen, siendo cuestión de tiempo para que florezcan uno y o el otro. Entre la pareja, la sociedad ha diseñado un escabroso modelo de conveniencias y vicisitudes que recaen en el matrimonio, algunos ven a esta figura como mecanismo de castigo, los más, opinan que es mejor disfrutar la vida antes de casarse y tener responsabilidades, peor aún, nos han enseñado a depender del otro para ser felices; sorprendentemente depositamos el derecho de nuestra felicidad en otra persona y esta última, suele en algunos casos, aprovechar esta condición para manejar al otro a su antojo. Creo necesario detenernos a reflexionar en lo que realmente es el amor y la amistad.

El otro día preguntaba a mis alumnos y alumnas: ¿Qué es el amor? ¿Para qué nos sirve amar a alguien? ¿Quién con una mediana inteligencia considera que existe la media naranja? Como todos sabemos, a veces entre hermanos tenemos conflictos y diferencias —conocí a unos que tardaban años en volverse a hablar ante alguna discrepancia, otros más por las herencias, terminaron odiándose— aunque nacemos de la misma madre y hemos sido engendrados por el mismo padre; muchos ilusos emprenden la búsqueda de la pareja perfecta cuando muy difícilmente la encontraran, ya que aquellos que hemos elegido para compartir nuestras vidas, provienen de una genética distinta, de modos de ser diferentes, de padres que a su vez, tienen estilos de vida complejos o muy alejados de lo que en su momento, formó parte de la educación que recibimos en nuestra familia materna. Creo firmemente que hemos perdido la brújula de identidad en cuanto al amor y la amistad; no son pocos los casos que conozco de cerca en donde la pareja del otro pretende apropiarse de la vida y destino del cónyuge, lo aleja de su familia, de amigos, compadres y de sus relaciones laborales; ya estando aislado, la apropiación se convierte en maltrato, agresión y control absoluto, generando el nacimiento del odio ya que algunos ven en su pareja, al más férreo enemigo; visto así, el amor se convierte también, en una relación de poder entre las personas al igual que el sexo y la amistad.

En esta sociedad hipócrita, algunas parejas que llevan años de relación (bodas de plata, de oro y de diamante) permanecen juntos porque ya no les queda de otra, pues la costumbre y la dependencia, los hace quedarse a competir para ver quien tiene más enfermedades o achaques; sin duda existen excepciones a todo lo anterior, ojalá que de éstas, hablen otros, porque lo que intento con estas líneas es hacer una crítica al amor y a la amistad aunque yo mismo estoy enamorado y tengo todavía algunos amigos, si bien es cierto, varios de ellos han dejado de tener las cualidades necesarias para poder considerarlos mis “amigos” pues las personas cambian, traicionan y se convierten en personajes no dignos de dicho sentimiento. Así las cosas, le pregunto: ¿Cuántas amistades y amores que creía bien cimentadas ha perdido? Peor aún, cómo hemos malbaratado la amistad que nos han brindado y cuantas veces desperdiciamos el amor que nos han ofrecido. También es lamentable el hecho de que entre padres e hijos y hermanos, exista el odio generado por el interés, el chisme, la ambición y el rencor. Pese a todo, ojalá Usted busque a las amistades olvidadas y a sus parientes odiados, no espere estar en la antesala de la muerte para pedir y recibir perdón pues son muchos los que ni siquiera han tenido la oportunidad de despedirse. Hoy es el día, no se espere al próximo Día de San Valentín para reconocer a ese buen amor o al verdadero amigo que aún se sostiene, porque definitivamente, en un futuro corremos el riesgo de tener más odio e indiferencia motivados por la pérdida de valores y el desafortunado cambio de las personas. ■

*Representante de Zacatecas ante el

Consejo Consultivo Nacional para el Desarrollo Sustentable

 

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