Tortas japonesas

Tortas japonesas

No recuerdo ya dónde leí los infortunios padecidos por México y los más de los mexicanos resultan, según el papa Francisco, una suerte de represalia demoníaca contra el país más amado por la Providencia; predilección patentizada por la cuádruple aparición de la Virgen de Guadalupe al indígena (barbado según los datos de su reciente canonización) Juan Diego Cuauhtlatoatzin, y la impresión de su imagen sobre una prenda del atuendo usado por el mismo.

Desde ese punto de vista, y pasando como por ascuas el descuido estratégico de la referida Providencia, el trayecto histórico de nuestro infortunado país, particularmente a partir de la segunda década del siglo antepasado, adquiere una coherencia sobrecogedora: guerras intestinas e intervenciones extranjeras por más de un siglo; pérdida de la mitad del territorio; sumisión endémica a centros externos de poder; élites excelentes para acaparar riquezas y pésimas para crearlas; y un interminable etcétera.

Y así hasta el momento actual, en que una potencia declinante, dirigida por unos desembozados rufianes, a la que las élites de marras nos entregaran atados de pies y manos; tras recular ante China, Europa y Japón ha decidido seamos nosotros, exclusivamente, quienes paguemos el importe de su disminución.

Así las cosas, si no estamos dispuestos a esperar los milenios que posiblemente lleve a la divinidad tomar nota de los agravios e implementar alguna respuesta estamos obligados a identificar y neutralizar los elementos de que se vale el inicuo para fastidiarnos la vida; entre los que sobresale la impunidad, inaugurada por el fundador de nuestra identidad, don Hernando Cortez, quien habiendo asesinado a su primera esposa resultó absuelto; y continuada, entre otros muchos, por el fundador de nuestra nacionalidad, don Agustín de Iturbide, quien en trance de enjuciamiento por una variedad de crímenes fuera seleccionado por los residuos del absolutismo para consumar nuestra “independencia”; y así hasta llegar a Peña Nieto, quien a fin de preservar para sí los beneficios de tal institución cede a los chantajes de un gángster vulgar; e imposible ignorar los capítulos locales del flagelo en cuestión, que ha disminuido el tesoro púbico al grado de orillar al gobierno a expedir licencias de contaminación, mismas que por cierto se niegan los contaminadores a pagar.

Ahora bien; ignoro, por obvias razones, el talante que habrá de campear en la tardía marcha antiTrump, convocada para dentro de unas horas por una variopinta conjunción de personajes e instituciones; si los evidentes intentos de manipulación no obstante, algún atisbo de conciencia, a propósito de los alcances del vicio en cuestión, se manifiestan con alguna contundencia, estaremos acaso terminando de abonar la contraprestación del magno privilegio aludido en principio.■

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