SPAUAZ: dos reflexiones en torno a la decisión de la huelga

SPAUAZ: dos reflexiones en torno  a la decisión de la huelga

UNO

Desde hace un par de años hemos insistido en cambiar la fecha de revisión de las violaciones al contrato y, con ello, la fecha para el emplazamiento a huelga de la UAZ. La razón es que en febrero es muy difícil arrancar ampliación de presupuesto aun por las vía de recursos extraordinarios, y en la situación actual, más aún. Propusimos que la fecha para revisión fuera en septiembre-octubre para empatar el emplazamiento con la entrega y aprobación del presupuesto de egresos de la federación en la cámara de diputados. Así las cosas, en ese contexto hay posibilidades de que acciones de presión como un movimiento de huelga tenga efectos en la distribución presupuestal. Es decir, habría un amplio margen de maniobra para conseguir los recursos que se necesitan para salir el año. A estas alturas pensar en ampliaciones presupuestales es muy difícil con un movimiento de huelga, que por su naturaleza se apuesta al éxito en un plazo definido que no pasa de un mes. ¿Podríamos conseguir 609 millones en un movimiento de huelga en las condiciones actuales? Cuando la institución no tiene el modelo académico alternativo y la solvencia de limpieza administrativa que le genere cierto poder de gestión, además de la fuerza política (a partir del respaldo social) para enfrentar un proceso de gestión en la Secretaría de Hacienda. No veo cómo. Lo que sí se puede (y debe) hacer es un Plan Estratégico de Gestión de ahora mismo a mayo próximo, que incluya ordenamiento administrativo interno, la reestructuración académica (lo cual dará legitimidad en la petición de más recursos), y además, la acción coordinada con el sistema de universidades estatales en metas comunes, y una propuesta a Gobierno Federal de cómo se puede construir una bolsa para salvar la situación financiera de las universidades. Sin elementos como estos, el aislamiento de la UAZ la hará impotente para pensar en solucionar sus problemas estructurales, que ya ahogan el funcionamiento ordinario de la institución.

Así las cosas, de la presente negociación puede salir una serie de compromisos puntuales para asegurarnos que la rectoría cuente con el dicho Plan Estratégico de Gestión (PEG), el cual ahora mismo está ausente. Y en ese PEG debe contemplarse el estímulo a la participación de los profesores universitarios que ahora se ven ausentes y desinteresados. Las asambleas generales de 60 profesores son expresión de esto último. Falta pensamiento estratégico tanto de la rectoría como de la dirigencia sindical. Ambos cultivan el inercial ‘arte de salir del paso’. Así no se puede conducir a una institución con problemas tan complejos como la UAZ.

DOS

Sin embargo, la promoción de la huelga por múltiples colectivos de profesores y grupos políticos se debe a un malestar por la forma de conducción. Las decisiones estratégicas no han sido consensadas antes de llevarlas a cabo, ni al colectivo de directores se ha tomado en cuenta debidamente, las afectaciones a los tiempos determinados y a ciertos programas académicos se han experimentado como decisiones arbitrarias porque no se han exhibido los criterios con anticipación, y los órganos de gobierno como el Consejo Universitario continúa entumecido, ya que se toman decisiones puntuales y rápido, pero no se da tiempo para la discusión a fondo de los problemas. Las discusiones se hacen ‘económicas’ y no se da espacio a la deliberación amplia y reflexiva. En suma, los órganos para desahogar los malestares y consensar medidas para la acción están enfriadas, tanto las instancias institucionales como las políticas. El rector y sus operadores deben reunirse con actores políticos y académicos para construir acuerdos de conducción, y no sólo estar apagando fuegos por falta de esto último. Por ello, se toma la posibilidad de la huelga para manifestar un malestar que es ajeno a los cálculos del éxito efectivo de la gestión financiera.

Una huelga para obligar al rector a resolver estos motivos de malestar es una mala idea. Pero las propias autoridades dan pie a eso. Si el rector abriese las vías de la deliberación para resolver los mencionados motivos, puede evitar que muchos profesores voten por una huelga alejados de un cálculo apropiado de la misma y movidos por la irritación. Repito, el rector debe reunirse con los actores políticos y académicos para construir acuerdos en la conducción institucional, y no llevar a la misma a una aventura que puede ser contraproducente en las condiciones actuales. En vez de pensar cómo derrotar continuamente a las expresiones rivales. Este camino no conduce a la edificación de grandes soluciones, sino a la resistencia de los afectados. Los asesores del rector deben entender que es tiempo de Phrónesis (prudencia) aristotélica y no de aprendices a maquiavelos. ■

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