El amor

El amor

Aguas, ya está encima el asunto este relativo al día de San Valentín. 14 de Febrero. Día del Amor y la Amistad. El día que sale a relucir el melcochazo propio de los iluminados con la ilusión del erotismo compartido. Día de cancioneros y poetas, de las profundas inspiraciones de la pasión. Cuando resuenan por doquier las notas profundas y tonadas melifluas de los boleros, las canciones de Lara, de Cuco, de José Alfredo, de Manzanero, Cantoral, Aute y los modernos románticos como Saúl Hernández, Brunbury, Maluma y hasta el mismísimo Alex Lora con su Canción de Amor. Hay tanto que mencionar para describir cómo se da el cambio conductual de buena parte de nuestra sociedad, especialmente los más jóvenes.

Entonces sale a relucir la literatura más diversa sobre hechos de relaciones entre humanos. Cuando empiezan a aparecer quién sabe cómo, ¡libros!, desde donde sus letras vuelan formando etéreas dimensiones para el abrazo fraterno, el arrumaco platónico, el envolvente abrazo, el beso apasionado, la caricia atrevida y todo lo que la imaginación permita que siga. Cuando entre los dedos de los ávidos lectores aparecen poesías e historias que surcan horizontes que narran las Redondillas de Sor Juana reclamando al sexo opuesto necio que acusáis a la mujer sin razón sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis; el vuelo de las oscuras golondrinas de Gustavo Adolfo o aquel pues bien yo necesito decirte que te quiero de Manuel Acuña, dedicado a la recatada señorita Rosario; o la súplica de todas las lágrimas del mar que Ramoncito le pedía a su amada Fuensanta, hazme llorar; se escuchará a Sabines murmurarle a su musa que he aquí que tú estás sola y yo estoy solo y me dueles; a Enriqueta Ochoa saltando como leona furiosa reclamando a su hombre que Sin ti, No, no vaya ser que Dios se descuide; o el inigualable fragmento trazado en Rayuela por Cortazar para que Oliveira le enseñe a Maga como pinto tu boca; el Romancero Gitano del inigualable Federico García Lorca con el improbable amor del verde que te quiero verde o el desenfrenado amor de penumbra con La Casada Infiel y tantos otros amores incontenidos; los insustituibles poemas quince y veinte de los Veinte Poemas de Amor y Una Canción Desesperada de Neruda alabando el silencio amado de la amada porque estás como ausente y los versos más tristes que puedo escribir esta noche; otros extremos, como los mismísimos infortunios de la virtud de Justine bajo la narrativa implacable de Monsieur De Sade…; en fin, ¿cómo pueden caber tantos argumentos literarios en un solo ensayo sobre los límites infinitos del amor?

De la amistad, se puede decir que es un hermoso remanso afectivo que todos aquellos que tienen la fortuna de tenerla dándola o recibiendo, siempre será maravilloso contar con alguien que respalde a una persona en sus mejores y peores momentos sin importar las consecuencias.

Resumiendo, pareciera que una buena música y una mejor poesía serían los vehículos necesarios para llegar hasta donde la prudencia y el recato permitan, eso lo decide la visión de estos tiempos que se denominan postmodernos, donde los seres humanos reclaman la libertad para ejercer su libre albedrío sobre todo en lo que concierne al ejercicio de la sexualidad; ejercida a través de un amplio abanico de manifestaciones que dependen básicamente de la educación que se reciba o no dentro de los límites de la educación familiar, por una parte, la instrucción y orientación que se recibe en las escuelas y por último el bombardeo de información que se maneja en las diferentes formas de manifestación en las redes sociales. Los límites que se observen dependen del buen manejo que cada persona haga de este equilibrio entre lo permisible, lo permitido y lo ejercido.

Se podría decir que dentro de un esquema de austeridad, lo anterior, aderezado de algunos rituales que tienen que ver con el escarceo sexual, conducirián a las mieles doradas del romanticismo erótico. Pero…

Vuelve a manejarse el mismo reclamo y las mismas preguntas de extrañeza: El reclamo consiste en que el amor y la amistad son manifestaciones afectivas y emotivas que deben estar a flor de piel todos los días del año, hacerlo un día en especial, significa restarles importancia al resto; esto le aporta oquedad al sentimiento. Y lo materializa. Y en la materialización se rompen los esquemas: el amor hay que expresarlo con uno o varios presentes, como para que se vea que el amor vale. Y esta gama de demostraciones parten desde la tarjetita y la flor hasta barbaridades como peluches gigantescos, globos de colores chillones, chocolates, dulces, bisuterías, chinada y demás ocurrencias que el amor amoroso de tantas parejas pares tenga a bien intercambiar antes de volver a lo básico y más trascendental: un abrazo y un beso. Lo demás es lo demás y lo demás es lo de menos. Y lo que no se puede decir habrá que ponerle puntitos (……..) por si hay censura. Al final de cualquier episodio, siempre se terminará con las manitas sudadas y el amor henchido.

Lo que atormenta a esta crónica es que la mayoría de los amantes andarán medio pránganas el resto del mes y ¿Quién se va a encargar de recoger tanta basura que generan los regalitos? ■

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